José Jesús Sánchez Medrano *
Crónica
La encomienda fue una institución introducida en América por los españoles durante la colonización, para sacar provecho del trabajo indígena. Consistía en la entrega de un grupo de pueblos de indios a cada conquistador, supuestamente para que éste los protegiera y educara enseñándoles buenas costumbres; coadyuvando con los frailes, en el caso de Yucatán, con los franciscanos, para su evangelización. Estaban obligados a ayudar a éstos proveyéndolos de vinos, aceites y demás implementos para celebrar la sagrada misa, así como a colaborar para edificar las iglesias de las comunidades. Los naturales, además de su trabajo, también tenían que tributar, al principio, en especie como mantas, cera, maíz y demás productos de la tierra.
En el año de 1549, Buctzotz le fue otorgado en encomienda a Francisco de Montejo El Sobrino, junto con los otros pueblos de Chuburná, Hunucmá, Tixkokob, Mocochá y Nolo. Así, este conquistador fue el responsable de edificar las primeras iglesias en los pueblos de su encomienda, junto con los franciscanos. Primero fueron edificios rústicos de maderas y techo de paja, con el tiempo se fueron construyendo con paredes de mampostería, cubiertos con vegetales como huano y zacate.
En su libro “La casa de Montejo”, refiriéndose a Francisco de Montejo El Mozo, nos dice Don Ignacio Rubio Mañé: “En 1554 casó a su hija Beatriz, a la temprana edad de once años, con su tío Francisco de Montejo llamado el Sobrino, por ser hijo de una hermana del Adelantado, quien había colaborado en la conquista de Yucatán y fundado la villa de Valladolid, y murió siendo regidor de la ciudad de Mérida”. Según esa misma fuente, Montejo El Sobrino, cuando casó con Doña Beatriz, tenía de 36 a 37 años de edad. Al morir El Sobrino deja viuda a Doña Beatriz de Montejo y hereda esta dama la encomienda de esos pueblos en segunda vida. Todavía joven y con buena posición económica, la encomendera conoce a Don Diego de Santillán, recién llegado de España, Santillán contaba en la Madre Patria con amigos poderosos, por lo que, en 1571, es nombrado gobernador (1571-1573). Su relación romántica con Doña Beatriz le ocasiona problemas con el Obispo Fray Diego de Landa, porque, decían, que éste quería casar a la rica dama con un sobrino suyo, que había traído desde España, a lo que el controvertido fraile contestó: “de que traje mi sobrino para casarle con Doña Beatriz, prometo como hijo de mis padres que no me acuerdo haberme pasado por el pensamiento tal, ni le casara con ella, aunque ella quisiera y aunque tuviera veinte mil ducados de renta, habiendo sabido lo que supe en Madrid pasaba entre ella y el dicho Don Diego, pues que sin ser casados vivían públicamente como marido y mujer”. (Op. Cit.)
Por fin, el 16 de septiembre de 1572 se casaron Don Diego y Doña Beatriz; él ya era gobernador. En 1579 aparece Santillán como viudo, con dos hijas y heredero en tercera vida de la encomienda de Buctzotz y demás pueblos. La corona le entabló pleito para adjudicarse la encomienda, sin embargo, el viudo se defiende y logra quedarse con esas poblaciones.
En ese mismo año de 1579, el escribano Gerónimo de Castro, escribano de su majestad, entrega a Don Diego “una solicitud o Cédula Real donde se pide a Diego de Santillán la relación de cada uno de sus pueblos”. En la respuesta del encomendero, que aquí asentamos, sólo mencionaremos la parte concerniente a Buctzotz:
“Don Diego de Santillán, vecino de esta ciudad de Mérida de Yucatán, Indias del mar océano, digo que por mandato del dichoso muy ilustre señor don Guillén de las Casas, Gobernador y Capitán General por su Majestad en estas provincias, me fue notificado por Gerónimo de Castro, escribano de su Majestad, de número de esta ciudad, corresponde a una instrucción de su Majestad sobre lo en ello contenido, y conforme a ella respondiendo lo que se y alcanzo de los pueblos de mi encomienda digo la siguiente”:
Relación de Tabuzoz (Buctzotz)
“Tabuzoz (Buctzotz) está a veinte leguas de esta ciudad en la provincia llamada Aquinchel (Ah Kinchel) tres leguas está de la mar (?). Es un pueblo que abundan las cosas y cosechas de la tierra, tiene salinas y mucha madera de cedro de que se hacen tablones y vigas, y llegan hasta él y pasan delante los carros porque es camino llano. Todos los dichos pueblos tienen sus iglesias y recaudos para decir misa, que los encomenderos les hemos dado y ayudado para decir misa. Está el convento de zizantún (Dzidzantún) donde los vecinos de él (Buctzotz) acuden a la doctrina, seis leguas y es el último pueblo de la jurisdicción y términos de esta dicha ciudad (Dzidzantún). Es gobernador al presente del dicho pueblo don Martín Uitz, vecino de dicho pueblo. Está poblado el dicho pueblo de Tabuzoz (Buctzotz) en un asiento muy húmedo y no tiene buenas aguas, de cuya causa es enfermo y los vecinos de él han venido en mucha disminución. En tiempos de la gentilidad de los naturales fue una de las mayores poblazones que hubo en esta provincia, según se ve, por lo que está de él despoblado…”
Luego habla de los nombres de dichos pueblos, dice que unos eran de ídolos, otros de los pozos o montes “según la voluntad de los primeros pobladores”; de Buctzotz menciona que traducido al español quiere decir cubierto de pelos, de lana o cabellos. Que hablan sólo la lengua que llaman “mayathan” y que los naturales pronuncian bien la lengua castellana, “los que la aprenden la hablan bien y mejor que otras generaciones de indios de estas partes”.
Cuando dice que Buctzotz está a tres leguas de la mar, quizá se refiera al territorio, porque la cabecera actual está a siete leguas de la costa. Cuando menciona que “llegan hasta él y pasan delante los carros”, conviene remitirnos al historiador Molina Solís quien escribe que al principio de la dominación: “había uno que otro camino carretero” y, cita a modo de ejemplo, el de Temax a Buctzotz, el de Mérida a Sisal y el de Yobaín a Sinanché. En ese lejano tiempo, los montes del pueblo estaban poblados de maderas preciosas y las fértiles tierras producían abundantes frutos; de ahí la importancia de construir un camino de rueda que permitiera explotar esos recursos naturales. También nos llama la atención cuando señala que “tiene salinas”; y nos hace pensar que en la época colonial el territorio de Buctzotz llegaba hasta la costa, ya que Diego López de Cogolludo, quien escribió su historia a mediados del siglo XVII, también dice lo mismo. Por último, con respecto a que fue una de las mayores “poblazones” que hubo en esta provincia, en las tierras del municipio se hallan numerosos vestigios prehispánicos, cerámica y cerros que antes fueron centros ceremoniales mayas.
Don Diego de Santillán murió el 11 de julio de 1585 y la Corona se adjudicó la encomienda de Buctzotz. Esta institución desapareció totalmente a fines del siglo XVIII.
* Escritor comunitario y cronista.