Quintana Roo / Cancún

Basurero clandestino crece junto al Estadio “Beto Ávila" en la Sm 21 de Cancún

Vecinos denuncian malos olores, presencia de moscas y acumulación de residuos orgánicos, además de muebles abandonados durante las noches.

Entre bolsas reventadas y residuos de todo tipo, el lote se ha convertido en foco de infección
Entre bolsas reventadas y residuos de todo tipo, el lote se ha convertido en foco de infección / Liza Vera

En una de las zonas más céntricas de Cancún, donde la ciudad presume su historia y desarrollo, la realidad se descompone entre bolsas negras, restos orgánicos y desechos acumulados sin control, en medio de una vasta vegetación y fauna silvestre, sobre la avenida Mayapán, en la Supermanzana 21 -a un costado del emblemático Estadio de Béisbol “Beto Ávila” - un lote baldío se ha convertido en un basurero clandestino que crece día con día, ante la mirada cotidiana de ciudadanos y autoridades.

El contraste resulta difícil de ignorar. A escasos metros del tiradero opera un vivero, rodeado de plantas que intentan sobrevivir al hedor y la contaminación. Apenas unos pasos más allá, se ubican oficinas de dependencias ambientales federales como la Fondo Nacional de Fomento al Turismo, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente. Todas con una misión en común: proteger el entorno. Sin embargo, ese entorno inmediato parece contar otra historia.

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Entre bolsas reventadas y residuos de todo tipo, el lote se ha convertido en foco de infección. Moscas, malos olores y el riesgo sanitario son parte del paisaje diario, incluso para quienes acuden a una unidad deportiva cercana o para los niños del Jardín de Niños “Lowry School”, ubicado a unos metros del lugar.

“Es increíble, aquí pasan todos los días, ven esto y no hacen nada”, comentó don Ernesto, vecino de la zona. “Dicen que hay que denunciar, pero ¿cómo no lo van a ver si está a la vista de todos?”, cuestionó una mujer de la tercera edad que pasa seguido por el lugar.

Ciudadanos señalan que las autoridades no intervienen si no existe una denuncia formal / Liza Vera

El argumento institucional -según refieren ciudadanos- suele ser el mismo: si no hay denuncia formal, no hay intervención. Una lógica que, en la práctica, termina trasladando la responsabilidad al ciudadano, mientras el problema crece sin freno.

Un recorrido por la zona permitió recoger distintas voces: “Ya tiene meses así. Limpian tantito y al otro día vuelve la basura”… “el contenedor está vacío, pero a un lado en el suelo, están todas las bolsas de basura” comentaron dos personas que trabajan cerca del vivero.

“Aquí viene gente en la noche a tirar cosas, hasta muebles. Nadie vigila”, agregó José Luis, deportista frecuente de la unidad cercana. “Se ve feo, sobre todo para los niños que están a un lado, ya se reportó pero no se hace gran cosa”, dijo una madre de familia del colegio cercano.

La escena no solo refleja un problema de servicios públicos, sino una contradicción profunda: oficinas dedicadas a la protección ambiental conviven, pared con pared, con un foco de contaminación. Mientras tanto, el basurero sigue creciendo, al tiempo que los ciudadanos se preguntan si de verdad hace falta una denuncia para ver lo que es evidente.