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Yucatán

Alertan por erosión en playas de Yucatán: algunas han perdido hasta 100 metros en cuatro décadas

Las playas de Yucatán registran retrocesos de hasta 100 metros en zonas críticas. Un estudio advierte que, pese a décadas de investigación, falta monitoreo permanente de la erosión costera.

Yucatán figura entre las regiones de México con mayor concentración de investigaciones científicas sobre playas.
Yucatán figura entre las regiones de México con mayor concentración de investigaciones científicas sobre playas. / Por Esto!

Yucatán se encuentra entre las regiones de México con mayor concentración de estudios científicos sobre playas, pero esa ventaja no ha sido suficiente para construir un sistema permanente que permita seguir durante años la erosión, los cambios ecológicos, la contaminación, el acceso público y los efectos de las intervenciones humanas sobre el litoral.

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Una revisión de tres décadas de investigación científica identificó al corredor Sisal-Telchac como uno de los principales focos nacionales de conocimiento sobre playas arenosas, junto con Cancún-Riviera Maya, en Quintana Roo, y Ensenada-Tijuana, en Baja California.

El estudio, publicado en junio del 2026 en Journal of Coastal Conservation, analizó 183 trabajos realizados en México entre 1993 y el 2023 y encontró una paradoja: la producción científica creció, pero gran parte de los estudios fueron pequeños, breves y concentrados en la forma física de las playas.

Los autores concluyen que México necesita sistemas de monitoreo de largo plazo y consideran que el norte de la Península de Yucatán tiene condiciones científicas e institucionales para convertirse en una zona piloto de manejo integral de playas.

Mucha investigación, pero durante poco tiempo

La revisión encontró que 41% de los estudios abarcaron menos de 10 kilómetros de costa.

En el tiempo, aproximadamente una tercera parte de las investigaciones se realizó durante apenas unos días. Conforme la duración aumentaba a meses, años y décadas, el número de trabajos disminuía.

Esa limitación importa especialmente en costas como la yucateca, donde la arena puede avanzar o retroceder por temporadas, nortes, huracanes, obras portuarias, espolones, crecimiento urbano y modificaciones en el transporte natural de sedimentos.

Una fotografía tomada durante unos días puede explicar qué ocurre en ese momento, pero no necesariamente permite saber hacia dónde se mueve una playa durante 10, 20 o 30 años. Los propios investigadores advierten que los estudios de gran escala espacial y temporal siguen siendo escasos, lo que dificulta construir políticas adaptativas basadas en tendencias y no únicamente en emergencias.

La ausencia de series largas adquiere otra dimensión cuando se observa lo que ocurre actualmente en el litoral yucateco.

Durante el 2026, especialistas y autoridades han documentado pérdida de arena en distintos puntos de Progreso, Chelem, Chicxulub Puerto, Chuburná, Sisal, Telchac y Dzilam de Bravo.

Un diagnóstico citado por POR ESTO! señala que, en cuatro décadas, la costa yucateca perdió en promedio alrededor de 19 metros de playa, con retrocesos mucho mayores en zonas críticas. En puntos de Telchac Puerto, la pérdida acumulada alcanzaría hasta 100 metros. A ello se suman intervenciones humanas.

Investigaciones incluidas en la propia revisión científica han analizado cómo obras portuarias, espolones, desarrollos urbanos y otras modificaciones pueden alterar el movimiento de arena en el norte de Yucatán. También existen trabajos sobre erosión, anidación de tortugas y respuesta de la playa a infraestructura de protección.

El problema es que gran parte de ese conocimiento permanece dividido entre proyectos, instituciones y periodos distintos.

Se estudia más la forma que la vida de la ribera

Casi 36% de la producción científica revisada se concentró en geomorfología: erosión, sedimentos, oleaje, transporte de arena y cambios en la forma de la costa.

Ecología, impactos humanos y manejo o conservación representaron aproximadamente entre 20% y 22% cada uno. Los temas menos atendidos resultan particularmente sensibles para las comunidades: contaminación, limpieza, gobernanza, acceso público, salud y seguridad.

