Opinión

Magnífica humanidad. Encíclica de León XIV  

“Tanto el papa como Marx que nunca se conocieron, reaccionaron de la misma manera y con los únicos medios a su alcance, la crítica y la movilización social moderada, mediante las cuales auspiciaron una reacción”.

Magnífica humanidad. Encíclica de León XIV
Magnífica humanidad. Encíclica de León XIV

No recuerdo cuando comencé a admirar al papa León XIII, más exactamente a su encíclica Rerum Novarum (las cosas nuevas), el documento social más importante de la iglesia católica que ahora nos recuerda León XIV quien, en su encíclica Magnífica Humanidad, también alude a la “res novae” que, algunos conocedores del pensamiento del actual papa, traducen o interpretan como “innovaciones políticas” y otros más desinhibidos, como revolución.

Debido a que sólo los separaban ocho años de edad, León XIII y Karl Marx, italiano uno, inglés el otro, fueron contemporáneos, es decir vivieron al mismo tiempo en Europa. Su época fue la de florecimiento del capitalismo, en esa etapa llamado “salvaje”, entre otras cosas porque el auge de la industria, el comercio y la concentración del capital, y la producción, bases del progreso general, no estuvieron acompañados de regulaciones (leyes o reglas) mediante las cuales los estados organizarían la vida social de modo tal que pudiera llamarse convivencia.

Se trata de dos de las mentes más lúcidas y universales de su tiempo y más consagradas a la condena a la explotación y a la apelación a la justicia social que, en sus respectivos campos (no tan distantes uno del otro), realizaron los mayores esfuerzos científicos y adelantaron conclusiones que cambiaron el modo de pensar de filósofos, economistas, sociólogos e historiadores de todas las tendencias.

Tanto el papa como Marx que nunca se conocieron, reaccionaron de la misma manera y con los únicos medios a su alcance, la crítica y la movilización social moderada, mediante las cuales auspiciaron una reacción. Rerum Novarun, significa cosas nuevas.

Lo nuevo que vio el papa León XIII fue precisamente aquella versión primitiva del capitalismo, la cual era preciso, sino combatir, (que no es misión de la iglesia), al menos desde la crítica, tratar de cambiarla. Karl Marx, increyente o ateo, vio lo mismo, pero asumió la necesidad del cambio de otra manera, primero como evolución social surgida como resultado del desarrollo y, en una fase más avanzada, como movimiento político revolucionario por su contenido y reformista por su forma. Aunque en vida y más allá de ella, Marx ha sido considerado impropiamente  como un subversivo, lo cual no fue porque no hizo nada oculto, clandestino ni ilegal; no empuñó un arma ni lanzó una consigna irresponsable.

No auspició conspiraciones ni estimuló el clandestinaje y lo hubiera aterrado pensar que el camino que conduciría a la nueva época histórica que percibió, pasaría por una aniquiladora guerra civil que dividiría a las gentes y arruinaría las economías. En su credo, al abrirse la nueva época que inevitablemente sucedería al capitalismo, habría un período de transición en el cual las relaciones sociales asumirían el contenido socialista.

Al concebir como escenario de esos procesos los países altamente desarrollados, no supuso que la edificación de una base económica sería una tarea para clase o gobierno alguno. El término “construcción del socialismo” no es de su autoría.      

La encíclica papal, Magnífica Humanidad, subtitulada: Sobre la Custodia de la Persona Humana en el Tiempo de la Inteligencia Artificial, consta de una introducción que lamentablemente no puedo reproducir íntegramente, aunque si recomendar, en la cual León XIV postula que: “La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva Torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos… y recuerda que este año celebramos el 135 aniversario de que León XIII  emitiera la  Rerum novarum”. “Con ese documento mi querido predecesor -señala el papa- impulsó aquella reflexión sobre la sociedad, la economía y la política que hoy llamamos “Doctrina Social de la Iglesia”. y, cuando algunos objetaban que la iglesia no debía desperdiciar energías en cuestiones mundanas, sino preocuparse por comunicar un mensaje de vida eterna, él respondía con realismo y sabiduría que, el anuncio del evangelio no puede olvidar la vida concreta de los pueblos”.  

La introducción concluye con una grandiosa fórmula. “Entonces las piedras desechadas —los pobres, los enfermos, los migrantes, los pequeños— se convertirán en piedras angulares, y sobre la tierra surgirá un hogar común sólido y hospitalario, donde el amor y la verdad finalmente se encontrarán, y la justicia y la paz se besarán… y, con ánimo de pastor y de padre, pido a todos que…unan fuerzas para edificar en el bien… para que la humanidad nunca pierda su propia belleza y el mundo pueda reconocer una vez más, en el corazón del ser humano, el lugar donde Dios desea habitar”.

Refiriéndose a la encíclica Rerum novarum (las cosas nuevas) que inmortalizó, León XIII postula que “…Hoy no podemos limitarnos simplemente a repetir sus valiosas enseñanzas, sino que debemos pedirle a dios la sabiduría para interpretar las grandes tendencias de nuestro tiempo, en particular los avances de la técnica…”

En los últimos años se ha hecho cada vez más evidente cuán rápida y profundamente la digitalización, la inteligencia artificial (IA) y la robótica están transformando nuestro mundo…pero la cuestión no se limita a la regulación…” Como advertía el Papa Francisco: “Debemos preguntarnos con realismo quién detenta hoy ese poder y hacia qué fines lo orienta: «no podemos ignorar que la energía nuclear, la biotecnología, la informática, el conocimiento de nuestro propio ADN y otras capacidades que hemos adquirido […] dan a quienes tienen el conocimiento, y sobre todo el poder económico para explotarlo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero”.

A continuación, en cinco capítulos, como quine desgrana sabiduría y buena fe, León XIV expone la lucidez de su pensamiento destinado a inculcar y defender la fe, al mismo tiempo que insta a la defensa de la humanidad que deberá ser realizada por una compleja imbricación del credo y la acción social realizada desde la politica, la economía, el buen gobierno y la acción social. volveré sobre el tema. Quedo en  deuda con Felipe Espinosa Wang, periodista de DW en cuyas reflexiones me he inspirado. Allá nos vemos.