Ariel Avilés Marín
El teatro, siempre el teatro, pasión que nos convoca, que levanta entusiasmo, que reúne gente, que anima a compartir. El teatro cubano que, como toda la cultura de la mayor de las Antillas, tiene tanto en común con nosotros, fue la chispa bajo la lluvia que reunió a un grupo de teatreros para disfrutar de una húmeda y a la vez cálida tarde, con el tema que es la pasión común de esta comunidad: El teatro. Y una voz autorizada, enterada, fluida, fue la que nos llevó a un ameno viaje al pasado reciente de Cuba, para recorrer el movimiento teatral de la isla, desde la década de los 50 del siglo pasado, hasta nuestros días.
Mayté Hernández Lorenzo se reivindica como cronista teatral. “Crítica, no soy, no me considero, no me gusta”, aclara. Digna representante de una institución cultural de la más alta importancia en Nuestra América, la Casa las Américas, dirigida hasta el pasado sábado por Roberto Fernández Retamar, como ella misma puntualizó. Inicia su charla agradeciendo a “El Teatrito” y al “Casal Catalá” por los esfuerzos conjuntos para hacer posible esta actividad. Hemos de subrayar que El Teatrito cumple veinte fructíferos años de actividad incesante, permanente, terca, diríamos; y que esto se debe al empeño incansable de Ricardo y Amanda, de su fe inquebrantable en el teatro. ¡Aplauso de pie para ellos!
La charla de Mayté, se puede dividir en tres instancias: Los maestros del teatro cubano, los discípulos y, finalmente, los novísimos. Cada período con sus características y circunstancias perfectamente definidas. La amena charla, nos va conduciendo por una línea del tiempo en la que va apareciendo la circunstancia propia de cada momento, y cómo se ve reflejada ésta en el producto teatral. Cada período es, y es como es, por su circunstancia.
Mayté nos señala como Los Maestros, a Raquel y Vicente Revueltas, Flora Lauten y Roberto Blanco. Esta generación se ubica aún en el escenario de la dictadura de Batista, están activos desde la década de los 40’s, son de filiación de izquierda y desarrollan una amplia actividad de resistencia a la feroz dictadura. Se agrupan bajo el membrete de Sociedad Nuestro Tiempo. La puesta en escena, en el Teatro Prometeo de Francisco Marín, de “Electra” de Virgilio Piñeira, da inicio al teatro moderno en Cuba. Al triunfo de la Revolución Cubana, soplan otros aires; se inician actividades como los Lunes de Revolución, surge la revista Orígenes y se va buscando un teatro de arte y no con sentido comercial, y con profundo sentido social. Ellos dan a conocer en Cuba a Bertolt Brecht, y se proponen la creación de un nuevo público.
Con la Revolución, viene la institucionalización de la cultura, se funda la Casa las Américas y las escuelas de arte, es una verdadera revolución cultural la de los años 60’s. En este contexto transcurre la labor de los maestros del teatro cubano. Un suceso que marca precedente, es el montaje de Flora Lauten de La Noche de los Asesinos, en el Teatro Buendía, y que ha llevado un año entero (1967-1968) de experimentos de técnica corporal. En 1976, se establece el teatro como carrera universitaria; en 1986, se solidifica el aprendizaje.
Muy pronto, los grupos de teatro de esa época van sintiendo que la sala no es suficiente, y marchan a trabajar en medio de la vegetación, en un contexto que se recuperaba de una tragedia civil: la lucha para combatir a la facción contrarrevolucionaria y que tantas vidas había costado. En este contexto, los grupos van entrando a la creación colectiva. Surge el Teatro Escambray de Roberto Blanco, que irrumpe con grandes escenarios, actuaciones ampulosas. Surge “María Antonia”, que es el señalamiento contra la marginalidad a la mujer y la segregación racial.
Vienen los discípulos en las personas de Nelda Castillo y Carlos Celdrán, este último discípulo de Flora Lauten. Las características torales de este grupo son, el uso de un lenguaje diferente, otro tipo de narrativa y retratar la identidad cubana plenamente. Nelda encabeza el grupo Ciervo Encantado; por su parte, Carlos forma Argos Teatro. Se ha de destacar también, la cercanía de esta generación a figuras como Severo Sarduy y Virgilio Piñeira.
