La temporada de anidación de tortugas marinas en las costas yucatecas arranca este 2026 con un llamado urgente: proteger un ecosistema frágil que, pese a registrar cifras récord el año pasado, enfrenta riesgos crecientes por la presión humana y la falta de información integral sobre otras especies en peligro.
Autoridades ambientales de los tres niveles de gobierno, investigadores y organizaciones civiles coincidieron en que el comportamiento de los visitantes durante los periodos vacacionales será determinante para el éxito reproductivo de especies como la tortuga carey y la tortuga blanca, dos de las más emblemáticas del litoral estatal.
El exhorto no es menor. Durante el 2025, Yucatán alcanzó uno de los mejores resultados de su historia reciente: más de 724 mil crías de tortuga marina lograron llegar al mar, tras el resguardo de 11 mil 773 nidos y la protección de más de 1.2 millones de huevos en 11 campamentos distribuidos a lo largo de la costa de la entidad.
La tasa de éxito, cercana al 60 por ciento, es considerada alta frente a otros puntos del país.
Noticia Destacada
¡Indignante! Captan saqueo de nidos de tortugas en uno de los principales santuarios de México; ¿qué dice la Profepa?
Sin embargo, estos números positivos conviven con una realidad incómoda: la presión turística, la invasión de vehículos en playas y la alteración de dunas costeras continúan siendo amenazas directas para los sitios de anidación.
Acuerdos bajo lupa
Durante la más reciente sesión del Comité para la Conservación de las Tortugas Marinas en Yucatán, un organismo que agrupa a dependencias como la Secretaría de Desarrollo Sustentable (SDS), Semarnat, Conanp, Profepa, así como instituciones académicas y ONG, se delinearon las estrategias para la temporada que se extiende de abril a noviembre.
Entre las decisiones más relevantes destaca la eliminación de liberaciones públicas de crías, una práctica que, aunque popular entre turistas, puede generar estrés en los ejemplares y alterar su proceso natural.
A partir de este año, los campamentos deberán apegarse estrictamente a la normatividad federal, que prohíbe cualquier forma de explotación, comercialización o consumo de tortugas y sus derivados.
También se acordó estandarizar la capacitación de voluntarios, fortalecer la vigilancia en playas mediante coordinación interinstitucional y desarrollar una plataforma digital compartida para monitorear en tiempo real la información de los campamentos.
Turismo vs conservación
El inicio de la temporada coincide con uno de los momentos de mayor afluencia turística: la Semana Santa. Para las autoridades, este cruce representa un punto crítico.
Caminar fuera de senderos, encender fogatas, utilizar cuatrimotos o ingresar vehículos a la playa son prácticas que, aunque comunes, pueden destruir nidos o desorientar a las hembras durante el desove.
Noticia Destacada
Captura ilegal de tortugas amenaza temporada de anidación en Carmen
Funcionarios ambientales insisten en que la conservación no depende únicamente de operativos oficiales, sino del comportamiento individual de quienes visitan la costa.
Las de agua y las de tierra
Aunque el foco mediático suele centrarse en las especies marinas, especialistas advierten que la situación de las tortugas de agua dulce y terrestres en Yucatán es igual —o más— preocupante.
Investigaciones recientes de la comunidad científica revelan que al menos seis de las 12 especies de tortugas presentes en el estado enfrentan algún grado de amenaza.
Entre los casos más delicados se encuentra la tortuga de pantano yucateca (Kinosternon creaseri), especie endémica conocida en lengua maya como Xtuk’is, cuya distribución se limita a una reducida zona del Sur del estado. Su estatus ha sido elevado a “Casi Amenazada”, lo que implica que cualquier alteración en su hábitat la empujaría a la extinción global.
Aún más grave es la situación de la tortuga blanca de agua dulce (Dermatemys mawii), catalogada en “Peligro Crítico”, lo que la coloca entre las especies más amenazadas de la región.
Otras especies, como la tortuga almizclera, la mojina de monte y la tres lomos, también se encuentran en niveles de riesgo, principalmente por la pérdida de hábitat, la contaminación y la captura ilegal.
Un equilibrio delicado
El caso de Yucatán ilustra una paradoja ambiental: mientras los programas de conservación logran resultados alentadores en el ámbito marino, el panorama general de los quelonios en la región sigue siendo incierto.La falta de visibilidad sobre las especies no marinas, sumada a la presión del desarrollo turístico y urbano, plantea un desafío que va más allá de la temporada de anidación.
En este contexto, especialistas coinciden en que la conservación efectiva no puede limitarse a cifras de liberación, sino que debe incluir una estrategia integral que abarque todos los ecosistemas donde habitan estas especies.