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La Filosofía en Cuba

Rita M. Buch Sánchez*

V y última

A partir de los años setenta

Retornemos a la periodización que hace Martínez Heredia de la filosofía en Cuba, en el texto (citado, A viva voz). Ya habíamos referido más arriba, que este investigador ubicaba la primera etapa en los años sesenta, en los que –según su expresión textual– “el pensamiento vivió avances extraordinarios y batallas muy duras […], y comenzó a echar las bases de una cultura propia de liberación (…).1

A continuación, refiere que en los años setenta, sobreviene una segunda etapa, en los que, a su juicio, “se consumó la sujeción, el empobrecimiento y la dogmatización del pensamiento social. El marxismo –agrega– fue subyugado y sometido a un subdesarrollo inducido”.

Más tarde señala la existencia de una tercera etapa, en la segunda mitad de los ochenta, cuando esa situación entró en crisis con el “Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas”, pero el proceso confrontó muchas dificultades, y perdió suelo ante la tremenda crisis desencadenada en el Campo Socialista, a principios de la próxima década.

Por último, señala una etapa final, que se extiende hasta la actualidad y surge al inicio de los años noventa, durante los cuales no hubo tiempo ni condiciones suficientes para transformar un medio que incluía la formación de decenas de miles de personas para reproducir lo que llamaban marxismo-leninismo. Según su punto de vista, fue una gran ofensa a Lenin llamarle marxismo-leninismo a la ideología que se impuso cuando los ideales de Lenin fueron abandonados.

Subraya que, finalmente, en medio de la caída simultánea de los niveles de calidad de la vida y del prestigio del socialismo, una gran parte de la población joven se alejó de todo el marxismo, no de una corriente u otra. Las estrategias de sobrevivencia de ciertos grupos excluían también al marxismo. Acota que a él le sucedió algo muy interesante: después de tantos años de ser tenido por demasiado heterodoxo, comenzó a ser visto como un ortodoxo, o más exactamente, como un bicho raro, por ser marxista. Refiriéndose a la década del noventa, expresa: “Entonces ser marxista empezaba a ser raro”. Y a continuación, refiriéndose a la fecha en que fue entrevistado,2 comenta:

Afortunadamente ya no estamos en esa situación y el marxismo ha recuperado algún terreno. Nuevas generaciones que no tienen que desaprender el marxismo-leninismo, porque nunca lo conocieron, y gente heroica de edades medianas estudian marxismo o se acercan a él […]. La influencia tan grande que goza hoy la ideología burguesa tiene un peso enorme en esta situación. El economicismo, que cuando yo era joven venía de Moscú, ahora viene de los centros intelectuales del capitalismo desarrollado, que han convertido el individualismo en método y pretenden que el conocimiento de las conductas en los procesos sociales se mida por el costo-beneficio. Después de los decretos sobre “el fin de” –paradigmas, metarrelatos, historia–, un economicismo vestido de Universidad del Primer Mundo es exigido en muchos medios para alternar, y también para tener oportunidades de acceder a algunos gajes materiales del mundo académico. Esta ideología es “democratizada” por la avalancha de productos masivos en los que los seres humanos se dividen entre los que tienen “éxito” y los que “fracasan”.

Tenemos por delante grandes batallas por librar. Una de ellas es la de asumir al marxismo. Si digo que es necesario asumirlo críticamente sería redundante, porque no se puede asumir nada importante si no es críticamente, pero en este caso me atrevo a insistir, por parecerme imprescindible. En cuanto uno se descuida, vuelve a aparecer el marxismo dogmático y se siguen utilizando libros de los que ya nadie debería acordarse.3

Hasta aquí lo referido a la periodización del marxismo en Cuba, a partir de los años sesenta hasta la actualidad, propuesta por Fernando Martínez Heredia.

Aunque hay que reconocer el valor testimonial y vivencial de los criterios expuestos por este investigador sobre la época abordada, no coincido en algunos elementos expuestos por él y en su visión pesimista sobre la etapa de los años setenta, en los que, a su juicio, “se consumó la sujeción, el empobrecimiento y la dogmatización del pensamiento social”.

