Este puerto recuerda hoy uno de los episodios más dolorosos de su historia al conmemorarse el 102 aniversario de la ejecución de los llamados Mártires de Progreso, cuatro hombres que perdieron la vida en 1924 por su lucha en defensa de los derechos laborales, a inicios del sindicalismo regional.
De acuerdo con el cronista de la ciudad, Pedro Juan Bermúdez Solís, el 22 de marzo de 1924 quedó marcado como una fecha trágica en la memoria colectiva. En ese entonces, durante la administración del general Juan Ricárdez Broca, quien se había autoproclamado gobernador de Yucatán, un grupo de soldados del 18 Batallón, bajo las órdenes del capitán Fermín González, ejecutó a cuatro ciudadanos en un acto que quedó registrado como un abuso de poder.
Noticia Destacada
En una semana, Yucatán registró más de 5 mil casos de enfermedades respiratorias
Las víctimas fueron Cecilio Pérez, trabajador de plataforma; Piedad Luna, integrante de la Liga de Trabajadores Terrestres; Luis Zavala, agente de Policía; y Francisco Morales Gollez, pagador de la compañía de transportes, vocal del Concejo Municipal y delegado de la Beneficencia Española en el puerto. Los cuatro fueron detenidos y conducidos por la entonces calle 31 hasta la actual 98, frente al antiguo cementerio general, a la altura de la capilla de Guadalupe.
Actualmente existe un parque que recuerda esta oscura efeméride, el cual fue entregado el 10 de diciembre del 2016 por autoridades federales y municipales.
Según los testimonios históricos, los hombres fueron obligados a caminar mientras detrás de ellos avanzaba una carreta que transportaba las cuerdas que serían utilizadas para su ejecución.
Noticia Destacada
Profepa desarticula una red de tráfico ilegal de fauna en Mérida: loros, tortuga marina, venado y pecarí, entre las especies decomisadas
Al llegar al sitio, y ante la mirada de una multitud que incluía a numerosos niños que salían de la escuela, el capitán ordenó que fueran ahorcados alrededor de las 17:00 horas, utilizando incluso un caballo de la comandancia para consumar el acto.
El investigador Rómulo Aguilar Escamilla, en su obra documental Progreso, su evolución política y sindical, señala que la ejecución tuvo como propósito infundir temor entre la población y consolidar la autoridad militar en el puerto, en un contexto de tensiones sociales y laborales propias de la época. Aguilar Escamilla, quien posteriormente fue presidente municipal entre 1927 y 1928, fue testigo cercano de estos deshonrosos y difíciles acontecimientos.
El contexto histórico en el que ocurrieron estos hechos estuvo marcado por la violencia política en Yucatán, particularmente tras el asesinato de Felipe Carrillo Puerto el 3 de enero de ese mismo año.
Tras las ejecuciones, y de acuerdo con registros históricos, los integrantes restantes del Concejo Municipal abordaron el tren con destino a Mérida esa misma tarde para presentar su renuncia en masa ante el Gobierno estatal, en medio de un ambiente de temor e indignación generalizado.
Como lo expresó Carlos Francisco Morales Trejo, descendiente de una de las víctimas, en una conmemoración previa, los cuerpos permanecieron colgados a la entrada del panteón como una forma de escarmiento público y de advertencia para no rebelarse ante los abusos del poder.
Este hecho dejó una profunda huella en la historia política,sindical y social de Progreso y es recordado como uno de los episodios más sombríos en la lucha por los derechos laborales en la región.