Aunque se desconocen las ofertas concretas, las visitas de Steve Wittkopf y Jared Kushner enviados del presidente Donald Trump a Moscú y Kiev, los encuentros al máximo nivel en ambos países y el optimismo con que han sido comentados en ambas capitales, han movido las tintas acerca de arreglos que conduzcan a la paz, aunque lejos, probable.
Nuevamente los líderes de Rusia insisten en que Ucrania debería negociar la paz a partir de los resultados en el terreno; es decir de los datos de la realidad militar, cosa que parece lógica, tanto que deberían asumirla los iraníes que, tete a tete, no tienen posibilidades de derrotar a los Estados Unidos. Rusia debió vencer a Ucrania en cuatro semanas y no lo ha logrado en cuatro años. Los nazis mataron más soviéticos que alemanes los soviéticos. Los invasores ocuparon más territorios y destruyeron más ciudades rusas que los rusos urbes alemanas. Sin embargo, los rusos ganaron y los alemanes perdieron.
Así ocurrió también en Vietnam para citar sólo los ejemplos más conspicuos. De haber operado con los datos de la realidad, a los pocos meses de la invasión alemana, con sus Fuerzas en retirada y con los nazis frente a Moscú, a partir de los datos sobre el terreno, Joseph Stalin tenía argumentos para darse por vencido, cosa que -como se sabe- no hizo, sino que llamó a la Gran Guerra Patria, la contienda bélica nacional más admirable de todos los tiempos. Al respecto, lo más sensato que recuerdo es la Guerra de Corea (1950-1953). El 25 de junio del 1950, tropas de Corea del Norte irrumpieron en Corea del Sur. Dos días después, la ONU (sin la presencia de la Unión Soviética, que pudo vetar la resolución) Norcorea fue condenada como agresora.
El Consejo de Seguridad llamó a suministrar ayuda militar a Corea del Sur y encomendó a Estados Unidos el mando de las fuerzas militares de las Naciones Unidas. En realidad, se trató de tropas norteamericanas bajo la bandera de la ONU. En su avance, las tropas norcoreanas tomaron Seúl, capital de Corea del Sur que, durante la guerra cambió cuatro veces de manos y avanzaron hacía la profundidad del territorio.
En septiembre, en sólo unos meses de combate, las tropas norcoreanas alcanzaron el puerto de Pusan, a unos 400 km de la frontera, el punto más profundo en el territorio del Sur en el cual se habían atrincherado los efectivos surcoreanos. El 15, las tropas estadounidenses desembarcaron en Incheón, detrás de las líneas norcoreanas y, por la retaguardia avanzaron sobre las tropas atacantes que optaron por retirarse.
Diez días después Seúl fue reconquistada. El 19 de octubre, las tropas norteamericanas tomaron Pyongyang, capital de Corea del Norte y continuaron avanzando, arribando a las inmediaciones del río Yalú, frontera con la República Popular China que, en ese momento introdujo en combate alrededor de un millón de efectivos al mando del legendario mariscal Peng Dehuai, haciendo retroceder a los estadounidenses.
El 4 de enero de 1951 las Fuerzas de Corea del Norte y China retomaron Seúl que, el 14 de marzo de ese año, fue reconquistada por las Fuerzas de Estados Unidos. En julio, en una situación de virtual empate, comenzaron las conversaciones entre la ONU y los representantes de Pyongyang.
En julio del 1953, agotadas las opciones militares, sin un ganador a la vista, tras prolongadas e intensas conversaciones, representantes del Comando de la ONU, de China y de Corea del Norte, acordaron un armisticio que, aunque no fue un tratado de paz, puso fin a las hostilidades. El presidente de Corea del Sur, Syngman Rhee, aunque reconoció el acuerdo, ningún representante surcoreano lo firmó. Durante las guerras de Corea y Vietnam y luego en las difíciles negociaciones que auspiciaron la paz, aunque obviamente se deben haber tenido en cuenta, no he registrado que un adversario, considerándose con ventaja, haya conminado al otro a ceder debido a la “situación en el terreno”.
No obstante, si en la situación de marras se insiste en ello; sobre el terreno veremos un país invadido y otro que invade, uno que ataca y otro que, como puede, se defiende. En fin se trata de la guerra, una criatura brutal que mata, arrasa y pisa fuerte. En el siglo XIX, el militar prusiano Karl von Clauzewitz, en su afamado compendio De La Guerra, publicado en el 1832 afirmó: “La Guerra es una mera continuación de la política por otros medios… En uno como en otro caso han de observarse, además de los militares, la geografía, los factores emocionales, es decir morales…” De eso se trata, de hacer política, aunque de otra manera. En una alusión general, como quien declama un credo, Fidel Castro reveló unas esencias: “Cese la filosofía del despojo y cesará la filosofía de la guerra”.