Opinión

¿Por qué no llueve en Mérida?

“Para empezar, hay que señalar que, debido a la intensa actividad propia de una gran urbe como Mérida, se genera una enorme emisión de calor provocada principalmente por la escasez de árboles”.

¿Por qué no llueve en Mérida?
¿Por qué no llueve en Mérida?

Mucho ha llamado la atención que, en este inicio de la segunda parte de la temporada de lluvias en Yucatán, salvo las precipitaciones de finales de mayo y principios de junio —cuando una vaguada en altura afectó con fuertes lluvias las zonas noroeste, oeste, centro-oeste y centro-noroeste del estado, donde se ubica Mérida—, prácticamente no ha llovido durante las últimas semanas del recién concluido mes de junio.

Muchos se preguntan qué está ocurriendo, por qué no está lloviendo en la capital yucateca. No es la primera vez que sucede, ya ocurrió en el 2024 y el 2025, a pesar de que los pronósticos indicaban que para estas fechas ya deberían registrarse lluvias en esta zona. Para explicar lo que está pasando, es necesario analizar las condiciones meteorológicas que prevalecen en esta región del estado.

Para empezar, hay que señalar que, debido a la intensa actividad propia de una gran urbe como Mérida, se genera una enorme emisión de calor provocada principalmente por la escasez de árboles, la abundancia de superficies de concreto y pavimento, así como el constante desarrollo de actividades humanas. Todo ello produce un sobrecalentamiento que da origen a una gran burbuja de aire caliente que puede alcanzar más de cinco kilómetros de altura.

Esta condición constituye uno de los principales factores que hacen que las condiciones del clima en Mérida sean diferentes a las de las zonas circundantes e, incluso, favorezcan la formación de fenómenos meteorológicos extremos capaces de causar daños a la infraestructura y poner en riesgo la vida de la población (tesis de Carolina Mugarte, CSU). Precisamente esa burbuja de aire caliente es una de las causas por las que, en determinados periodos, las lluvias no se presentan en Mérida. La otra causa es el viento del noreste (brisa marina), que sopla desde el Golfo de México y alcanza la capital yucateca.

El proceso natural de formación de lluvias en Yucatán comienza con el llamado calentamiento diurno. Durante este proceso, las moléculas de vapor de agua ascienden, favoreciendo la formación de nubes que, al alcanzar determinada altura y condiciones, generan precipitaciones. El otro mecanismo ocurre con el ingreso de humedad proveniente de los océanos, que da lugar a extensos mantos nubosos responsables de gran parte de las lluvias en la península y, en particular, en Yucatán.

Entonces, ¿qué papel desempeña la burbuja de aire caliente que se forma sobre Mérida? De acuerdo con este planteamiento, provoca tres efectos principales sobre las lluvias que llegan a la ciudad. El primero ocurre cuando los mantos nubosos se presentan. La burbuja de calor genera una especie de corte natural en las nubes, debido a la infiltración de aire caliente y seco, lo que provoca que una parte de los mantos nubosos se desvíe hacia la derecha de la ciudad y otra hacia la izquierda, dejando al área urbana prácticamente sin precipitaciones.

El segundo efecto consiste en que, al atravesar la ciudad, las nubes pierden parte de su humedad, por lo que únicamente llueve en los linderos de Mérida. Posteriormente, esas mismas nubes vuelven a cargarse de humedad y las precipitaciones se presentan más adelante, después de haber cruzado la ciudad, mientras sobre la zona urbana únicamente se registran fuertes rachas de viento.

El tercer efecto, considerado el más peligroso, sucede cuando las diferencias de temperatura provocan un choque térmico que acelera la formación de nubes. Esa rápida evolución genera lluvias de gran intensidad acompañadas de fuertes vientos, por lo que las precipitaciones suelen presentarse de forma violenta, ocasionando daños a la infraestructura y poniendo en riesgo a la población. En estas condiciones pueden desarrollarse fenómenos como los conocidos wind burst o incluso minitornados.

Cabe señalar que, con el cambio climático, esta burbuja de aire caliente se recupera con mayor facilidad, ya no se disipa tan rápidamente como ocurría anteriormente. En consecuencia, el fenómeno y sus efectos pueden mantenerse prácticamente durante todo el año.