Opinión

México, creo en ti… porque todavía podemos decidir

“México será aquello que los mexicanos decidamos ser. Si elegimos la indiferencia, tendremos indiferencia. Si elegimos la división, tendremos división”.

México, creo en ti… porque todavía podemos decidir
México, creo en ti… porque todavía podemos decidir

“México, creo en ti”, escribió Ricardo López Méndez en uno de los versos más profundos y entrañables de nuestra identidad nacional. No era solamente una declaración poética; era un acto de voluntad. Era la decisión consciente de creer, incluso en medio de las dificultades, las contradicciones y las heridas de una nación que, como todas, ha conocido tanto la grandeza como la adversidad.

Quizá hoy esa frase adquiere una dimensión distinta y más urgente.

Creer en México ya no puede limitarse a una expresión emotiva cada septiembre ni a un sentimiento que aparece únicamente cuando escuchamos el Himno Nacional o vemos ondear la bandera. Creer en México significa, sobre todo, creer en nuestra capacidad de prepararnos, de formarnos y de decidir construir el futuro que decimos anhelar.

Las naciones no cambian por accidente.

No existen los milagros colectivos ni los destinos escritos de antemano. Los países avanzan cuando millones de personas toman decisiones pequeñas pero trascendentes: estudiar en lugar de rendirse, educar en lugar de abandonar, servir en lugar de aprovecharse, construir en lugar de destruir y pensar en el mañana antes que en la comodidad del presente.

México posee recursos, talento, creatividad y una extraordinaria capacidad de adaptación. Lo ha demostrado una y otra vez en la ciencia, en el deporte, en la cultura, en la empresa, en la academia y en la solidaridad que emerge en cada desastre natural o en cada momento de dificultad nacional.

Lo que frecuentemente nos ha faltado no es capacidad. Nos ha faltado decisión.

Decisión para entender que la educación es una prioridad nacional y no solamente una etapa escolar. Decisión para asumir que la formación del carácter comienza en la familia y continúa en la escuela, en la comunidad y en las instituciones. Decisión para comprender que el respeto a la ley, la honestidad y la responsabilidad social no son ideales abstractos, sino condiciones indispensables para el desarrollo.

Las sociedades más exitosas del mundo no construyeron primero riqueza para después formar ciudadanos; hicieron exactamente lo contrario. Formaron ciudadanos capaces y responsables, y como consecuencia construyeron prosperidad y estabilidad.

La verdadera infraestructura de una nación no son únicamente sus carreteras, sus puertos o sus edificios. Su verdadera infraestructura son sus familias, sus maestros, sus valores y la calidad humana de sus ciudadanos. Por ello, quizá el desafío más importante de nuestro tiempo no sea económico ni tecnológico, sino profundamente humano. Vivimos una época en la que competimos contra la inmediatez, contra la superficialidad y contra la idea equivocada de que todo puede obtenerse sin esfuerzo, disciplina o preparación.

Sin embargo, la historia demuestra exactamente lo contrario: las grandes transformaciones siempre comenzaron con personas ordinarias que decidieron hacer cosas extraordinarias mediante la constancia y el trabajo.

México será aquello que los mexicanos decidamos ser. Si elegimos la indiferencia, tendremos indiferencia. Si elegimos la división, tendremos división. Pero si elegimos la preparación, el mérito, el conocimiento y el compromiso social, entonces tendremos un país distinto. Porque los grandes cambios de una nación nunca empiezan en el poder. Empiezan en la conciencia de su gente.

Tal vez esa sea la verdadera actualización del viejo credo de Ricardo López Méndez para nuestro tiempo: creer en México no es esperar que alguien venga a salvarlo; es decidir cada día convertirnos en las personas capaces de construirlo. Y cuando esa decisión se vuelve colectiva, entonces lo imposible comienza a parecer inevitable.

México, creo en ti.

Pero, sobre todo, creo en la decisión de los mexicanos de estar a la altura del México que todavía podemos llegar a ser.