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Halfdan Jebe, un compositor noruego en el Yucatán posrevolucionario

Alvaro Vega Díaz*

I

El 3 de noviembre de 2018 se cumplió el 150 aniversario del natalicio de Halfdan Jebe (1868-1937), violinista y compositor de origen noruego que vivió en Yucatán la última etapa de su vida, aunque murió en la Ciudad de México el 17 de diciembre de 1937.

Jebe vino a Mérida entre fines de 1922 y principios de 1923 con el propósito de conocer los vestigios de la cultura maya y observar de cerca el proyecto social de Felipe Carrillo Puerto. Su llegada a la región significó el final de un periodo de aproximadamente 15 años de peregrinaje por países de Europa, Asia y América, pues el músico trashumante encontró en la capital yucateca un campo fértil para sus actividades artísticas, y decidió quedarse en ella hasta el final de su vida, dejando como su principal legado un conjunto de obras que hoy forman parte del patrimonio musical de Yucatán.

La huella que este músico dejó en el medio musical de la Mérida posrevolucionaria aún está por estudiarse con la amplitud que el caso amerita. En el presente trabajo exponemos una visión panorámica de la trayectoria artística de Halfdan Jebe, desde sus primeros contactos con la música en Cristianía (antiguo nombre de Oslo) hasta las últimas actividades que realizó en la Ciudad de México en 1937. Además, hacemos énfasis en sus facetas de compositor y crítico musical, aspectos en los que dejó un legado sustancial para la cultura yucateca.

Años de formación y primeras

actividades profesionales

Después de recibir sus primeras clases de violín en Cristianía, Jebe continuó su formación con Hans Sitt (1850-1922) en el Conservatorio de Leipzig, en 1887, y posteriormente perfeccionó su técnica violinística con Joseph Joachim (1831-1907) en el Real Colegio de Música de Berlín. En esta ciudad alemana conoció a Frederick Delius (1862-1934), con quien mantuvo desde entonces una fraternal amistad. Quizá motivado por el músico inglés, Jebe comenzó a interesarse por la creación musical en pleno ascenso de su carrera como violinista, de modo que en 1889 se inscribió en el Conservatorio de París, donde estudió composición con Jules Massenet (1842-1912).1

Si bien las primeras obras que compuso se interpretaron en Trondheim, su ciudad natal, fue en Leipzig donde el músico noruego vio publicado su trabajo por primera vez, al incluirse arreglos suyos para voz y piano en Jüdische Melodien aus Galizien und Russland (canciones populares judías), colección editada en 1893 por el Instituto Judío de la Universidad de Berlín.2 Después de estas sencillas armonizaciones, Jebe adoptó como eje de su lenguaje creativo una suerte de cromatismo posromántico, congruente con el cosmopolitismo que asumió por aquellos años. De todas maneras, la influencia de Massenet en su música se puede observar en King lijekonvalije (El rey lirio de los valles), canción que Jebe compuso probablemente a fines de la década de 1890, con un texto del poeta sueco Gustaf Fröding (1860-1911), a quien está dedicada la obra. Aquí, el compositor ciñe la estructura de la canción a su propia división del poema en frases, las cuales se enlazan por medio de modulaciones cromáticas, casi siempre a la mediante, tal como lo hizo su maestro francés en varias de las canciones que escribió.

La amistad entre Delius y Jebe fue particularmente intensa a partir de 1896. En aquel año, los dos músicos realizaron una gira de conciertos por Noruega y, al siguiente, viajaron a Estados Unidos, donde ofrecieron recitales en varios lugares de la costa este. Algunas de estas actuaciones fueron comentadas favorablemente por la prensa, que destacó la brillante técnica del violinista “Mr. Lemmanoff”, seudónimo que el músico noruego había adoptado para aquella expedición musical que se extendió por algunos meses.3 Luego del inesperado éxito artístico que lograron, Jebe regresó a Noruega y, en noviembre de 1897, asumió la dirección del Teatro Central de Cristianía, donde conoció a la actriz Sofie Bernhoft (1870-1966), quien a la postre se convertiría en su esposa.4

Entre las actividades que Jebe realizó en los últimos años del siglo xix, sobresale su participación como director orquestal en el concierto que dio a conocer la música de Delius en Londres, el 30 de mayo de 1899.5 Dado que el compositor inglés sentía un especial afecto por Jebe, le dedicó, en 1911, Eine Arabeske, para barítono solista, coro mixto y orquesta, considerada por los especialistas como una de las mejores obras del amplio catálogo de Delius. El texto de la composición pertenece al escritor danés Jens Peter Jacobsen (1847-1885), cuya poesía cautivó a ambos músicos por aquellos años.

