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Opinión

Todo es Personal en Yucatán

SE DICE, SE rumora y se comenta que, aunque 2027 todavía queda lejos, en Yucatán ya circulan las primeras listas de aspirantes a diputaciones locales y federales.

Algunas traen nombres de cajón; otras, sorpresas que no cuadran con nada. Nada está escrito, cierto, pero en política los rumores no son inocentes: sirven para tantear reacciones, repartir cuotas y mandar recaditos a quien deba entenderlos.

Por el PAN, para los nueve distritos locales de Mérida suenan: Gerardo López, Mauricio Díaz Montalvo, Ignacio “El Negro” Gutiérrez, Carmita González, “Chelito” Carrillo, Carolina Jiménez, Paulina Peniche, Raúl Escalante y Sayda Rodríguez. Para las seis federales, la baraja panista incluye a Melba Gamboa Ávila (1°), la sorpresa Mariana Cruz Pool (2°), Elías Lixa (3°), el ya cantado Álvaro Cetina (4°), Rafael Montalvo con base en Ticul (5°) y Manuela Cocom (6°).

Morena tampoco se ha quedado de brazos cruzados. Su lista filtrada coloca a Daniel González en el primero; Diego Carrera, en el segundo; Edith Trujeque Jiménez, en el cuarto; Clara Rosales, en el quinto; la petista Berenice Rivera, en el sexto; Julián Bustillos Medina, en el séptimo; Estefanía Baeza, en el octavo, y Venustiano Caamal, en el noveno. El distrito tercero aparece vacío — y en política, los vacíos casi siempre dicen más que los nombres.

Para las federales morenistas: Wilmer Monforte (1°), María Esther Magadán (2°), Óscar Brito repitiendo plato (3°), Naomi Peniche (4°), Edgardo Medina (5°) y otra vez Jessica Saidén (6°).

¿Y el PRI? También tiene su quiniela: Rafael Pérez (1°), Juan Medina Castro (2°), Gabriela Santinelli (3°), Eduardo Alan Bentata (4°) y Eloy Quiroz (6°). El quinto distrito sigue sin dueño, al menos por ahora.

Insistimos: son versiones, no candidaturas. Falta negociación, encuesta y algún que otro portazo. Pero una cosa es innegable: la carrera de 2027 arrancó mucho antes de que existan las boletas, y de esta primera lista varios llegarán, otros sólo sirvieron de señuelo, y no faltará quien hoy ni aparezca y termine en la boleta.

EN LA DIRECCIÓN de Protocolo del Ayuntamiento de Mérida, la pregunta incómoda del 15 de septiembre no era política exterior ni presupuesto: era dónde sentar a Renán Barrera Concha si se aparecía en la Sesión Solemne por el 216 aniversario de la Independencia, encabezada por Cecilia Patrón Laviada en el Olimpo. Nada trivial para quien fue tres veces alcalde y rostro histórico del panismo local.

Después de enfriar los ánimos con su viaje de pesca a Alaska, el propio Renán confi rmó que asistiría al II Informe de la alcaldesa, jugada calculada para forzar un reencuentro con antiguos compañeros a los que ya les había cuestionado públicamente sus decisiones, mientras presumía una “lucha desde dentro” del partido que suena más a advertencia que a lealtad.

De ahí que el protocolo trajera un ingrediente extra: ¿sigue siendo invitado distinguido el que hoy critica a su propia dirigencia? ¿Se le sigue sentando junto a quienes gobernó y hoy incomoda? Porque a estas alturas hasta una silla manda mensaje, y tras el cruce público de agosto, cualquier saludo —o su ausencia— quedó condenado a la lectura política.

EL QUE TAMBIÉN acaparó miradas en la Sesión Solemne fue el regidor Juan de Dios Collí Pinto, con una guayabera de lino beige que rompió el uniforme casi religioso del panismo local: blanco y azul marino. Los vivos guinda en cuello y mangas fueron sufi ciente material para que la grilla se pusiera a trabajar horas extra.

El detalle tendría poco jugo si Collí Pinto —activo en redes durante buena parte de su carrera— no llevara meses en un silencio sospechoso. Y ahí surgió la interpretación de pasillo: que si el beige signifi ca algo, que si el guinda es guiño a Morena, que si el atuendo es berrinche disfrazado de moda, porque circula la versión —sin confirmar— de que no estaría contemplado para candidatura alguna en el próximo proceso, y eso, dicen, no le habría caído nada bien.

Aparte del vestuario, la foto del día la protagonizaron tres exalcaldes de partidos distintos que, formados juntos, armaron sin querer los colores de la bandera: María Fritz Sierra de verde, Luis Correa Mena de blanco y Angélica Araujo del PRI de rojo. Casualidad tricolor en pleno aniversario patrio.

EL CASO DE Efraín Rivero Euán en el Catastro de Mérida no sólo exhibe conductas que hoy investiga la Contraloría: exhibe también a quienes decidieron colocarlo y sostenerlo en una de las áreas más sensibles del Ayuntamiento pese a señalamientos previos sobre su actuación y su forma de usar el cargo. Nada de eso probaba nada por sí solo, pero eran focos rojos sufi cientes para vigilarlo de cerca — y nadie lo hizo.

