El calor no llegará de golpe, pero ya empezó a instalarse. A partir del 15 de abril, Yucatán entra de lleno a su periodo de estiaje con temperaturas que rondarán los 38 grados Celsius, en un escenario que los especialistas consideran dentro de lo normal, aunque con alertas claras en regiones específicas del estado.
Lejos de los pronósticos alarmistas que circulan en redes sociales, el análisis del Comité Institucional para la Atención de Fenómenos Meteorológicos Extremos (Ciafeme) de la Universidad Autónoma de Yucatán señala que no hay evidencia de un evento extremo inmediato.
No se esperan, por ahora, temperaturas superiores a los 45 grados ni olas de calor fuera de registro. Lo que sí viene es un aumento progresivo, sostenido, que ya comenzó a notarse en los últimos días.
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Durante la primera mitad de abril, el clima dio una tregua poco común. Frentes fríos fuera de temporada dejaron lluvias y vientos que refrescaron incluso la costa. Esa humedad residual –poco habitual para esta época– permitió amortiguar el impacto inicial del calor. Pero ese equilibrio empieza a romperse.
Sequía severa
En la última semana, las temperaturas mínimas han subido en promedio 1.5 grados, una señal técnica clara de que el aire frío se retiró y el dominio del aire tropical ya es total.
La sequía, sin embargo, no se reparte de manera uniforme. Mientras el centro y el sur del estado aún conservan algo de humedad en el suelo, el noreste ya muestra signos de estrés. En Tizimín, por ejemplo, la condición ha escalado a sequía severa, con pastizales secos y un repunte en incendios.
Es ahí donde el estiaje se vuelve más tangible: en el campo que se agrieta, en el ganado que requiere más agua, en los costos que suben.
Crisis hídrica
El comportamiento tiene lógica. Yucatán no depende de ríos visibles, sino de un acuífero subterráneo vulnerable a la evaporación. Cuando deja de llover, el impacto no se ve en cauces secos, sino en el desgaste silencioso del subsuelo y en la vegetación que pierde vigor.
A esto se suma otro fenómeno cada vez más evidente: el calor urbano. En Mérida, el crecimiento acelerado, el concreto y la pérdida de áreas verdes han creado islas de calor que intensifican la sensación térmica. Un día de 37 grados no se siente como 37.
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Lo que viene en las próximas semanas es un incremento gradual. Las proyecciones apuntan a que los picos más altos se presenten hacia finales de abril e inicios de mayo, con episodios que podrían superar los 40 grados durante varios días consecutivos. No será un salto abrupto, pero sí una escalada constante.
El peligro del fuego
Con el calor también llega el fuego. Se estima que los incendios podrían aumentar hasta 25 por ciento en las zonas más secas del noreste, donde la vegetación se convierte en combustible.
Al mismo tiempo, el uso de ventiladores y aires acondicionados irá en aumento. La Comisión Federal de Electricidad prevé que la demanda se mantenga dentro de rangos operativos, aunque en los hogares el recibo podría resentir el cambio de estación.
El estiaje también dibuja contrastes económicos. Mientras en la costa, puntos como Progreso y Telchac Puerto se benefician con la llegada de visitantes que buscan escapar del calor, en el interior del estado el panorama es más complejo. Ganaderos y productores enfrentan mayores gastos para sostener la producción, en un contexto donde cada litro de agua cuenta.
En medio de este escenario, el llamado de los especialistas es claro: evitar la desinformación. No hay señales de una catástrofe inmediata, pero sí de un periodo crítico que exige atención, sobre todo en las zonas más vulnerables. El calor en Yucatán no necesita ser histórico para ser duro. Basta con que avance, como ya lo está haciendo, día tras día.