Los años de itinerancia

Para los inicios del siglo xx, Jebe ya había pasado breves temporadas en varios países europeos. Comienza entonces un nuevo periodo de su vida en el que los viajes, ahora impregnados de un sentido bohemio de la existencia, lo llevan entre 1902 y 1903 a lugares como Japón, la India y Ceilán, en los que deja muestras de su virtuosismo en el violín, al mismo tiempo que se integra a las tradiciones locales con el propósito de conocer de primera mano las diversas manifestaciones folklóricas nacionales. En 1906 Jebe regresa a Estados Unidos y se establece en la Universidad de Washburn, en Topeka, Kansas, donde imparte clases y toca en la orquesta sinfónica de la escuela. Después de una breve estadía en Chicago, radica en Nueva York entre 1911 y 1915, para concluir después su década estadounidense en Atlanta, donde vive hasta 1916, entregado principalmente al trabajo independiente como violinista. No obstante, entre 1916 y 1922, realiza una última expedición, esta vez a naciones de Latinoamérica: Argentina, Chile, Brasil, Perú, Cuba y México, país este último donde vivirá el resto de su vida.

La época yucateca

En los primeros meses de 1923, ya encontramos a Halfdan Jebe establecido en Mérida. No pasaría mucho tiempo para que su extraordinaria capacidad artística como violinista le abriera las puertas de la Escuela de Música del Estado.6 Poco tiempo después, ya ocupaba un lugar destacado en la sección de las cuerdas de la orquesta sinfónica que por aquellos años organizó Amílcar Cetina Gutiérrez (1880-1956), quien supo ver en el noruego a un aliado dispuesto a colaborar en la transformación del ambiente musical yucateco.

El momento favorable que experimentaban la pintura, la arquitectura, la literatura y la música en el Yucatán de los años veinte impulsó a Halfdan Jebe a retomar la interpretación y la composición musicales, al mismo tiempo que lo llevó a ensayar la crítica musical. Desde la trinchera periodística ejerció y plasmó sus ideas en torno a varios aspectos de la actividad musical, ideas no poco controvertidas y, en ocasiones, provistas de un franco radicalismo y que lo llevaron a ignorar, hacia la mitad de los años treinta, que la península de Yucatán ya era dueña de una canción vernácula reconocida dentro y fuera del país. Con todo, las múltiples colaboraciones suyas que vieron la luz en La Revista de Yucatán, Diario de Yucatán y Diario del Sureste entre 1934 y 1937 constituyen, sin lugar a duda, un inestimable testimonio de varios aspectos de la historia de la música en Yucatán que hasta hoy no han sido estudiados en forma pormenorizada.

Cuando Halfdan Jebe ingresó como profesor a la Escuela de Música del Estado en 1923, encontró en ella a un núcleo de músicos de larga trayectoria, algunos de los cuales habían fundado la institución educativa en 1911. Ahí estaban los profesores Arturo Cosgaya (1869-1937), Amílcar Cetina (1880-1956), Filiberto Romero (1871-1937), Gustavo Río (1880-1963), Asunción Sauri (1878-1939), Luis G. Garavito (1894-1980), Francisco Sánchez Rejón (1885-1948), Alfredo Tamayo (1880-1957) y Fausto Pinelo (1893-1966), entre otros.

Sus alumnos más destacados fueron Daniel Ayala (1906-1975) y Amelia Medina (1915-2003). El propio Jebe destacó en la prensa las facultades de su alumna, después que la joven artista tocó el Concierto para violín núm. 1 de Max Bruch (1838-1920) a principios de 1935:

Los directores de la sinfónica tienen la obligación de presentar a los que tienen aspiraciones y valen, como una de las misiones que se han impuesto. En el presente caso la obligación que se impone es más que un deber, es un motivo de justo orgullo y regocijo para los que han acompañado a Amelita durante sus años de escuela, hasta que ha llegado el momento de presentarla definitivamente al público. Chica, con brazos tan pequeños que parece no poder alcanzar el mango del violín, ha dado pasos de gigante en su crecimiento de artista.

