Cooperativas y pescadores de la región atraviesan una de las crisis más severas de los últimos años debido a la drástica disminución en la captura de especies de escama. La situación mantiene a la mayoría de las embarcaciones varadas en los muelles, ya que los costos de salir al mar superan las ganancias obtenidas durante las faenas.
De acuerdo con Alberto Pérez Villatoro, representante de la Federación de Cooperativas Pesqueras de la zona norte de Lázaro Cárdenas, esta parálisis no solo responde a la escasez de producto en aguas nacionales, sino también a la fuerte competencia internacional.
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Explicó que los precios en México están condicionados por mayoristas, así como la oferta proveniente de Honduras, Nicaragua, Brasil, Cuba y Bahamas, lo que ha obligado a muchos trabajadores del mar a depender únicamente del programa federal “Bienpesca” mientras esperan el inicio de la temporada de langosta el próximo 1 de julio.
La actividad pesquera en los litorales prácticamente está detenida. Cada salida representa un alto riesgo económico debido al gasto en combustible, carnada y mantenimiento, sin garantía de recuperar la inversión. “Son pocos los que se atreven a salir porque a veces ni siquiera recuperan los gastos”, señaló Pérez Villatoro.
La inactividad también ha golpeado la economía de las comunidades costeras. El flujo de efectivo se redujo considerablemente y muchas familias sobreviven gracias al subsidio de “Bienpesca”. Aunque este apoyo ha servido como alivio temporal frente a las deudas y necesidades básicas, el sector reconoce que los incentivos económicos no solucionan un problema de origen climático y estructural.
Además de la baja producción, los pescadores enfrentan dificultades en la cadena de comercialización. Intermediarios y grandes compradores retrasan adquisiciones para esperar las variaciones del mercado internacional antes de fijar precios locales. A esto se suma la saturación de productos importados de Centroamérica, el Caribe y Sudamérica en hoteles y restaurantes, lo que reduce aún más el valor de la pesca mexicana.
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El sector exige políticas públicas más amplias que permitan enfrentar los periodos de veda y las temporadas de “mar muertas”. Entre las propuestas destaca la creación de programas de capacitación y equipamiento para impulsar la acuicultura y el cultivo controlado de especies, con el fin de diversificar ingresos, disminuir la presión sobre la variedad endémica y asegurar el sustento familiar.
Por ahora, las expectativas están puestas en el inicio de la captura de langosta, actividad que históricamente ha reactivado la economía regional. Mientras llega esa fecha, los muelles continúan llenos de lanchas inactivas y pescadores que esperan un respiro de la naturaleza y del mercado.