Opinión

El lado correcto de la historia

“Las evidencias históricas, incluidas las que en el presente se procesan, tienden a indicar más caminos que destinos”.

El lado correcto de la historia
El lado correcto de la historia

Para los gobernantes, los políticos, las instituciones, en particular el estado y para los curas, es fácil determinar cuál es el lado correcto de la historia. Según su lógica, quienes los contradicen, están en el lado equivocado. Resolver el enigma no es excepcionalmente complicado cuando se mira al pasado; no es así cuando se trata del presente y menos aún cuando se refiere al porvenir.

Cuando el asunto es abordado desde ángulos doctrinarios o con pretensiones científicas, el desacuerdo es total. No obstante, asumir un punto de vista al respecto es importante para actuar de modo consecuente en asuntos fundamentales de la convivencia social como la ética, la moral y la legalidad.

Los cristianos que asumen como preceptos los Diez Mandamientos, incluso descartando aquellos asociados a la fe, se dotan de una valiosa brújula moral y, en el plano personal, al menos en lo que se deriva de aquellos compromisos, se colocan en el lado correcto de la historia. Ocurre lo mismo con quienes se apegan al cumplimento de las leyes y las observan, no sólo porque sean obligatorias y se sancionen su incumplimiento, sino porque las incorporan a sus convicciones.

Los ateos, los agnósticos y pragmáticos están más expuestos a cierto relativismo moral. La determinación del lado correcto de la historia no es necesariamente una toma de posición respecto a todos los asuntos y para todos los tiempos, sino que hay espacios para que, en la conciencia social e individual, respectos a diferentes áreas, convivan juicios encontrados. El dilema no se refiere a un solo asunto.

Puede no haber sólo un lado correcto de la historia, sino muchos y diversos. Hubo sociedades y prohombres que convivieron con la esclavitud y la servidumbre y personas de fe que asumieron como válidas las concepciones y prácticas inquisitoriales. No actuaron así sólo porque estuvieran equivocados, sino porque la realidad es un fenómeno históricamente condicionado.

Según un comentarista: se puede estar “del lado correcto de la historia” y estar en lo cierto, antes de que, en temas concretos lo esté la sociedad, la cual, eventualmente se sumará al punto de vista de las vanguardias y se llegará a un consenso general”. Al respecto suele ocurrir que quienes, al margen del statu quo moral y jurídico predominante, se declaran en rebeldía, asumen posiciones contestatarias o claramente opositoras, no son individuos o grupos sociales colocados en lados equivocados, sino vanguardias que ven primero y más lejos, verdades y realidades que los contemporáneos ignoran.

Determinar cuál es el lado correcto de la historia no es excepcionalmente complicado cuando se mira al pasado. No ocurre lo mismo de cara al presente ni al porvenir. James Hankins, de Harvard, estima que, para los progresistas no existen problemas para identificar el lado correcto de la historia.

Basta con promocionar la “justicia social”. Toda innovación que promueva los ismos y el imperio de los derechos está en el lado correcto…” El autor insiste: “Estar del lado correcto” es una forma de percibir el futuro que inevitablemente, será mejor que el pasado…”

En materia de doctrinas políticas las consideraciones acerca del lado correcto o equivocado de la historia están condicionadas por visiones sectarias, aunque algunos, como los liberales de los siglos XVIII y XIX propusieron las ideas de las libertades económicas y políticas para ordenar el presente de la sociedad que les era contemporánea; mientras los marxistas se refirieron sobre todo al futuro y los leninistas a un proyecto que ellos mismos construirían. Así nació la idea de la “construcción del socialismo” que propuso una rectificación civilizatoria, de momento en pausa.

Probablemente a los políticos debiera bastarles con asegurar el presente y promocionar el “buen gobierno”, sin asumir posiciones mesiánicas y no tratar de hacer de su legado un programa para el futuro en el cual vivirán las generaciones venideras, las cuales convierte en entes pasivos o en herederos; incurriendo en el absurdo de echar las bases del porvenir desde el presente.

Las evidencias históricas, incluidas las que en el presente se procesan, tienden a indicar más caminos que destinos. Obviamente, el presente será trascendido y probablemente regido no por consignas políticas sino realizaciones tecnológicas, científicas y nociones de gobernabilidad en desarrollo.

Si como sostienen algunas fuerzas la fórmula no fuera la democracia liberal: ¿Cuál sería? La propuesta Occidental parece viable. Si no lo fuera: ¿Cuál es la otra? Obviamente la respuesta no la darán los políticos diletantes ni aquellos que confunden poder con razón. Tal vez la historia no necesita que la califiquen.  Ella misma mostrará sus lados atinados y errados.