Yucatán / Mérida

Siete de cada 10 yucatecos son católicos; evangélicos, protestantes y población sin religión ganan presencia

El catolicismo aun domina en Yucatán mientras otras como evangélicos, protestantes y sin religión suman nuevos creyentes, al igual que otros cultos como islámicos y de origen afro.

Aunque hay mayoría de católicos, hoy uno de cada cuatro yucatecos practica una religión distinta o no tiene ninguna
Aunque hay mayoría de católicos, hoy uno de cada cuatro yucatecos practica una religión distinta o no tiene ninguna / Por Esto!

Hay una forma sencilla de calibrar cuánto ha cambiado Yucatán en materia religiosa: en 1990, nueve de cada diez habitantes del estado se declaraban católicos. Treinta años después, esa proporción bajó a poco más de siete de cada diez, y la tendencia apunta en la misma dirección. Lo que durante siglos fue una identidad casi total —ser yucateco era ser católico— se fragmenta ahora en un paisaje plural, vibrante y, para la Iglesia tradicional, preocupante.

De acuerdo con los datos más recientes del INEGI, del total de la población de Yucatán —que asciende a 2 millones 320 mil 898 personas— un millón 724 mil 57 profesan la religión católica, lo que representa el 74.3 por ciento del total. La cifra, aunque mayoritaria, se ubica por debajo del promedio nacional, que es del 77.7 por ciento.

En 1990, el porcentaje de católicos en Yucatán se ubicaba cerca del 92 por ciento. El descenso ha sido sostenido y estadísticamente significativo en cada uno de los censos desde entonces, posicionando al estado entre las diez entidades del país con menor proporción de población católica.

El segundo grupo: los protestantes y evangélicos

Si hay una fuerza religiosa que ha ganado terreno de manera sistemática en Yucatán, son las iglesias protestantes y evangélicas en sus distintas expresiones. Este grupo pasó del 10.8 por ciento de la población en 2010 al 16 por ciento en 2020, para un total de 370 mil 398 personas, consolidándose como el segundo bloque religioso más grande del estado.

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El universo evangélico es, sin embargo, profundamente heterogéneo. Los grupos son muy diversos: pentecostales, adventistas, presbiterianos, mormones y, más recientemente, presencia islámica en el centro de Mérida. En el sur y oriente del estado, los grupos no católicos han crecido de forma notable y en algunos casos cuentan con grandes edificios e infraestructura propia.

Algunas de estas denominaciones han fortalecido su presencia entre comunidades mayas a través de apoyos asistenciales y de salud. Un ejemplo es la Luz del Mundo, que en Ticul promueve convenios con hospitales de Estados Unidos para ofrecer cirugías de cataratas, oído y otras intervenciones a personas de zonas rurales. El acceso a servicios de salud, en un contexto donde la cobertura pública es insuficiente, se convierte en un poderoso factor de atracción hacia nuevas denominaciones.

Para los especialistas en sociología de la religión, el crecimiento evangélico responde en parte a la crisis de credibilidad de la institución católica, cuestionada por escándalos y por su dificultad para conectar con los valores y estilos de vida contemporáneos. Los evangélicos, en contraste, han sabido adaptarse a las condiciones modernas, con un mensaje menos rígido y formas de culto más dinámicas que atraen especialmente a jóvenes.

El fenómeno más revelador: los sin religión

La transformación más significativa del mapa religioso yucateco puede no estar en el crecimiento de los evangélicos, sino en el avance de quienes simplemente deciden no identificarse con ninguna fe. Las personas que se reconocen sin religión en Yucatán suman 199 mil 18, mientras que 16 mil 396 más se definen como creyentes pero sin adscripción a ninguna institución religiosa específica.

El fenómeno de la “no religión” es más intenso en las ciudades. Las localidades más pobladas, con mayor nivel educativo y exposición a entornos digitales y cosmopolitas, concentran la mayor proporción de personas sin adscripción religiosa. Mérida, como la gran urbe de la península, es el epicentro de esta tendencia. 

El antropólogo René Abel Tec López señala que en México se vive un “boom” de personas sin religión que tiene una causa estructural: la gente cada vez se identifica como católica pero no con la institución que la representa.

Las minorías que hacen del paisaje algo más complejo

Más allá del catolicismo y el evangelismo, Yucatán alberga comunidades religiosas minoritarias que le dan a su mapa espiritual una textura insospechada para quienes solo ven los grandes números.

