Hoy hablaremos de cuáles son las instituciones responsables de informar y, sobre todo, de tomar las decisiones finales durante la emergencia provocada por un ciclón tropical. Este tema ha generado confusiones en diversas ocasiones, pues en algunos casos las determinaciones terminan recayendo en instancias que no tendrían que asumir esa responsabilidad.
Uno de los casos más cuestionados ocurrió durante el paso de la tormenta tropical Cristóbal por la Península de Yucatán, en el 2020. En aquella ocasión nunca se activó la Alerta Amarilla y se pasó directamente a la Alerta Naranja. En ese proceso, el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), como instancia federal, fue el encargado de conducir el sistema de alertamiento. Se desconoce si la omisión obedeció a una confusión o a otra circunstancia; lo cierto es que quedó como un antecedente importante.
Se espera que las autoridades de Protección Civil de los tres estados de la península hayan tomado nota de ese episodio para que, en futuras contingencias, las decisiones se apeguen plenamente al protocolo establecido en el manual. No me corresponde abordar la parte política del funcionamiento del Sistema de Alertas, pero es un hecho que la actuación de las autoridades federales fue ampliamente cuestionada. Afortunadamente, Cristóbal no alcanzó la intensidad de un huracán categoría cinco; de haber sido así, las consecuencias pudieron ser mucho más graves.
Una vez que inicia la temporada de ciclones tropicales en el Atlántico, el 1 de junio, la institución oficial encargada del seguimiento de estos sistemas en esta cuenca es el Centro Nacional de Huracanes (CNH), con sede en Miami, Florida, Estados Unidos. Esa es la fuente oficial de información para todos los países del Atlántico, el Golfo de México y el Mar Caribe, cuyos representantes acuden a ese organismo para conocer la evolución de los ciclones tropicales. En México, el organismo representante ante la Organización Meteorológica Mundial es el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), encargado de difundir boletines sobre la evolución de estos fenómenos, con base en los avisos emitidos por el Centro Nacional de Huracanes.
Además del SMN, existen instituciones mexicanas que cuentan con meteorólogos altamente capacitados, muchos de ellos entrenados en el extranjero, que fortalecen la difusión y el análisis de los boletines emitidos tanto por el CNH como por el propio Servicio Meteorológico Nacional. También existen páginas administradas por meteorólogos aficionados que, de manera desinteresada, brindan seguimiento a estos fenómenos utilizando información oficial.
Sin embargo, quienes consultan estos espacios deben identificar cuáles ofrecen información seria, oportuna y sustentada, y cuáles únicamente difunden rumores o interpretaciones alarmistas que terminan confundiendo a la población. En redes sociales abundan personas interesadas en la meteorología, pero sin la preparación necesaria para interpretar correctamente los modelos y avisos oficiales. En lugar de contribuir a una mejor comprensión del fenómeno, emiten opiniones alejadas de la realidad que generan desinformación.
A ello se suma la actuación de algunos medios de comunicación sensacionalistas, que privilegian los titulares llamativos y las versiones exageradas sobre el rigor informativo. Lejos de ayudar, este tipo de contenidos incrementa la incertidumbre y el caos entre la población. Cuando la desinformación prevalece, el trabajo de las instituciones oficiales pierde efectividad y muchas personas terminan tomando decisiones equivocadas, como ocurrió durante el paso de Cristóbal en el 2020.
El riesgo de que esto vuelva a suceder sigue vigente. Todo indica que durante este mes de julio no se registrará la formación de ciclones tropicales en la Cuenca del Atlántico, lo cual es una situación poco común en muchos años. Esa aparente calma podría generar una falsa sensación de seguridad y relajar las medidas preventivas de la población, precisamente cuando la temporada de huracanes aún está lejos de concluir.