La hora de salida escolar en el Colegio Boston se convierte todos los días en una auténtica prueba de paciencia y supervivencia sobre las avenidas Chichén Itzá y Andrés Quintana Roo, donde padres de familia que acuden por sus hijos a un colegio particular hacen gala de una preocupante falta de civismo y convierten calles, banquetas y hasta accesos particulares en estacionamientos improvisados.
Aunque recurrentemente se ha notificado a las autoridades, no han hecho absolutamente nada para resolver este grave problema.
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Vecinos de la zona consultados aseguraron que la situación no se limita a una breve maniobra para recoger a los estudiantes. Hay vehículos que permanecen 20 minutos, media hora o incluso más, provocando largas filas y obligando a otros conductores a realizar maniobras peligrosas para poder avanzar.
El panorama resulta todavía más delicado porque ocurre justamente en un sector donde diariamente se concentra una gran cantidad de alumnos. Los habitantes advirtieron que los menores cruzan entre automóviles que entran, salen y se detienen prácticamente en cualquier espacio disponible, con el riesgo permanente de que ocurra un accidente.
El reclamo ciudadano apunta directamente a la Dirección de Tránsito, pues, pese a que ya se ha solicitado su intervención para ordenar la circulación durante el horario de salida, el conflicto continúa.
También se han realizado reportes mediante ChatCun y, aunque respondieron casi de inmediato, la resolución puede demorar semanas. “Su folio es: 125239. Si después de 21 días tu reporte aún no ha sido atendido, puedes comunicarte nuevamente con nosotros y con gusto le daremos seguimiento”.
Indicaron que entre las 13:30 y las 15:00 horas, el sector se transforma en un embudo vial. Automovilistas se detienen donde les da la gana, ocupan carriles completos, bloquean accesos de viviendas y permanecen varios minutos con la unidad estacionada, mientras esperan a sus hijos o realizan compras en los puestos de alimentos instalados en los alrededores.
A la falta de vigilancia se suma la presencia de vendedores de comida chatarra en las inmediaciones del plantel, lo que contribuye a que algunos padres no solamente lleguen por sus hijos, sino que permanezcan en el lugar mientras adquieren alimentos.
Los vecinos cuestionaron que las autoridades esperen a que ocurra una tragedia para intervenir. En ese tramo coinciden estudiantes que caminan, vehículos que entran y salen, automovilistas aparcados en doble fila, conductores y “combis” que intentan avanzar por las avenidas ya saturadas.
El espectáculo se repite prácticamente todos los días: padres que exigen seguridad para sus hijos, pero que al recogerlos contribuyen a generar las condiciones para que ocurra un accidente.