El censo registra la presencia de 353 personas de fe judaica en el estado; 155 que se identifican como islámicas; 534 que practican religiones con raíces étnicas; 613 con raíces afro, y 242 que se definen como espiritualistas. Son cifras pequeñas pero que representan comunidades reales, activas y con historia en la entidad.

La comunidad judía de Mérida, aunque modesta en número, tiene décadas de presencia organizada en la ciudad y mantiene vínculos con las comunidades israelitas de la capital del país. Se autodefine como una pequeña comunidad dedicada a preservar y continuar su legado, con espacios de reunión y celebración de festividades propias.

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La presencia islámica en Mérida es reciente pero visible: hay una mezquita en el centro de la ciudad que atiende a una comunidad en crecimiento, vinculada en parte a la migración de comerciantes libaneses y a conversiones locales.

El budismo también tiene raíces en la ciudad. La organización Soka Gakkai, de origen japonés, tiene presencia documentada en Mérida desde hace décadas, con miembros que se convirtieron por razones que van desde la búsqueda de bienestar personal hasta la atracción por su filosofía no teísta y su énfasis en la transformación interior.

La santería cubana también tiene presencia en Mérida, aunque relativamente reciente —apenas unas dos décadas— y no deriva de la migración cubana en la península sino de redes de personas que circulan entre México, Cuba y Estados Unidos. La espiritualidad afrocubana convive en el paisaje religioso meridano con el espiritualismo trinitario mariano, una variante mexicana del espiritismo del siglo XIX que tiene seguidores activos en la ciudad.

El yoga, por su parte, ha ganado terreno como práctica espiritual entre los sectores medios y altos de Mérida, en una zona difusa entre la religión, la filosofía y el bienestar. Investigaciones de la UNAM documentan que en Mérida el yoga se ha expandido como fenómeno de bienestar subjetivo, adoptado principalmente en sectores de ingresos medios y altos, constituyendo una forma de espiritualidad que no siempre aparece en los censos pero que redefine la relación de sus practicantes con lo sagrado.

El contexto nacional: México se diversifica

Lo que ocurre en Yucatán no es un caso aislado: es parte de una transformación que abarca todo el país, aunque en el estado se expresa con mayor intensidad que en muchas otras regiones.

Según los datos más recientes de la Dirección General de Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación, hasta diciembre de 2024 hay 10 mil 191 asociaciones religiosas registradas en todo el país, abarcando cristianismo, islamismo, judaísmo, budismo, hinduismo, religiones indígenas y otras creencias.

La Iglesia católica tiene registradas 3 mil 223 asociaciones religiosas en México, mientras que las iglesias protestantes, evangélicas y cristianas suman en conjunto 4 mil 328 asociaciones y 41 mil 133 ministros de culto, superando numéricamente a las asociaciones católicas. Es una cifra que tiene un peso simbólico notable: el catolicismo sigue siendo mayoría en fieles, pero el protestantismo ya la supera en estructuras organizadas.

En el ámbito nacional, los Testigos de Jehová concentran 1 millón 530 mil 909 adherentes, siendo la única denominación no católica con más de un millón de fieles. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (mormones) cuenta con 337 mil 998 adeptos a nivel nacional, y tiene presencia activa en Mérida desde el año 2000, cuando inauguró su templo en la ciudad.

La iglesia que responde y la que observa

El arzobispo de Yucatán, Gustavo Rodríguez Vega, ha adoptado una postura pública de respeto hacia la diversidad religiosa, aunque sin ocultar la preocupación que genera el avance de otras denominaciones. El prelado reconoció que la presencia de nuevos grupos es evidentemente creciente, aunque señaló que el catolicismo mantiene influencia en los 106 municipios del estado.

Desde la Iglesia Episcopal de San Lucas, en Mérida, el presbítero José Vieira Arruda ofreció su propia lectura del fenómeno: existe un resentimiento acumulado hacia la Iglesia católica que ha “herido” y excluido a sectores importantes de la población, especialmente mujeres y personas de la comunidad LGBTT+. En su congregación, señaló, se celebran uniones de personas del mismo sexo y se ha ordenado a la primera mujer diácono en el estado.

El mapa religioso de Yucatán en 2026 no es el de una sociedad que abandona la fe: es el de una sociedad que renegocia con ella en términos distintos, más individuales, más selectivos y, en muchos casos, más silenciosos.