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Yucatán gana 200 mil habitantes, pero sólo 6 mil son menores de 14 años

Entre 2020 y 2025, Yucatán registró a más adultos que menores de edad.

Sólo 6 mil infantes menores de 14 años se integraron a la población estatal en los últimos cinco años
Sólo 6 mil infantes menores de 14 años se integraron a la población estatal en los últimos cinco años / Especial

Yucatán ganó más de 200 mil habitantes entre el 2020 y el 2025. Sólo 6 mil de ellos son niños menores de 14 años. La brecha entre ambas cifras no es un error estadístico: es el retrato de un estado que crece hacia arriba en edad, no hacia abajo en cuna.

En el periodo de cinco años que separa los últimos dos censos, la población total del estado pasó de 2.3 a 2.5 millones de personas –un aumento de 8.3%, uno de los ritmos más dinámicos del país. Sin embargo, la franja de 0 a 14 años apenas se movió: de 551 mil a poco más de 557 mil menores, un incremento de solo 1.1%. La diferencia habla por sí sola.

La entidad avanzó, además, del lugar 22 al 21 en el ranking nacional de población, lo que confirma que su crecimiento general es real y sostenido. Pero ese crecimiento no está siendo alimentado por nuevas generaciones. El estado suma habitantes, pero no en la misma proporción de nuevos nacimientos. En otras palabras: el crecimiento ya no nace en casa.

Tres estados, tres destinos

En la Península de Yucatán, tres estados comparten geografía pero no destino demográfico. El contraste entre ellos es quizás el hallazgo más revelador de los datos recientes, porque obliga a matizar cualquier lectura regional homogénea.

Quintana Roo registró una expansión de 10% en su población de 0 a 14 años, impulsada en gran medida por la migración interna hacia sus polos de desarrollo turístico y urbano –Cancún, Playa del Carmen, Tulum, que atraen a familias jóvenes en edad reproductiva. Campeche, en cambio, presenta una caída de 4.9% en ese mismo segmento, lo que lo convierte en el caso más preocupante de la región en términos de renovación generacional.

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Yucatán ocupa un lugar intermedio: no retrocede como Campeche, pero tampoco avanza como Quintana Roo. Su 1.1% de crecimiento infantil –frente a un 8.3% de expansión general– marcan una divergencia que no puede atribuirse a ciclos cortos. Es una tendencia estructural.

En conjunto, la región incrementó su población infantil 3.2%, al pasar de 1.24 a 1.29 millones de menores en cinco años. Pero cuando se observa a la generación más joven –los niños de 0 a 4 años–, los tres estados aparecen entre los de menor volumen a nivel nacional, lo que anticipa un relevo generacional más lento en los próximos años.

El contexto nacional: México deja de ser joven

Lo que ocurre en Yucatán no es una anomalía local: forma parte de una transformación demográfica que abarca a todo México. En el mismo periodo, la población nacional pasó de 126 a 133.3 millones de personas, pero la población infantil prácticamente se estancó e incluso registró una ligera disminución en términos absolutos.

Hoy, los menores de 0 a 14 años representan sólo el 24% de los habitantes del país, una proporción menor a la de décadas anteriores. En menos de diez años, el país ha transitado de tasas superiores a 70 nacimientos por cada mil mujeres a poco más de 50, reflejo de cambios sociales, económicos y culturales que han modificado la estructura de las familias.

A nivel nacional, la concentración de la infancia es también un factor crítico: diez entidades –encabezadas por el Estado de México, Jalisco y Chiapas– concentran el 55.8% de todos los niños del país. Yucatán queda en una posición intermedia: con crecimiento general, pero sin una base infantil robusta que lo sostenga hacia el futuro.

Las consecuencias ya están llegando

Los efectos de esta transformación no son hipotéticos: ya están comenzando a perfilarse en distintos ámbitos. En el educativo, las proyecciones anticipan una reducción en la matrícula de nivel básico, particularmente en primaria, mientras que la demanda en niveles medio superior y superior continuará en aumento. Las escuelas del futuro necesitarán menos aulas para niños pequeños y más para adolescentes y adultos jóvenes.

En términos económicos, menos nacimientos hoy implican, en el mediano plazo, una menor incorporación de población joven al mercado laboral. Yucatán –que en los últimos años ha apostado por una economía dinámica, con manufactura, turismo y servicios– podría enfrentar una contracción de su fuerza de trabajo joven justo cuando más la necesita.

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Y en el terreno urbano, el crecimiento poblacional sin un aumento proporcional de la infancia sugiere una reconfiguración de la demanda de vivienda y servicios. El centro de gravedad demográfico se desplaza hacia los adultos: más parques para adultos mayores, menos plazas para columnas y resbaladillas; más clínicas geriátricas, menos pediatras.

El desafío: crecer sin perder la base

Más allá de los números, se trata de una transición estructural. México, y con él Yucatán, avanza hacia un escenario de menor natalidad, mayor esperanza de vida y envejecimiento progresivo. El modelo demográfico de un país joven –con una pirámide ancha en su base y estrecha en la cúspide– comienza a quedar atrás.

La pregunta que enfrenta hoy la entidad no es cuántos habitantes tiene, sino cómo se compone esa población. Tres estados comparten la misma península y ya muestran tres respuestas distintas: una que retrocede, una que avanza impulsada por la migración, y una que crece pero no renueva. Ninguna de las tres es automáticamente ganadora. Pero la que no atienda la tendencia a tiempo, cargará las consecuencias.

Yucatán suma habitantes. Eso es innegable. Pero si la tendencia se mantiene, el futuro del estado no dependerá únicamente de cuántos lleguen. Dependerá, sobre todo, de si hay suficientes generaciones nuevas para sostenerlo.