Reapertura del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana

Poco tiempo después de haber acontecido el cierre del Dpto. de Filosofía de la UH a finales de 1971, fue reabierto con el nombre de Dpto. para la Enseñanza del Marxismo-Leninismo, bajo la sabia dirección de la Dra. Daysi Rivero Alvisa y la subdirección de la joven y talentosa profesora de filosofía Zaira Rodríguez Ugidos, quien desplegó un intenso trabajo en la docencia directa de los cursos diurnos y en la formación acelerada de alumnos ayudantes para impartir Historia de la Filosofía en las especialidades cuyos planes de estudio incluían esta asignatura (Filología, Historia del Arte, Periodismo, Psicología, Derecho, Historia, etc.)

Eran tiempos difíciles para la docencia universitaria de Filosofía, pues el Dpto. reabrió pronto sus puertas, pero con un mínimo de profesores para impartir Filosofía e Historia de la Filosofía, y unos pocos alumnos ayudantes. Casi todo el volumen de la docencia recayó en manos de Zaira, quien tenía una capacidad de trabajo impresionante, un sentido altruista de su profesión y un amor inmenso a la materia que impartía, todo lo cual nos trasmitía a todos sus estudiantes, desde la primera conferencia que dictaba en cada curso.

Zaira, como simplemente la llamábamos sus alumnos con el respeto y el cariño que sabía ganarse como ningún otro docente, se presentaba ante nosotros como el ejemplo cimero de un profesor universitario.

Le caracterizaba su modestia científica y su sencillez personal. Era una profesora muy joven, pero inspiraba gran respeto y transpiraba gran madurez científico-pedagógica. Poseía un gran bagaje filosófico, sustentado en la lectura de los clásicos de la historia de la filosofía y del marxismo-leninismo, a veces en el idioma original en que habían sido escritas sus obras, por cuanto era políglota y dominaba varias lenguas a la perfección. Filósofa de amplio espectro, de pensamiento abierto y nada dogmático, siempre tenía tiempo para escuchar a todos en el aula, incluso, al estudiante que menos se destacaba en su asignatura, pero nadie podía abstenerse de su influencia filosófica, porque era un evangelio vivo y un ejemplo de educadora, como dijera el gran filósofo cubano, José de la Luz y Caballero. Poseía el don de la palabra, que utilizaba con “maestría pedagógica” y era capaz de despertar el interés por la historia de la filosofía en el estudiante más desinteresado por la materia. Asimismo, era capaz de impartir la materia más complicada de la forma más amena y sencilla, como si fuera un “cuento de hadas”.

Quienes tuvimos el honor y el privilegio de ser escogidos por ella como alumnos ayudantes, si bien teníamos el deber moral de ser ejemplo y aprobar con buenas calificaciones los exámenes que debíamos vencer de las asignaturas correspondientes a nuestra carrera universitaria, sentíamos que teníamos la obligación moral y social de lograr la excelencia en la docencia que tuvimos que asumir, con una preparación mínima en tiempo récord y con las exigencias máximas de Zaira Rodríguez, la profesora que nos preparaba, quien ejercía de hecho funciones de tutora académica y evaluaba sistemáticamente nuestra labor mediante controles de clase constantes que nos hacía, con importantes críticas y sugerencias en aras de perfeccionar nuestra novel docencia y nuestro trabajo científico-metodológico en la preparación de las clases. Sus críticas eran severas, pero las hacía de forma tan fina y agradable que nadie se ofendía por ellas. Eran críticas constructivas y todos las agradecíamos. Se nos exigía más como profesores que como estudiantes y nadie se quejaba. Por el contrario, era comprensible, y hasta preferible, suspender como estudiante una prueba parcial de las asignaturas que recibíamos, por falta de tiempo físico real para prepararnos lo suficiente; pero lo que no se nos admitía era que impartiéramos una clase sin la debida preparación. En esto se era muy exigente con nosotros.

