El agua subterránea de Yucatán enfrenta un elevado riesgo de contaminación debido a las características del suelo, que permiten la rápida infiltración de sustancias procedentes de actividades agrícolas, ganaderas y urbanas, advirtieron investigadores especializados en los sistemas kársticos de la entidad.
Yameli Aguilar Duarte, investigadora del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), explicó que la roca caliza sobre la que se asienta gran parte del territorio yucateco presenta cavidades, fracturas y conductos naturales por los que el agua de lluvia puede filtrarse hacia el subsuelo, arrastrando contaminantes.
Esta condición representa un riesgo para el acuífero, principal fuente de abastecimiento de agua de la población, pues facilita que los residuos depositados en la superficie alcancen las reservas subterráneas sin atravesar barreras naturales suficientes para retenerlos.
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La especialista señaló que actividades como la agricultura intensiva, la ganadería y el manejo inadecuado de los desechos urbanos pueden contribuir al deterioro de la calidad del recurso hídrico.
El problema adquiere mayor dimensión al considerar que alrededor del 95% de la superficie estatal presenta características kársticas, de acuerdo con investigaciones científicas sobre la geología de Yucatán.
Antecedentes recientes
Un estudio publicado en 2022 por Eduardo Batllori y Sophia Canto en el Boletín de la Sociedad Geológica Mexicana encontró que el 58% del territorio yucateco presenta vulnerabilidad alta, muy alta o extrema a la contaminación del acuífero.
La investigación identificó mayores niveles de susceptibilidad en distintas zonas del estado, particularmente en áreas relacionadas con el sistema de anillos del cráter de Chicxulub y regiones del oriente
donde existen numerosas fracturas, cenotes y otros conductos naturales.
En contraste, el 28% del territorio fue clasificado con vulnerabilidad media y el 14% con vulnerabilidad baja, lo que demuestra que el riesgo no es uniforme en toda la entidad.
Aguilar Duarte explicó que estos sistemas subterráneos también sostienen ecosistemas, actividades productivas y procesos naturales indispensables para la conservación de la biodiversidad.
Por ello, consideró necesario incorporar las características geológicas del territorio en las decisiones sobre agricultura, ganadería, disposición de residuos y aprovechamiento del suelo.
La vulnerabilidad natural del acuífero no implica que toda el agua subterránea esté contaminada, pero sí que determinadas actividades humanas pueden representar una amenaza mayor cuando no existen medidas adecuadas de prevención y tratamiento de desechos.
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La Comisión Nacional del Agua ha reconocido que las condiciones del subsuelo peninsular favorecen la infiltración de contaminantes, especialmente en zonas donde las aguas residuales se descargan mediante fosas sépticas deficientes o pozos de absorción.
Por su parte, Héctor Estrada Medina, investigador de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), informó que estos problemas serán abordados durante la décima reunión anual de la Asociación Mexicana de Estudios sobre el Karst (AMEK), que se realizará del 4 al 6 de noviembre en el Campus de Ciencias Biológicas y Agropecuarias.
El encuentro reunirá a especialistas de distintas entidades del país para presentar investigaciones sobre geología, hidrología, agricultura, ecología y conservación de los recursos naturales.