Yucatán

En comunidades rurales de Yucatán, hasta el 98% del agua presenta algún tipo de contaminación

De acuerdo con testimonios de activistas y monitoreos comunitarios, hasta el 98 por ciento del agua extraída en algunos pozos presenta algún tipo de contaminación.

En comunidades rurales de Yucatán, hasta el 98% del agua presenta algún tipo de contaminación
En comunidades rurales de Yucatán, hasta el 98% del agua presenta algún tipo de contaminación / Por Esto!

Durante generaciones, el agua en Yucatán fue sinónimo de abundancia. Bastaba perforar unos metros en la tierra para encontrar el líquido que alimentaba a pueblos enteros. Hoy, esa certeza empieza a resquebrajarse.

En colonias de la periferia de Mérida y en numerosas comunidades rurales del estado, cada vez son más frecuentes las quejas de familias que abren la llave y encuentran agua con mal olor, con exceso de sal o incluso con sedimentos.

La preocupación no es menor: toda la región depende casi por completo de un mismo sistema subterráneo de agua dulce. Y los especialistas advierten que ese sistema comienza a mostrar signos de deterioro.

El Consejo Ciudadano por el Agua de Yucatán lanzó recientemente una advertencia que encendió las alarmas: la crisis del agua en el estado ya no se limita a la disponibilidad del recurso, sino también a su calidad.

La alerta abarca tanto a la capital como a los 106 municipios del estado, donde cada vez es más evidente la presión sobre el acuífero.

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Según integrantes del organismo, el problema se explica por una combinación de factores que han coincidido en los últimos años: crecimiento urbano acelerado, expansión industrial y una regulación insuficiente sobre la explotación del agua subterránea.

El problema que se agrava fuera de la ciudad

Aunque la preocupación comienza a sentirse en la capital, los especialistas coinciden en que las comunidades rurales enfrentan el escenario más crítico.

En muchas de ellas, los pozos artesanales –que durante décadas fueron la principal fuente de agua– han dejado de utilizarse.

La razón es alarmante. De acuerdo con testimonios de activistas y monitoreos comunitarios, hasta el 98 por ciento del agua extraída en algunos pozos presenta algún tipo de contaminación.

En ciertos casos se han detectado la presencia de materia fecal, lo que incrementa el riesgo de contraer enfermedades gastrointestinales, infecciosas y respiratorias entre la población. Así, para muchas familias, el agua que antes era sinónimo de vida se ha convertido en un riesgo cotidiano.

Santa María Chí: la advertencia

Uno de los ejemplos más emblemáticos de esta crisis ocurrió en la comisaría de Santa María Chí, donde durante más de una década los habitantes enfrentaron problemas de contaminación en su suministro de agua.

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La situación fue documentada por organizaciones civiles y medios de comunicación: durante años, el agua consumida por los habitantes presentaba condiciones insalubres.

Las consecuencias no tardaron en aparecer.

Más de una decena de personas desarrollaron padecimientos graves vinculados al consumo de agua contaminada, entre ellos enfermedades infecciosas y respiratorias.

A pesar de las denuncias, la solución estructural tardó años en llegar.

Para activistas ambientales, el caso se convirtió en una advertencia temprana sobre lo que podría repetirse en otras comunidades si no se toman medidas de fondo.

Un acuífero bajo presión

La Península de Yucatán descansa sobre una gigantesca red de ríos subterráneos que abastece prácticamente toda el agua potable de la región.Ese sistema natural tiene una particularidad: el suelo kárstico –formado por roca caliza altamente porosa– permite que el agua se infiltre con facilidad.

Durante siglos, esa característica garantizó una disponibilidad casi ilimitada.Pero también significa que cualquier contaminante puede filtrarse con rapidez hacia el subsuelo.

Cuando eso ocurre, el problema no se queda en un solo lugar.

La contaminación puede desplazarse kilómetros a través de la red de ríos subterráneos que conecta cenotes, cavernas y mantos acuíferos.

Por ello, especialistas advierten que lo que sucede en una comunidad o en una zona industrial puede terminar afectando a muchas otras regiones del estado.

Industrialización y crecimiento urbano

Otro factor que preocupa a investigadores y activistas es el crecimiento acelerado que ha experimentado Yucatán en los últimos años.

Mérida se ha consolidado como una de las ciudades con mayor expansión inmobiliaria en el país.

Nuevos fraccionamientos, desarrollos turísticos e instalaciones industriales avanzan hacia la periferia de la ciudad.

El problema, señalan especialistas, es que la infraestructura de saneamiento y tratamiento de aguas residuales no siempre crece al mismo ritmo.

Esto provoca que una parte de los residuos termine infiltrándose en el suelo. A ello se suma la extracción intensiva de agua por parte de diversas actividades económicas.

Para integrantes del Consejo Ciudadano por el Agua de Yucatán, la situación actual refleja una falta de regulación efectiva en el uso del recurso.

En muchos casos, advierten, los intereses económicos han prevalecido sobre la protección ambiental y el bienestar de las comunidades.

La lucha por una nueva legislación

Ante este panorama, organizaciones civiles se han sumado a un movimiento nacional que busca impulsar una nueva Ley General de Aguas en México.

La propuesta plantea cambios estructurales para garantizar un acceso más justo y sostenible al recurso.

Entre los puntos centrales destacan: reformar el marco legal actual que regula el agua, fortalecer la transparencia en las decisiones de la Comisión Nacional del Agua, reconstruir los Consejos de Cuenca que gestionan los recursos hídricos en el país y garantizar la participación ciudadana en la gestión del agua

Para activistas y especialistas, estos cambios son urgentes. De lo contrario, advierten, la crisis del agua en Yucatán podría profundizarse en los próximos años.

Una crisis invisible

A diferencia de otras regiones donde la escasez de agua se manifiesta en presas vacías o ríos secos, en Yucatán el problema es más difícil de percibir.

El agua sigue fluyendo bajo tierra. Pero su calidad puede deteriorarse sin que la población lo note de inmediato. Por eso, investigadores y organizaciones civiles coinciden en una advertencia:

El acuífero que ha sostenido a la región durante siglos no es infinito. Y lo que ocurra hoy con su contaminación y explotación definirá el futuro del agua en toda la península.