Como anécdota personal de aquellos tiempos, recuerdo que, en mi caso, estando en el tercer año de la carrera, tuve que asumir el Curso Introductorio para Trabajadores del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) y con solo 20 años, le impartí clases en ese curso a los más famosos locutores y artistas de la radio y la televisión, así como a un inmenso grupo de trabajadores de los medios de difusión masiva, que llegaban en el listado de estudiantes al número 300, con dos frecuencias semanales: miércoles y sábados, de 7 a 9 de la noche. Tuve que aplicar un método especial para pasar asistencia por subgrupos, a partir de monitores que tuve que escoger, pues no me hubieran alcanzado las dos horas de clase para mencionarlos a todos. Nunca olvidaré mi primera experiencia al entrar el primer día de clases, en el anfiteatro del edificio Dihigo, repleto de trabajadores-estudiantes, pues por la masividad del grupo hubo que ubicarlo en ese local.

Considero que fue una experiencia dura, casi una prueba de fuego, pero lo logramos, con mucho tesón y una esmerada preparación que recibíamos 4 horas diarias, de 8 a.m. a 12 m., en el Departamento de la calle K, entre 25 y 27, que llegó a convertirse en nuestra segunda casa. Esa preparación estuvo fundamentalmente a cargo Zaira Rodríguez Ugidos y de la profesora Daysi Rivero Alvisa, quienes a través de cursos monográficos continuos nos impartían uno por uno, a los filósofos más representativos e importantes de cada etapa de la historia de la filosofía, desde la Antigüedad hasta la contemporaneidad. Era como si cursáramos dos carreras en paralelo: la que estábamos cursando y la de Filosofía, que aún no existía en la Universidad de La Habana.

Toda la materia se nos impartía a partir de las obras originales de los filósofos. No se hablaba de “manuales”. No faltaba bibliografía que consultar, porque en el año 1971 hubo un boom bibliográfico en el caso de la edición de obras filosóficas, por parte de la Editorial de Ciencias Sociales. Por solo citar algunos ejemplos, fueron publicadas: La República, de Platón; Metafísica y la Política, de Aristóteles; las Obras de Renato Descartes y de Nicolás Maquiavelo; Crítica de la Razón Pura, de Inmanuel Kant; La esencia del cristianismo, de Ludwig Feuerbach, y muchas otras que pudieran citarse. Muchas de ellas estaban precedidas de prólogos elaborados por Zaira Rodríguez, que constituían valiosos estudios preliminares críticos. En el caso de la bibliografía pasiva, acababan de publicarse la Historia de la Filosofía en 3 tomos, de Nicola Abbagnano; la Paideia, de Werner Jaeger; Los primeros filósofos, de John Thomson, y la magnífica antología de Rodolfo Mondolfo El pensamiento antiguo, en dos tomos.

Nuestra preparación como alumnos ayudantes fue una verdadera escuela. Recuerdo que nadie faltaba ni llegaba tarde a la preparación interna de los alumnos ayudantes, que fungíamos en la práctica como “instructores no graduados”, insertados en el Departamento. Había una disciplina interna espontánea increíble, basada en el reconocimiento de la importancia de nuestra labor, como instructores no graduados y en la confianza que había puesto en nuestras manos la dirección del Dpto.4

Con la inserción de los estudiantes en los centros de trabajo, se nos exigía más como trabajadores que como estudiantes y en nuestro caso, como éramos profesores, se nos exigía mucho más.

Después de graduarnos en las diversas especialidades que escogimos como carrera, se nos preguntó a cada uno si deseábamos quedarnos trabajando en el Dpto. como instructores-graduados y todos aceptamos cumplir allí nuestro “servicio social” por dos años y después continuamos con total permanencia y agrado de ejercer el magisterio en Filosofía a nivel universitario.

Zaira murió en 1985, como consecuencia de un trágico accidente automovilístico, en plena madurez personal e intelectual y a muy temprana edad. Dejó algunas importantes obras publicadas, pero mucho quedó inédito, entre sus planes de clases y papeles de trabajo, aunque posteriormente, gracias al esfuerzo de cercanas colaboradoras, fueron editadas póstumamente algunas de sus obras en dos tomos, por la Editorial Pueblo y Educación.