Los autores sostienen que esa fragmentación impide tratar las playas como sistemas donde naturaleza, turismo, vivienda, pesca, infraestructura y población interactúan al mismo tiempo.

Eso significa que una playa puede estar muy estudiada desde el punto de vista de la arena y el oleaje, pero mucho menos desde preguntas como quién puede entrar, qué sucede con los residuos, cómo afecta retirar vegetación o sargazo, qué consecuencias tiene una obra para comunidades vecinas o cómo cambia la salud ambiental con los años.

Sisal-Telchac, laboratorio natural

La concentración de trabajos en el norte de Yucatán no es casual.

En esa zona operan instituciones y grupos con experiencia acumulada, entre ellos la UNAM, el Cinvestav Mérida y otras organizaciones conectadas con redes de investigación regional.

El estudio identifica precisamente a Sisal-Telchac como uno de los puntos con mayor recurrencia de trabajos, diversidad temática y presencia institucional.

Los autores aclaran que los focos científicos reflejan también dónde existen universidades, centros de investigación y facilidades logísticas para trabajar de manera constante.

La ventaja, sin embargo, podría aprovecharse. La base científica ya existente permitiría poner en marcha programas permanentes que midan no sólo movimiento de arena, sino biodiversidad, contaminación, presión urbana, turismo, acceso público y efectos sociales.

Quintana Roo: ciencia frente al sargazo y urbanización

La segunda gran concentración peninsular se encuentra en Cancún-Riviera Maya. Ahí, la investigación ha seguido erosión, arrecifes, turismo, desarrollo urbano y estabilidad de playas. La necesidad de vigilancia integral es especialmente evidente en el 2026 por la llegada masiva de sargazo.

El Gobierno federal reconoció este año un incremento del alga y creó una estrategia que combina monitoreo satelital, recolección marítima, protección de playas y búsqueda de usos productivos. Cerca de 150 científicos participan en el análisis del fenómeno, según informó la Presidencia.

El propio estudio científico advierte que el Caribe mexicano necesita investigar mejor no sólo cuánto sargazo llega, sino los efectos de retirarlo, los costos de limpieza y las consecuencias ecológicas de las diferentes técnicas empleadas.

Campeche también aparece en el mapa

Campeche concentra otro de los focos identificados por los investigadores: el corredor Sabancuy-Isla del Carmen. La zona cuenta con estudios sobre erosión, actividad petrolera, cambios en la costa y respuesta de playas a intervenciones humanas. Actualmente, la pérdida de arena ya tiene consecuencias sobre infraestructura.

Durante el 2026, la erosión volvió a dañar la carretera Sabancuy-Isla Aguada y amenazó la estabilidad de uno de sus carriles, obligando a realizar trabajos de protección.

El caso muestra que el conocimiento costero no tiene únicamente valor ambiental: puede ayudar a decidir dónde construir, cómo proteger carreteras, qué obras evitar y cuánto dinero destinar a intervenciones que realmente funcionen.

Tres estados, un mismo litoral vulnerable

Yucatán, Quintana Roo y Campeche enfrentan problemas distintos.

En el norte yucateco domina la erosión y la presión inmobiliaria; en el Caribe, el sargazo, el crecimiento turístico y la urbanización intensiva; en Campeche, el desgaste de playas se combina con infraestructura carretera, actividad petrolera y comunidades costeras.

Pero el estudio plantea una necesidad común: dejar de analizar cada playa únicamente mediante proyectos aislados y construir series continuas que permitan saber qué cambia, cuánto cambia y por qué.

La revisión propone integrar especialistas en geomorfología, ecología, salud, turismo, gobernanza y ciencias sociales, además de incorporar participación ciudadana.

También plantea establecer criterios comunes para clasificar las playas y medirlas de la misma manera, algo que actualmente no ocurre.

La pregunta ya no es únicamente cuánto se ha estudiado. Es si todo ese conocimiento puede convertirse en una vigilancia permanente que permita anticipar daños antes de que la siguiente playa desaparezca, una carretera quede expuesta o una obra obligue a corregir, a un costo mucho mayor, lo que pudo prevenirse con años de información continua.

JGH