El cierre de negocios debido a la inseguridad es considerado un despojo silencioso por empresarios, quienes aseguraron que bajar cortinas afecta la economía de los hogares.
Sobre la situación actual de la Yaxchilán, algunos empresarios —quienes solicitaron el anonimato— reconocieron que la inseguridad fue determinante para el cierre de la mayoría de los comercios o para la modificación de sus giros.
“Este era el centro de Cancún: había muchos restaurantes, bares y espacios de entretenimiento, pero la inseguridad los fue alejando”, relataron los entrevistados.
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Agregaron que llegaron las extorsiones y negocios como Los Parados y Los Compadres comenzaron a cerrar, al igual que sitios como Casablanca o Pericos; “incluso a los vendedores ambulantes les cobran”, dijeron.
Otros comerciantes, como mecanismo de protección, admitieron que recurren a préstamos conocidos como “gota a gota”, bajo la creencia de que las mafias interpretan que sus ingresos no alcanzan para cubrir extorsiones. A algunos les ha funcionado, pues aseguran llevar años sin ser molestados. En contraste, otros optaron por trasladar sus negocios, priorizando la seguridad de sus familias, hacia ciudades como Mérida.
Aunque según cifras oficiales el cierre de negocios puede interpretarse como un simple “ajuste económico”, para muchos que bajaron cortinas representa un despojo silencioso con consecuencias profundas en la economía del hogar.
En la mayoría de los casos, los cierres se debieron a amenazas y extorsiones; en otros, a la caída en las ventas o a rentas elevadas que hacían inviable mantener los negocios en operación.
Durante el 2025, cientos de establecimientos, especialmente fondas, bares, pequeñas tiendas, talleres, estéticas e incluso farmacias, bajaron definitivamente la cortina, dejando a su paso familias endeudadas, empleados sin trabajo y proveedores sin clientes.
Un caso que llamó particularmente la atención fue el de un comercio de material hidráulico ubicado en las avenidas Uxmal y Chichén Itzá, que tuvo que cerrar tras ser víctima de extorsiones y amenazas por parte de un grupo que se identificó como perteneciente a la delincuencia organizada. La situación se volvió insostenible y peligrosa para el propietario, quien decidió abandonar el negocio y salir del país.
Otro episodio ocurrió en Villas Otoch, donde un taller familiar dedicado a la reparación de electrodomésticos, con apenas unas semanas de haber iniciado operaciones, fue visitado por sujetos que exigieron al dueño un pago mensual de 18 mil pesos bajo la advertencia de sufrir agresiones físicas. En un inicio, el propietario accedió, pero al no reunir el dinero exigido en una segunda visita, los agresores dispararon contra la fachada. Al día siguiente, la familia abandonó Cancún.
En la zona del polígono sur, el año que concluyó también estuvo marcado por varios cierres. Una farmacia en el fraccionamiento Andalucía —cuyos motivos no fueron confirmados—, una taquería ubicada junto a la glorieta y un bar sobre la avenida Río Niágara dejaron de operar, este último en diciembre.
Tanto negocios formales como informales han cesado actividades. El aumento de costos, la competencia de grandes cadenas, el comercio irregular y los problemas de inseguridad han convertido el emprendimiento en un obstáculo casi imposible de superar para muchos pequeños propietarios.
A ello se suma el crecimiento del comercio irregulares, que no cubre impuestos ni servicios, generando un círculo vicioso: los establecimientos formales reducen sus ventas, terminan cerrando y, en muchos casos, migran a la informalidad como única alternativa de subsistencia.
Si bien otros sectores han resentido esta situación en años recientes, quizá la avenida Yaxchilán sea la más afectada. Lo que décadas atrás fue un punto de atracción para turistas y locales, hoy luce como una zona “fantasma”.
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Este deterioro fue el preludio de lo que ahora ocurre en toda la ciudad: locales cerrados, grafiteados y abandonados predominan en el paisaje urbano, donde únicamente sobreviven negocios tradicionales como La Parrilla y la farmacia París, con más de 50 años de historia.
Establecimientos emblemáticos como La Placita, el Canta Canta y Los Arcos cerraron de manera definitiva, mientras que otros, como La Taberna o incluso la CROC, cambiaron de ubicación hace tiempo debido al aumento de la inseguridad en la zona, donde actualmente circula poca gente, en su mayoría personas que acuden a Aguakan o a las oficinas del Bienestar.