Personalmente, considero que Zaira Rodríguez formó una escuela de pensamiento, heredera de lo mejor del pensamiento cubano de los siglos xix y xx. Con su fallecimiento, Cuba perdía prematuramente a una de sus más grandes filósofas y científicas sociales. Su pérdida tuvo consecuencias indiscutibles en la docencia universitaria, y sobre todo, en la Universidad de La Habana, que aún no han sido valoradas en su justa medida y esperan por investigaciones que arrojen luz sobre tan importante acápite de la Historia de la Filosofía en Cuba y de su enseñanza, en la segunda mitad del siglo xx.5

Otro elemento a tener en cuenta en el tema que nos ocupa, que aconteció a partir de la década de 1970, fue la presencia de asesores soviéticos en la Universidad de La Habana y en el Ministerio de Educación Superior, en las décadas del setenta y el ochenta.

A pesar de lo mucho que se ha hablado de esto en sentido crítico, es bueno recordar la importante función que muchos de estos asesores cumplieron en la impartición de cursos de posgrado y de actualización a los profesores jóvenes de Filosofía y el papel que cumplieron en la formación del claustro (en gran parte joven) que hubo que preparar para poder enfrentar la docencia de la carrera de Licenciatura en Filosofía, que se abrió por primera vez en la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, en septiembre de 1977.

Junto a experimentados y talentosos profesores cubanos, como Zaira Rodríguez, Daysi Rivero, Isabel Monal, Carmen Gómez y otros, que conformaron el Plan de Estudios de la especialidad de Filosofía y los programas de las distintas asignaturas que lo integraban, los asesores contribuyeron con seriedad y responsabilidad al mejor desempeño de esta actividad y colaboraron sensiblemente en la formación profesional de un claustro altamente calificado y en gran parte muy joven, que tuvo que enfrentar la docencia en esta nueva especialidad. Entre ellos, destacó especialmente el Dr. Oleg Pogoriélov, de la Universidad de Odesa, asesor del entonces Dpto. de Materialismo Dialéctico, ubicado en K y 19, erudito especialista en Historia de la Filosofía, quien permaneció por más de tres años en Cuba, impartió importantes posgrados sobre Antigüedad, Medioevo, Ilustración y Filosofía Clásica Alemana y asesoró las primeras antologías elaboradas por profesores cubanos en la década de 1980, para afrontar las limitaciones bibliográficas que tenía la carrera en sus inicios.

La primera graduación de filósofos tuvo lugar en julio de 1982 y de ese primer grupo, fueron seleccionados los mejores expedientes para permanecer como profesores en los departamentos de Filosofía. En lo adelante, esta fue siempre una política de la facultad, que ha ido garantizando el relevo natural de los profesores, por envejecimiento del claustro.

En la medida en que se desarrolló la docencia en Filosofía, se fue perfeccionando la estructura de los departamentos docentes. En función de la atención a la carrera de Filosofía, se creó el Departamento de Filosofía-Especialidad, integrado por los profesores que impartían las asignaturas en la carrera de Filosofía, que atendía la comisión de carrera y dictaba las normativas que debían regir la especialidad a nivel nacional, y dos departamentos de prestación de servicios, que impartían la asignatura Filosofía y Sociedad, obligatoria en todas las carreras universitarias. Uno de estos departamentos docentes asumía la impartición de esta asignatura en el área de Ciencias Sociales, y el otro, en el área de Ciencias Naturales.

Otro de los más importantes destinos de nuestros egresados ha sido el Instituto de Filosofía, centro de investigaciones adscrito a la Academia de Ciencias de Cuba, dedicado esencialmente al desarrollo de temáticas filosóficas importantes para el país. Desde su fundación, sus investigadores han desarrollado importantes líneas de trabajo, que han contribuido al desarrollo de la docencia universitaria. Asimismo, en esta institución se creó la Revista Cubana de Ciencias Sociales, fundamentalmente dedicada a las investigaciones filosóficas y en la misma se han promovido importantes talleres científicos, así como eventos nacionales e internacionales, que han contribuido sensiblemente al desarrollo de la filosofía en nuestro país.

