Yucatán

Manchas de diésel avanzan frente a Progreso; reportan daños y alertan riesgos a la salud y al turismo

Pescadores de Progreso llevan semanas denunciando un derrame de diésel en la costa.

Trabajadores de Pemex colocan barreras junto al muelle para contener manchas de combustible
Trabajadores de Pemex colocan barreras junto al muelle para contener manchas de combustible / Gerardo Keb

Frente a las costas de Progreso, pescadores y vecinos llevan meses señalando manchas oscuras que avanzan con la marea. Apenas ayer, tras semanas de reportes ignorados, personal de Petróleos Mexicanos desplegó un operativo para contener un presunto derrame de diésel en aguas cercanas al puerto.

Desde temprana hora, cuadrillas de la paraestatal arribaron a la playa, a la altura del muelle conocido como Chocolate, y con apoyo de pescadores ribereños se trasladaron mar adentro hacia el Muelle de Arcos, punto identificado como origen de la filtración. Ahí, entre embarcaciones menores y corrientes que no dan tregua, instalaron barreras de contención de color naranja para intentar frenar la dispersión del hidrocarburo.

Dos fugas, meses de advertencias

De acuerdo con información recabada en campo, se habrían detectado al menos dos puntos de fuga: uno a unos 250-300 metros de la orilla y otro a aproximadamente 100-150 metros. Ambas filtraciones estarían vinculadas, de manera preliminar, con ductos submarinos que conectan con la terminal remota del puerto y que, al parecer, fueron clausurados en el 2024, pero que han estado filtrando hidrocarburos.

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La hipótesis principal apunta a una ruptura en tuberías utilizadas para el transporte de hidrocarburos, con daños en al menos dos tramos. Sin embargo, hasta el momento no existe un posicionamiento oficial que confirme el origen ni la magnitud del incidente.

Lo que sí es claro es el tiempo: pescadores aseguran que el problema no es reciente. Desde hace meses han documentado la presencia de combustible con fotografías, videos y reportes formales. La respuesta, coincidieron, llegó tarde.

El costo invisible: pesca, salud y turismo

Para los hombres de mar, el impacto ya es tangible. Redes impregnadas, embarcaciones contaminadas y zonas de captura abandonadas son parte del saldo inmediato.

“Esto nos pega directo. El pescado se va, las redes se dañan y uno no puede trabajar igual”, advierte José Vázquez, pescador ribereño.

El riesgo no es menor. La contaminación por hidrocarburos puede alterar ecosistemas marinos, afectar especies de alto valor comercial y comprometer la calidad de productos destinados al consumo humano. A mediano plazo, especialistas advierten posibles efectos en la cadena alimentaria y en la salud pública.

Pero hay otro frente: el turístico. Progreso, principal puerto de Yucatán, depende en gran medida de visitantes nacionales e internacionales. La presencia de manchas de combustible a escasos cientos de metros de la playa amenaza con erosionar la imagen del destino.

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Contención limitada

Aunque personal técnico lleva al menos tres días en la zona, las acciones se han limitado a la colocación de barreras. Pescadores sostienen que la mancha sigue visible y que las corrientes marinas, de Oriente a Poniente, favorecen su desplazamiento.

Fuentes cercanas al operativo admiten, de manera extraoficial, que no se cuenta con el equipo ni los recursos suficientes para una reparación inmediata de fondo, por lo que se analiza una intervención mayor en el mediano plazo.

En paralelo, elementos de la Secretaría de Marina participan en labores de inspección, mientras técnicos de Pemex revisan la estructura del ducto en la vía Mérida-Progreso.

Un patrón que se repite

El caso de Progreso no ocurre en el vacío. A inicios del 2026, un derrame de hidrocarburos en el Golfo de México, originado en un ducto del complejo Cantarell, se extendió por más de 900 kilómetros entre Veracruz y Tabasco, evidenciando fallas en la detección oportuna y manejo de contingencias.

En su momento, autoridades aseguraron que dicho evento no afectaba costas yucatecas. Ayer, la aparición de combustible frente a Progreso reabre la discusión sobre la vigilancia, mantenimiento de infraestructura energética y la transparencia en la información.

Mientras las manchas persisten, la incertidumbre crece. No hay cifras claras sobre el volumen derramado, ni un diagnóstico público sobre los daños ambientales.