Carlos Celdrán puede ser señalado, sin duda alguna, como una de las figuras más destacadas del teatro actual. Busca en sus creaciones una escena transparente, con los colores de la Cuba de hoy, que reflejan la realidad actual cubana. Surge Raúl Martín, con el grupo Teatro de la Luna, éste es discípulo de Roberto Blanco. Su camino lo lleva a una mirada con una cultura multinacional y a retomar la música en vivo.
Otra importante figura es Carlos Díaz, también discípulo de Blanco. Originario del municipio de La Habana, Bejucal. En esta localidad, existe una profunda tradición llamada Las Charangas, que son verdaderos carnavales, con carros alegóricos; esta herencia cultural se ve reflejada en su teatro. Tiene también una profunda preocupación social y es el primero en tocar un tema un tanto polémico y delicado: el travestismo. Su trabajo lo desarrolla con jóvenes en su mayoría.
Nos señala Mayté, una importante puesta de Carlos Celdrán, con Argos Teatro: Diez Millones. Esta es una obra de auto ficción, en la que retrata su propia juventud y su formación; el contexto de la obra es la famosa zafra de los diez millones, que no se alcanza y es un doloroso fracaso de la Revolución Cubana. Su madre es una entrañable dirigente revolucionaria, y por su actividad social, desatiende al hijo. El padre, es anti revolucionario y termina saliendo de Cuba por Mariel. Está ubicada en el proceso conocido como la búsqueda del hombre nuevo. Hay que agregar el factor de que Carlos es homosexual, y lo es en un período de segregación; todo esto hace de Diez Millones, un hito teatral de su época. Otra importante puesta es Misterio de estas Pequeñas Piezas, que incluye diálogos con Revueltas y Flora, y es una visión de el hubiera, desde el yo. Carlos es el primer cubano en redactar el mensaje por el Día del Teatro a nivel internacional. En este teatro de la década de los 80, incide también la muerte de la primera víctima del SIDA en Cuba.
Carlos Díaz, con el concurso de Rogerio Elizondo, impulsa el Teatro El Público, en el que se da un giro a la dramaturgia con el uso de una prosa procaz y desplegando un novedoso movimiento de los personajes. Antígona, presenta a la juventud frente a la historia contemporánea de Cuba, en la que, a los héroes de mármol, se les ha bajado de sus pedestales, se cuestiona en Los Pioneros, una homogeneidad que no corresponde a la realidad.
Nelda, con El Ciervo Encantado, analiza la identidad y la cubanía. Mariela Brito se dedica a reunir cartas de los cubanos en el exilio, las cuales responden a la pregunta: ¿Por qué te fuiste de Cuba? La visión de, ¿qué ha pasado con los que migraron? Y así, surge toda una serie de obras sobre la migración. Mariela aparece en el escenario con una maleta vacía, es un espectáculo del silencio; parece rodeada de jabitas con cosas para llevar a Cuba, es un performance. Viene en seguida, P. I. B. (producto interno bruto) en donde se plantea ahora ¿por qué te quedaste? Y es de una profunda animalidad, con textos procaces del reguetón, con desechos en ríos y mares; la pudrición de los ríos, es la de la sociedad.
Por último, aparecen los novísimos. Este movimiento es a partir de 2008 a la fecha; y comprende desde poesía, hasta teatro documental, y exploran nuevas maneras. Surge el Consejo Nacional de Artes Escénicas. Estos nuevos exponentes, no se agrupan en compañías. Se forma el Laboratorio Escénico de Experimentación Social. Estas nuevas formas, mezclan danza, poesía, narrativa, y establecen una relación horizontal entre ellos. Dos importantes manifestaciones son INSERVI y OSIKÁN, que es una plataforma escénica. Se aborda el tema de la prostitución masculina, que ha sido tabú hasta entonces.
Una importante puesta es I Love Australia, que tiene como escenario a Playa Girón, y tiene una conexión con el Teatro Escambray de Blanco. Hay muchas novedades en el teatro actual. El teatro en Cuba ha sido un movimiento constante, creativo y revolucionario, como la vida misma de la isla, concluye Mayté.
Salimos de El Teatrito con la convicción de que el teatro, como la vida misma en Cuba, marcha por el camino correcto.