Por otra parte, resulta imprescindible destacar el papel que ha desempeñado la Sociedad Cubana de Investigaciones Filosóficas (SCIF), organización no gubernamental, adscrita a la Academia de Ciencias de Cuba, la cual, desde su fundación –a principios de la década de 1980– y bajo la sabia dirección de la Dra. Sc. Thalía Fung Riverón, su directora-fundadora –quien fue elegida en el año 2003 como miembro del Comité de Dirección de la Federación Internacional de Sociedades de Filosofía, desde el evento celebrado en Ankara (Turquía), hasta el evento celebrado en Beijing (China)– fue pionera en la labor de preparación y promoción de los primeros encuentros entre filósofos cubanos y norteamericanos, así como de talleres y eventos científicos internacionales de Filosofía y sobre una Ciencia Política de enfoque sur, los cuales se celebran cada año en la segunda quincena de noviembre, coincidiendo con la celebración del “Día Internacional de la Filosofía”.

Por último, resulta importante destacar en el marco de este breve y sintético panorama sobre la filosofía en Cuba, dos aspectos muy importantes que se han desarrollado desde la década de 1990 hasta nuestros días.

Tras el derrumbe del Campo Socialista en Europa del Este, sobrevino la crisis del marxismo a nivel internacional. Cuba no fue ajena a esto. Sin embargo, desde mi punto de vista, este hecho marcó el inicio de un fuerte movimiento en busca de nuestras raíces y de nuestra cubanidad. Como consecuencia de esto, en la Universidad de La Habana, un grupo de filósofos, historiadores y sociólogos se volcaron hacia los estudios sobre nuestra historia patria y sobre los orígenes del pensamiento cubano y latinoamericano.

A partir de 1995, en el Ministerio de Educación Superior se priorizaron los planes de doctorados y se invitó a todos los profesores universitarios a alcanzar el grado científico de Doctor. Se promovieron los doctorados a gran escala y muy pronto se vieron los resultados de esta política aplicada por el Ministerio. En el año 2000, muchos profesores ya se habían titulado como doctores en ciencias específicas (filosóficas, políticas, históricas, pedagógicas, etc.) Los temas defendidos en tesis de maestría y doctorado estaban relacionados en su mayoría con el pensamiento cubano y latinoamericano, lo que significó un paso importante en la profundización de los estudios sobre Cuba y América Latina. Se abrió un mundo de temas a la investigación, que no habían sido abordados con anterioridad y que permanecían casi vírgenes.

A su vez, la titulación de un número considerable de doctores engrosó y cualificó la fuerza científica de nuestros profesores e investigadores y la Universidad de La Habana promovió convenios con universidades de América Latina, para formar másteres y doctores de otros países, que estuvieran titulados por la Universidad de La Habana.

Lo que parecía un sueño, pronto se hizo realidad y dio abundante fruto.

Cada año se titulan como doctores en diversas ramas del conocimiento decenas de profesores de universidades extranjeras, sobre todo de universidades latinoamericanas. La mayoría de ellos provienen de universidades e institutos de México.

Podemos sentirnos más que satisfechos con los resultados alcanzados, especialmente en el ámbito de la Filosofía, tanto a nivel nacional como internacional.

Los tiempos que corren son de urgencia y la filosofía, como madre de todas las ciencias –según la expresión de Aristóteles–, no puede ser ajena a los problemas relacionados con el hombre, la naturaleza y la sociedad en que vivimos.

Notas

1 Ver: “A propósito de El ejercicio de pensar”. Entrevista a Fernando Martínez Heredia de Diosnara Ortega, socióloga, investigadora en el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello (7 de noviembre de 2008), en Fernando Martínez Heredia: A viva voz. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2010.

2 7 de noviembre de 2008.

3 “A propósito de El ejercicio de pensar”, ob. cit, pp. 250-251.

