Opinión

Chihuahua y la pregunta inevitable: ¿se violó la soberanía nacional?

La comparecencia de la Gobernadora abre una crisis política y constitucional de enormes dimensiones.

Chihuahua y la pregunta inevitable: ¿se violó la soberanía nacional?
Chihuahua y la pregunta inevitable: ¿se violó la soberanía nacional?

L a comparecencia de la Gobernadora de Chihuahua ante la Fiscalía General de la República marca un giro delicado en uno de los episodios más sensibles de los últimos años en materia de seguridad nacional. Lo que comenzó como un operativo para desmantelar un laboratorio clandestino terminó convirtiéndose en una discusión de fondo sobre soberanía, legalidad y límites constitucionales.

La pregunta en este caso no es exagerada. Tampoco retórica. Está en el centro mismo del debate y ya no puede evadirse: ¿violó o no la Constitución Mexicana un Gobierno estatal al permitir el ingreso y operación de agentes estadounidenses -presuntamente vinculados a la CIA- sin autorización federal?

El tema es grave. Muy grave. Y lo es porque México tiene reglas claras sobre la actuación de agentes extranjeros en territorio nacional. La Constitución y la Ley de Seguridad Nacional establecen que cualquier colaboración en materia de seguridad con agencias extranjeras debe realizarse bajo conducción y autorización del Gobierno federal. No de manera unilateral por parte de un estado.

Por eso la declaración de la presidenta Claudia Sheinbaum fue tan contundente cuando señaló que la principal falla está en el Gobierno de Chihuahua y recordó que solicitar colaboración directa con agencias estadounidenses contraviene el marco legal mexicano.

Y mientras desde Washington se intenta reducir el episodio a un operativo conjunto contra el narcotráfico, en México el asunto adquiere otra dimensión: la constitucional.

Porque ya no se trata solamente de un operativo fallido o de la muerte de dos agentes estadounidenses y dos mexicanos. Lo que está bajo escrutinio es si un Gobierno estatal decidió abrir espacio operativo a agencias extranjeras sin facultades para hacerlo.

Y ahí el problema deja de ser político para convertirse en un asunto de soberanía nacional.

El argumento que no termina de sostenerse

La narrativa inicial del Gobierno de Chihuahua intentó justifi car la presencia de agentes estadounidenses bajo el argumento de un operativo especial para desmantelar un laboratorio clandestino.

Pero ahí aparece otra pregunta demoledora: ¿Realmente México necesitaba a la CIA para destruir un laboratorio?

La propia Presidenta ha repetido en múltiples ocasiones una cifra contundente: México desmantela alrededor de 2 mil 500 laboratorios clandestinos al año. Es decir, el laboratorio de Chihuahua no era un caso excepcional ni una amenaza inédita para las capacidades del Estado Mexicano.

Cada semana las fuerzas armadas mexicanas, la Guardia Nacional y las fiscalías locales ejecutan operativos similares en distintos puntos del país. Son parte de la rutina de combate al narcotráfi co.

Entonces, si el Estado Mexicano desmonta miles de laboratorios anualmente, ¿por qué en Chihuahua se habría requerido la intervención de una agencia estadounidense de Inteligencia?

La explicación no convence por una razón sencilla: el operativo no parece justificarse por incapacidad técnica, sino por una peligrosa lógica de subordinación.

El precedente que preocupa

El problema de fondo no es únicamente Chihuahua. Es el precedente que sienta.

Porque si un gobernador puede abrir espacios operativos a agencias extranjeras sin autorización federal, México entra en una zona extremadamente riesgosa. Significaría aceptar, en los hechos, pequeños enclaves de política exterior y seguridad manejados desde los estados.

Eso fractura el principio básico del Estado nacional. Es muy claro. La seguridad nacional no puede administrarse como si cada entidad federativa tuviera autonomía diplomática o militar. La relación con gobiernos y agencias extranjeras corresponde exclusivamente a la Federación.

Y justamente por eso la comparecencia ante la Fiscalía adquiere enorme relevancia: no sólo se investiga un operativo, sino la posible vulneración del orden constitucional.

La CIA y el fantasma de la intervención

El simple nombre de la CIA tiene un peso histórico imposible de ignorar en América Latina. Durante décadas, la agencia ha sido señalada por operaciones encubiertas, intervenciones políticas y acciones clandestinas en distintos países de la región.

Por eso el tema genera tanta sensibilidad en México. Porque una cosa es la cooperación bilateral institucional; otra muy distinta es permitir operaciones que puedan interpretarse como injerencia.

La interrogante es devastadora porque toca el núcleo del discurso ofi cial estadounidense: la idea de que México no puede enfrentar solo el problema del narcotráfico y necesita intervención externa.

Pero aceptar eso implicaría asumir una lógica peligrosísima: que agencias extranjeras pueden operar en territorio mexicano bajo el argumento de la eficacia.

Mientras tanto, Donald Trump y sectores políticos estadounidenses han aprovechado el episodio para insistir en una narrativa de presión sobre México.

La exigencia de empatía hacia los agentes muertos por parte de la Casa Blanca llegó acompañada del viejo subtexto: Estados Unidos quiere mayor margen de acción dentro del territorio mexicano.

Pero la historia bilateral demuestra que cuando Washington habla de cooperación, muchas veces termina intentando ampliar su capacidad operativa.

México ya ha vivido episodios similares: intervenciones disfrazadas de apoyo, operaciones encubiertas, tráfi co ilegal de armas bajo supuestos operativos, y agencias actuando más allá de lo permitido. Por eso el debate actual no es menor.

En medio de la tensión, el diputado Ricardo Monreal lanzó un mensaje que refl eja cómo el ofi cialismo busca cerrar fi las alrededor de la Presidenta: “Los tiempos que vive México son complejos, pero no inéditos; en distintas etapas enfrentó invasiones, despojos e injusticias. Hoy, la presidenta Claudia Sheinbaum actúa con templanza, sin estridencias y no cede ante el ruido mediático ni ante la presión externa, cuida el equilibrio y siempre la acompaña la razón histórica. Pero su principal fortaleza es y será la unidad nacional”.

La declaración no es casual. Busca colocar el episodio en un contexto histórico más amplio: el de las presiones externas sobre México y la defensa de la soberanía como eje político.

Porque más allá del operativo concreto, lo que se discute es quién manda dentro del territorio mexicano.

La línea constitucional

La Constitución Mexicana y la Ley de Seguridad Nacional establecen límites claros a la actuación de agentes extranjeros. No pueden intervenir libremente ni realizar operaciones fuera de mecanismos autorizados y coordinados por el Gobierno federal.

Por eso la comparecencia de la Gobernadora será clave

La Fiscalía tendrá que determinar: ¿Quién autorizó el ingreso de esos agentes? ¿Bajo qué figura jurídica operaban? ¿Existió conocimiento del Gabinete de Seguridad federal? ¿Se notificó formalmente a la Federación? ¿Hubo intercambio irregular de información sensible?

Porque si un Gobierno estatal actuó por cuenta propia en un tema de seguridad nacional, el precedente sería gravísimo. Ya no hablaríamos de cooperación sino de cruzar una línea roja muy evidente.