Yucatán

Pipián de huevo, herencia prehispánica que sigue viva en la gastronomía yucateca

El Onsikil o pipián de huevo reina en la Cuaresma en Yucatán.

Cocineras tradicionales preservan el pipián de huevo como herencia milenaria en la Cuaresma
Cocineras tradicionales preservan el pipián de huevo como herencia milenaria en la Cuaresma / José Borges

En el corazón de Tekal de Venegas, la llegada de la Cuaresma no sólo representa un período de reflexión religiosa para la comunidad católica, sino también el renacimiento de una tradición culinaria que hunde sus raíces en la época prehispánica.

Mientras que en otras regiones del país el pescado y los mariscos protagonizan las mesas durante los viernes de vigilia, en el interior del estado de Yucatán una alternativa predilecta es el pipián de huevo, conocido en lengua maya como onsikil.

Este platillo es el resultado de una rica amalgama cultural y destaca por su capacidad de ofrecer un festín de sabores sin la necesidad de incluir carnes rojas, ajustándose estrictamente a los mandamientos de abstinencia eclesiástica.

La esencia del onsikil reside en la pepita de calabaza tostada y molida, un ingrediente que los habitantes locales denominan sikil y que constituye la base de un caldo espeso y reconfortante llamado cool.

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Según explicó la cocinera tradicional Antonia Ceh May, la preparación comienza con el cuidado de la materia prima, donde el polvo de la semilla se integra al agua para formar la textura característica del guiso. El proceso se complementa con el uso de huevos duros que, tras ser cocidos y pelados, se incorporan al caldo caliente para absorber todos los aromas de las especias, logrando una consistencia suculenta que ha alimentado a generaciones de yucatecos.

La técnica de elaboración, aunque puede variar sutilmente según el toque personal de cada hogar, mantiene elementos fundamentales que garantizan su autenticidad.

La señora Ceh May detallaó que es común iniciar con un sofrito de cebolla, ajo y achiote, dependiendo del gusto particular de la cocinera, para luego añadir ingredientes como el epazote y trozos de tomate que realzan la profundidad del sabor. En algunas variantes, se agregan pedazos de repollo para aportar mayor textura y variedad al plato al momento de servirlo, demostrando la versatilidad de los productos que ofrece la tierra regional.

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Esta riqueza gastronómica es, en gran medida, un legado directo del sistema de la milpa y la agricultura tradicional que aún persiste en la zona.

El cocinero Obed Chalé Moo enfatizó que la base de la alimentación local, compuesta por el maíz, el frijol, el chile y la calabaza, ha permitido que la cocina yucateca goce de un prestigio internacional inigualable.

El hecho de que el pipián pueda adaptarse con huevo o legumbres durante la Cuaresma, o incluso con carnes de monte como venado y conejo en otras épocas del año, refleja la profunda conexión entre los ciclos de la naturaleza y las necesidades nutricionales y espirituales de la comunidad.

Al final del día, el pipián de huevo se erige como un testimonio vivo de la historia de Yucatán, donde el uso de nombres en lengua maya y la persistencia de técnicas ancestrales hacen evidente su origen milenario.

Este platillo no es únicamente una opción para cumplir con la Cuaresma, sino una celebración de la identidad cultural que se sirve en cada plato, recordándonos que la cocina es, ante todo, un lenguaje que narra el pasado y el presente de un pueblo a través de sus ingredientes por más sencillos que puedan ser.