4 Una de las canteras de las cuales surgió el movimiento de alumnos ayudantes formados por Zaira Rodríguez Ugidos, a principios de la década de 1970, fue la Escuela de Letras y Arte, en la cual se estudiaban por entonces, las especialidades de Filología e Historia del Arte. En el curso 1971-1972, entró un grupo de 60 estudiantes de ambas especialidades, que compartían primero y segundo año con asignaturas comunes y ya en tercer año se separaban, según la carrera que habían escogido. En ese grupo, en septiembre de 1971, comencé mis estudios en la carrera de Historia del Arte. En el primer semestre, Zaira nos impartió la asignatura Historia de la Filosofía I y en el segundo semestre, Historia de la Filosofía II, ambas de 64 horas-semestre. Desde la primera conferencia, todos quedamos fascinados con ella y con la materia que impartía. Muy pronto se convirtió en nuestra profesora preferida, entre los muchos excelentes profesores que teníamos. Concluido el primer semestre, a partir de los estudiantes que habían obtenido evaluaciones sobresalientes en la asignatura Historia de la Filosofía I, Zaira seleccionó los primeros y ya transcurrido el segundo semestre, el grupo creció al número de siete. Antes de eso, solo existían unos pocos alumnos ayudantes de Zaira, provenientes de otras especialidades de Humanidades. Uno de los nombres que recuerdo es el de Magaly Espinosa.

Entre los estudiantes que iniciamos la carrera en Filología e Historia del Arte en el curso académico 1972-1973, que fueron seleccionados por Zaira, como alumnos ayudantes, se encontraban: Lourdes Rensoli, Florinda Marón, Jorge de la Fuente, María Bárbara Sampera, María del Carmen Solana, Enrique Patterson y Rita M. Buch, quien suscribe estas páginas. Éramos siete los de mi grupo. Al curso siguiente (1973-1974), se incorporaron al Dpto. como alumnos ayudantes, otros dos compañeros seleccionados por Zaira, que iniciaban estudios en el primer año de Filología e Historia del Arte: Hilda Barrio y Gilberto Valdés, aunque después de graduados no permanecieron como profesores del Departamento, por motivos varios, ajenos al Dpto.

En mi caso específico, una vez seleccionada por Zaira desde el primer semestre de 1er. año, pude incorporarme al Dpto. en el 3er. año de mi carrera, porque antes de que Zaira hiciera la selección, a finales del 1er. semestre, el profesor Morriña, que impartía Diseño Ambiental en el 1er. semestre del 1er. año, me había seleccionado su alumna ayudante, para que impartiera esa asignatura en el 2do. semestre de 1er. año, en el curso para trabajadores que se abrió ese año, y durante el 2do. año de mi carrera, y después de cumplido mi compromiso con Morriña, la profesora Ana Cairo le pidió a Zaira que aplazara un año mi entrada al Dpto. como alumna ayudante, para que la apoyara en el Archivo Nacional, transcribiendo cartas originales de José Martí, para un trabajo investigativo que ella estaba realizando y para el cual requería de un estudiante que supiera mecanografía, como era mi caso. Zaira aceptó y realicé mi inserción durante el segundo año de mi carrera, en el Archivo Nacional, bajo la dirección de la profesora Ana Cairo, trabajo que a la postre, enriqueció mi espectro cultural, contribuyó a mi preparación personal como futura profesora-investigadora y profundizó mi amor por la cultura cubana, a partir de que tuve entre mis manos durante un año las cartas originales de Martí, escritas de su puño y letra, las cuales transcribí y mecanografié, para entregarlas a Ana Cairo. Finalmente, cumplido ese compromiso, me incorporé al Dpto. cuando comencé el 3er. año de mi carrera, aunque había sido seleccionada desde el primer año.

5 Con el transcurso del tiempo, aquel grupo de profesores que formó como alumnos ayudantes se fue reduciendo por varios motivos. Algunos pasaron a otros centros de enseñanza superior, otros a centros de investigaciones y otros emigraron del país. Solo unos pocos permanecieron en la Universidad de La Habana hasta nuestros días.

e-mail: rita@cubarte.cult.cu