Hoy, tras denuncias ciudadanas por una presunta solicitud de dinero para un trámite, la pregunta ya no es solo qué hizo Rivero Euán: es por qué nadie atendió las advertencias a tiempo. Él sostiene que renunció y que a su vez denunció irregularidades dentro del propio Catastro — acusaciones que aún deben probarse, pero que ya le costaron la reputación a más de uno.

El choque con la directora Aura Loza Álvarez era un pleito cantado desde hace meses. Rivero, ya removido presuntamente por actos de corrupción, apunta directo contra Loza Álvarez y habla de una presunta red interna que cobraría “favores” para bajar el predial a ciertos inmuebles. La historia apenas empieza. Y no promete ser breve.

Tampoco es su primera cicatriz: en la gestión de Angélica Araujo Lara, como subdirector de Infraestructura Social, habría sido citado por la Contraloría por señalamientos de mal manejo de recursos. Y su paso por Liconsa Yucatán tampoco quedó libre de sombra, con referencias a observaciones de la Auditoría Superior de la Federación durante su gestión al frente del programa de abasto.

DENTRO DE ESOS movimientos en la Comuna meridana llegó el jalón de orejas para unos y la cuenta regresiva para otros: la alcaldesa Cecilia Patrón no está dispuesta a cargar con el estigma de corrupción o inefi ciencia rumbo a su reelección.

Nuestras fuentes ubican en la mesa de definiciones a la contralora María Guadalupe Guillermo Cordero, al subdirector Raúl Medina Cardeña, a la directora de Tecnologías, Teresa Estrada Ortega y a la directora de Cultura, Karla Berrón. Entre quienes no se ajustan a la disciplina, no dan resultados o andan metidos en negocios que huelen mal para la estrategia electoral, la orden sería clara: fuera, o a otra adscripción donde no estorben.

DICEN QUE EN política la forma es fondo, y las elecciones estudiantiles de la Facultad de Derecho de la UADY lo confi rmaron sin matices. Ganó Carlos Alejandro Canché Tun, cercano al PAN; perdió Tomás Eduardo Góngora Peniche, operado por gente del senador Jorge Carlos Ramírez Marín, de su hijo Jorge Carlos Ramírez Granados —director del Registro Civil— y de María Fernanda Vivas Sierra, polémica directora del Centro de Conciliación Laboral, cuyos operadores en el terreno eran la presidenta saliente Alfonsina Cámara y el consejero Dilan Vermont. Toda la maquinaria oficialista movida a favor de un candidato, y aun así perdió. “Esto debería ser un aviso de lo que puede pasar en 2027”, advierten nuestros informantes de aquella casa de estudios… y no les falta razón.

VAYA ESCENA LA del izamiento del 16 de septiembre. Mientras la alcaldesa Cecilia Patrón Laviada sostenía una conversación larga y visiblemente amena con el comandante Felipe Saidén Ojeda, otra presencia robaba las miradas: la diputada Naomi Peniche, con un semblante desencajado que decía más que cualquier discurso. El motivo, sólo ella lo sabe. Pero la coincidencia de gestos mientras alcaldesa y comandante charlaban con esa familiaridad que nadie pasó por alto, no pasó inadvertida.

QUIEN HACE APARICIONES fugaces —y sin un solo logro que mostrar— es el exdiputado suplente de Mauricio Vila y exdirector de Atención Ciudadana estatal, Giovanni Canto Gómez, convertido ahora en porrista de ofi cio del gobierno en turno. Lo curioso es que sigue fi gurando como consejero político del PAN pese a que su salida del gobierno anterior no fue precisamente amistosa: múltiples acusaciones de acoso laboral que llegaron hasta el entonces gobernador lo mandaron directo a la banca, un exilio que, según nuestros informantes, todavía le arde.

NOS CUENTAN QUE para entender los movimientos de Movimiento Ciudadano en Yucatán hay que remontarse a antes de 2024, cuando Ivonne Ortega Pacheco impuso una regla sin margen de discusión: dos años para el propietario, uno para el suplente, tanto en diputaciones como en regidurías.

Humberto Maldonado es la excepción que confi rma la regla, pues permanecerá los tres años completos, luego de que Jesús Rivero Covarrubias —titular original de la regiduría— fuera absorbido como jefe de Comunicación Social de la bancada emecista en San Lázaro, coordinada por la propia Ortega.

Donde el “dos más uno” sí operó sin fi suras fue con Gabriela González Ojeda, que pidió licencia tras sus dos años para dar paso a Ximena Fernanda Rivas Alfaro. Lo mismo ocurrió en el Congreso con Javier Osante, relevado por Abigail Uc Canché. Pero hay una excepción que no encaja en ningún molde: Larissa Acosta Escalante, cuya permanencia, según las versiones internas del partido, no depende del grupo de Ortega sino de su padrino político directo, Jorge Álvarez Máynez.

Durante la visita de la presidenta a Yucatán TODO ES PERSONAL.