Quintana Roo

El juego de las sillas en Morena: Guerra interna por la sucesión en Quintana Roo

La sucesión en Quintana Roo ya está provocando fracturas internas, con grupos enfrentados que buscan adelantarse y ganar terreno antes de que inicie el proceso oficial.

Mientras se reparten el poder, la gente sigue esperando resultados en seguridad y servicios
Mientras se reparten el poder, la gente sigue esperando resultados en seguridad y servicios / Especial

En los pasillos del poder, donde el incienso de la “Cuarta Transformación” suele mezclarse con el olor a pólvora de las traiciones internas, el aire se ha vuelto irrespirable. La carrera por la sucesión gubernamental en Quintana Roo ha comenzado a devorar a sus propios hijos.

Lo que inició como una competencia de lealtades se ha transformado en una guerra de guerrillas entre tribus que, en su afán de arrebatar el cetro, están cavando la fosa de la unidad partidista. Ante este escenario de canibalismo político, el centro del país ha comenzado a barajar una carta que, más que una opción, parece un extintor: la candidatura femenina.

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El desgaste de los “favoritos”: La guerra de los espectaculares

No es secreto para nadie que la pugna entre Eugenio Segura y Rafael Marín rebasó las formas de la diplomacia partidista. Segura, el joven delfín que creció bajo el cobijo de la estructura estatal, y Marín, el histórico de la izquierda y hombre de todas las confianzas del “jefe máximo” en el centro, hoy representan dos placas tectónicas que, al chocar, amenazan con provocar un sismo para el movimiento guinda en el Caribe Mexicano.

Las redes sociales son hoy el campo de batalla. En X y Facebook, las cuentas bot y los ejércitos de trolls de ambos bandos no descansan. Mientras unos intentan posicionar a Segura como el rostro de la modernidad y la continuidad, otros le recuerdan a Marín Mollinedo los señalamientos que, fundados o no, han salpicado su paso por las aduanas y los proyectos estratégicos del Gobierno federal. Esta polarización no es gratuita. En la cúpula nacional de Morena ya se observa con terror el “síndrome de Carlos Joaquín”.

El recuerdo del 2016, cuando la soberbia y la falta de acuerdos internos permitieron que un “rebelde” se hiciera con la corona aliándose con la oposición, actúa como un fantasma que recorre los despachos de la dirigencia nacional. “Si no se ponen de acuerdo, los vamos a bajar a los dos”, susurran las voces que bajan desde Ciudad de México.

¿Tiempo de Mujeres? El factor de cohesión

Ante la parálisis generada por el testosterónico choque de trenes, los nombres de dos mujeres han comenzado a brillar con una intensidad que no es casual. Se trata de Estefanía Mercado y Ana Paty Peralta. Ambas representan perfiles que, aunque distintos, ofrecen algo que los varones han perdido en el camino: capacidad de interlocución sin necesidad de declarar la guerra.

Estefanía Mercado, desde Playa del Carmen, ha demostrado que sabe navegar en aguas turbulentas. Su ascenso no ha sido fortuito; ha sabido tejer alianzas con sectores empresariales y populares, manteniéndose al margen de las carnicerías internas de la capital. Por su parte, Ana Paty Peralta, al frente del municipio más importante del estado, Benito Juárez, maneja la joya de la corona con una disciplina que le ha ganado el respeto de las altas esferas.

La estrategia es clara: si los hombres no pueden garantizar la paz, la dirigencia aplicará el criterio de género no solo por obligación legal, sino como una salida política de emergencia. Es la “operación cicatriz” antes de que se abra la herida.

La crítica: el pueblo, espectador de una comedia de ambiciones

Sin embargo, detrás de esta danza de nombres y estrategias, hay una realidad que el diario POR ESTO! no puede callar: el interés social ha sido desplazado por el interés personal. Mientras los equipos de Segura y Marín Mollinedo se desgastan en encuestas pagadas y ataques en Telegram, los problemas de Quintana Roo siguen ahí, creciendo como el sargazo en nuestras playas.

La inseguridad que azota las colonias de Cancún, la falta de infraestructura en el sur y la creciente brecha de desigualdad son temas que no aparecen en la agenda de los aspirantes. Para ellos, Quintana Roo parece ser solo un botín, una parcela de poder que debe ser conquistada a toda costa.

“La política en Quintana Roo se ha convertido en un ejercicio de simulación donde lo que importa no es servir, sino servirse del cargo”, comentan analistas locales en las mesas de café de la avenida Tulum.

La posible irrupción de una mujer en la candidatura no debe ser vista solo como una cuota o una salida estratégica para evitar el divisionismo. Debe ser, si es que realmente existe un compromiso con el pueblo, una oportunidad para oxigenar una política que hoy huele a rancio, a pactos de oscuridad y a ambiciones desmedidas.

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El horizonte incierto

La moneda está en el aire. Morena tiene en sus manos la posibilidad de demostrar que es un movimiento capaz de autogestionarse, o bien, confirmar que es una amalgama de intereses donde la unidad es un discurso de dientes para afuera.

Si la candidatura femenina se consolida, será el reconocimiento tácito del fracaso de los liderazgos masculinos para construir un proyecto común. Mientras tanto, el pueblo de Quintana Roo observa con recelo. El electorado ya no es el de hace una década; hoy está conectado, informado y, sobre todo, cansado de las mismas promesas envueltas en distintos colores.

La definición no tardará. Los tiempos electorales no perdonan y el desgaste interno está llegando a su punto crítico. O Morena encuentra el factor de unidad -sea hombre o mujer- o el destino podría cobrarles factura en las urnas, recordándoles que el poder es prestado y que la soberbia es el primer paso hacia la derrota.