Amelia, hace unos años todavía, una niña, empezó a tocar con claridad y el aplomo de sus estudios, que le han dado la recompensa merecida, la de poder llamarse una violinista. Es modesta y sabe que la humildad es el vestido de gala del verdadero artista. Hija de un hogar de cultura, no necesita pretensiones para llegar al corazón del público consciente de Mérida.7

Por otro lado, Jebe llegó a Mérida con varias obras camerísticas bajo el brazo, algunas de las cuales las había compuesto a fines del siglo xix, cuando aún estaba en busca de su personalidad creadora. De tal modo, el ambiente musical que encontró en la capital yucateca en 1923 lo incitó a seguir componiendo música de cámara y a debutar como autor de piezas orquestales. Entre 1924 y 1930 compuso varias obras de cámara, además de la Sinfonía en la menor (“Desde el destino hacia el ideal”), escrita a la memoria de Felipe Carrillo Puerto y dedicada a la Asociación Artística de Conciertos Sinfónicos de la ciudad de Mérida. La pieza comprende cuatro movimientos: I. Introducción / Epopeya; II. De día; III. De noche, y IV. La coda, y fue estrenada, probablemente, en 1926, pues aquel año Francisco Sánchez Rejón, a la sazón director de la Orquesta Sinfónica de Mérida, informó a la escritora Sara Molina Font en una entrevista que en la primera audición de aquel año darían a conocer “la música de un artista que hace algún tiempo vive entre nosotros: Halfdan Jebe”.8 Después del estreno de esta sinfonía, pasarían varios años antes que el músico noruego volviera a incursionar en el formato orquestal. En cambio, prosiguió escribiendo piezas camerísticas, conservadas en la actualidad en la Biblioteca Nacional de Oslo. A este grupo de obras pertenecen, por ejemplo, Siluetas serias, núm. 1: “Romanza” (dedicada al doctor Alonso Patrón), para cuarteto de cuerdas, y “Romanza”, para piano (dedicada a la señorita Hilda Torre Palma), escrita para ser publicada en la Revista Social en 1927, entre otras.9

Notas:

1 John Bergsagel: “Halfdan Jebe”, Oxford Grove Music Encyclopedia, Oxford, Oxford University Press, 1994.

2 Theologisches Literaturblatt, Leipzig, 12 de mayo, 1893, p. 7, http://dlibra.bibliotekaelblaska.pl/ Content/59429/19.pdf (Consulta: 25 de marzo de 2019).

3 William Randel: “Frederick Delius in America”, The Virginia Magazine of History and Biography, vol. 79, núm. 3, 1971, pp. 362-363, https://www.jstor.org/stable/pdf/4247665.pdf (Consultado: 10 de diciembre de 2018).

4 John Bergsagel: “Halfdan Jebe”, ob. cit.

5 Ídem.

6 Para una información más detallada sobre el desenvolvimiento de Halfdan Jebe en el medio político y cultural de la Mérida de los años veinte, y su relación personal y profesional con la escritora Sara Molina Font en distintos momentos de su trayectoria en Yucatán, se puede consultar Ricardo Pe?rez Montfort: “[Cristal Brun?ido] Halfdan Jebe en Yucata?n. Los antecedentes y la bohemia”, Dimensio?n Antropolo?gica, an?o 23, vol. 68, septiembre-diciembre, 2016, pp. 177-214, disponible en http://www.dimensionantropologica.inah.gob.mx/?p=13721.

7 Halfdan Jebe: “El segundo concierto de la Orquesta Sinfónica de Mérida”, Diario del Sureste, 29 de enero de 1935, p. 3.

8 Sara Molina: Siluetas, Mérida, 1926, p. 34.

9 Halfdan Jebe: “Romanza”, Revista Social, Mérida, septiembre de 1927, pp. 1-4. En los años veinte Jebe escribió varias romanzas para piano, con aire de canción, dedicadas a señoritas de la sociedad meridana aficionadas al teclado.

Continuará.