Yucatán

Yucatán registra alza en pobreza laboral en 2026; Mérida logró reducirla

La entidad está entre las siete con mayor alza anual del indicador; Mérida logra su nivel más bajo en una década.

El costo mensual de la canasta alimentaria se ubicó en julio en 2 mil 545.72 pesos por integrante en las zonas metropolitanas y en mil 894.69 en las rurales; el cálculo suma las remuneraciones de las personas ocupadas del hogar y las divide entre todos sus miembros
El costo mensual de la canasta alimentaria se ubicó en julio en 2 mil 545.72 pesos por integrante en las zonas metropolitanas y en mil 894.69 en las rurales; el cálculo suma las remuneraciones de las personas ocupadas del hogar y las divide entre todos sus miembros / Vïctor Gijón

Casi tres de cada diez yucatecos que tienen un empleo no ganan lo suficiente para comprarle la despensa a su familia. Así lo confirmó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), que ubicó a Yucatán entre los siete estados del país con el mayor incremento anual de pobreza laboral, el indicador que mide cuándo el ingreso de una persona ocupada deja de alcanzar para adquirir la canasta alimentaria.

De acuerdo con el boletín, en el segundo trimestre del 2026 el 27.8% de la población ocupada en Yucatán vivió en esa condición, 0.8 puntos porcentuales más que el 27% del mismo periodo del 2025.

El diagnóstico se repite en toda la Península. Campeche subió 0.7 puntos y Quintana Roo, 2.2, de modo que las tres entidades del sureste peninsular se movieron en sentido contrario a la tendencia nacional, donde la pobreza laboral cayó 3.2 puntos porcentuales en el mismo lapso, hasta ubicarse en 31.9 por ciento.

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Mérida sí, el estado no

El contraste más llamativo del reporte está en la capital. Mientras el estado empeoró, Mérida redujo su pobreza laboral en 12.9 puntos porcentuales en un año, al pasar de 32.6% en el segundo trimestre de 2025 a 19.7% en el mismo lapso de 2026. La caída también fue notoria de un trimestre a otro: 4.2 puntos menos que el 23.9% registrado entre enero y marzo.

Con esa cifra, Mérida se colocó entre las siete ciudades con menor pobreza laboral del país, de un total de 39 zonas urbanas medidas por el Inegi, y como la segunda mejor posicionada de la Península, sólo detrás de Cancún.

 Ese lugar no es casualidad: la capital yucateca también tocó su mínimo histórico en el cuarto trimestre del 2025, el mismo periodo en que el estado como conjunto alcanzó su propio piso, de 25.6 por ciento.

Ese matiz importa porque desnuda una desigualdad territorial: la ciudad sostiene una tendencia de mejora que el resto de los municipios no está replicando. A nivel estatal, ese avance dejó de ser lineal desde el primer trimestre del 2026, cuando la pobreza laboral dio un salto de 2.4 puntos hasta 28%, para moderarse apenas a 27.8% entre abril y junio.

El 27.8% de la población ocupada en Yucatán se encontraba en pobreza laboral durante el segundo trimestre de 2026 / Edwin Aguilar

Veinte años de vaivenes

Puesto en perspectiva histórica, el 27.8% actual está lejos del peor momento de la serie: en el segundo trimestre del 2005, bajo el gobierno panista de Patricio Patrón Laviada, el 46.8% de la población ocupada en Yucatán vivía en pobreza laboral. Dos décadas después, el indicador se redujo casi a la mitad, aunque los últimos dos trimestres muestran que ese progreso dejó de moverse en línea recta.

A nivel nacional, otros doce estados también vieron crecer su pobreza laboral en el periodo. Encabeza la lista Sinaloa, con un alza de 3.7 puntos, seguido de Coahuila (2.6), Michoacán (2.4) y Durango (2.3). En el extremo opuesto, ciudades como Tapachula, en Chiapas (40.9%), y Tlaxcala (38.3%) concentran los niveles más altos de pobreza laboral urbana del país, muy por encima del promedio yucateco.

Dentro del top diez de ciudades con menor pobreza laboral, Mérida comparte tabla con urbes fronterizas y del norte del país: Ciudad Juárez encabeza la lista con 13.2%, seguida de Tijuana y Cancún, ambas con 14.3%, y de Reynosa, con 16.9 por ciento. Que una capital del Sureste, tradicionalmente rezagado frente al norte industrial, aparezca junto a esos nombres confirma que el fenómeno yucateco no es sólo cuestión de geografía, sino de la manera en que se distribuye el ingreso dentro del propio estado.

Más sueldo pero no alcanza

El deterioro del indicador no se explica por una caída generalizada de los ingresos; al contrario. El ingreso laboral per cápita en Yucatán pasó de 5,056.86 a 5,382.46 pesos entre el primer y el segundo trimestre del 2026, un incremento trimestral de 5.7%, el mayor de las 32 entidades del país, por encima de Oaxaca (4.9%) y Guanajuato (4.2%).

El contraste se agranda si se mira el mapa completo del país: Baja California tiene el mayor ingreso laboral per cápita de México, con 8,039.59 pesos, mientras que Chiapas registra el más bajo, apenas 2,489.35 pesos, ambos datos también del segundo trimestre del 2026. Yucatán se ubica en un punto intermedio de esa tabla, pero su ritmo de crecimiento reciente –el más veloz del país en el trimestre‒ no ha bastado para revertir el alza en el número de personas que no llegan a cubrir la canasta básica.

La aparente contradicción se explica porque la pobreza laboral no mide el ingreso de forma aislada, sino contra el costo de la canasta alimentaria. El propio Inegi actualizó el 11 de agosto las líneas de pobreza correspondientes a julio del 2026: en zonas urbanas, una persona necesita al menos 2,545.72 pesos mensuales para no caer en pobreza extrema, y 4,884.09 pesos para librar la pobreza general; en el campo, los montos son de 1,894.69 y 3,494.78 pesos, respectivamente.

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Sin despegue sostenido

Comparado con sus vecinos, Yucatán no está en la peor posición, pero tampoco puede presumir ya un despegue sostenido. Campeche, con 25% de pobreza laboral en su capital y 28.6% en Ciudad del Carmen, y Quintana Roo, que subió 2.2 puntos pese al buen desempeño turístico de Cancún, retratan una Península donde el ingreso laboral no logra desprenderse del costo de vida.

El patrón peninsular llama la atención porque contradice la narrativa de bonanza asociada a las grandes obras de infraestructura de los últimos años. La inversión anunciada no se ha traducido todavía en un colchón salarial capaz de amortiguar el encarecimiento de los alimentos, y son justamente los tres estados con mayor exposición a esos proyectos los que hoy reportan retrocesos en el indicador que mide si el trabajo alcanza para comer.

El reto para el gobierno estatal, que ha promovido una cartera de 85 proyectos de inversión por más de 111 mil millones de pesos como motor de desarrollo, es que ese capital se traduzca en salarios que crezcan más rápido que el precio de los alimentos. Por ahora, los números del Inegi muestran que Mérida avanza sola, mientras el resto del estado sigue empujando cuesta arriba.