Yucatán

Mar se come a Yucatán: Obra pública mal planeada y desarrollo inmobiliario sin control impactan los más de 300 km de litoral

La erosión costera avanza en Yucatán despacio y en silencio, devorando decenas de metros de playas.

La erosión costera borra arena, destruye viviendas, colapsa empleos e impide el desove de tortugas 
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La erosión costera borra arena, destruye viviendas, colapsa empleos e impide el desove de tortugas marinas / Especial

Donde antes había metros de arena blanca y palmeras que se doblaban con la brisa del Golfo, hoy quedan piedras filosas, escombros y el ruido constante del agua golpeando directamente el malecón.

La erosión costera en Yucatán ya no es un fenómeno que avanza despacio ni en silencio: en los últimos dieciocho meses ha devorado decenas de metros de playa en Progreso, Chelem, Chicxulub Puerto, Telchac y Dzilam de Bravo, dejando familias con el mar en la puerta de casa, pescadores sin donde guardar sus lanchas y comerciantes que ven cómo se vacían sus negocios junto con la arena que desaparece.

Esta no es una catástrofe natural repentina. Es el resultado de al menos cuatro décadas de decisiones humanas –algunas tomadas por el Estado, otras por particulares– que interrumpieron la dinámica natural de uno de los litorales más planos y vulnerables de México. El diagnóstico lo comparten científicos de la UNAM, del Cinvestav Mérida, del Cicese y de organismos internacionales como la NASA: el litoral yucateco está en crisis, y los parches con que se intenta frenarla no bastan.

El muelle que cambió todo

Para entender lo que le está pasando a la costa de Yucatán hay que retroceder a 1985, cuando el entonces gobernador Víctor Cervera Pacheco impulsó la extensión del muelle fiscal de Progreso hasta convertirlo en uno de los más largos del mundo: 6.5 kilómetros que se internan en el Golfo de México para permitir el atraque de cruceros y embarcaciones de gran calado.

La obra fue un acierto económico –hoy el Puerto de Progreso es el principal punto de entrada de mercancías en la Península de Yucatán– pero un desastre para la dinámica costera. Investigaciones conjuntas de la NASA y el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (Cicese) confirmaron, a partir de imágenes del satélite Landsat 8, que la estructura interrumpe el flujo natural de sedimentos que la corriente de deriva costera transporta de oriente a poniente a lo largo del litoral.

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La investigadora Gabriela García Rubio, del Cicese, explica que la terminal remota del muelle –construida como relleno de rocas, no con arcos como la parte original– bloquea por completo el paso de las corrientes. Esto genera lo que los oceanógrafos llaman “acreción a la deriva y erosión a la deriva”: acumulación artificial de arena en algunos puntos y pérdida severa en otros, especialmente en Chelem, Chicxulub y el malecón tradicional de Progreso.

El propio gobierno federal lo reconoció: en el oficio SGPA/DGIRA/DG-06180-21, emitido por la Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental de la Semarnat en diciembre del 2021, se admite que la presencia del muelle genera un gradiente en el transporte de sedimentos a lo largo de más de siete kilómetros, con erosión visible en los primeros seis kilómetros después del Puerto de Abrigo de Yucalpetén. A pesar de ese reconocimiento oficial, las obras de ampliación del puerto continuaron.

Dragado que aceleró la crisis

El 11 de enero del 2025, la draga Fernando de Magallanes inició trabajos frente a las costas de Progreso. Según testimonios de comerciantes del malecón y documentos judiciales consultados, fue a partir de esa fecha cuando la erosión se aceleró de forma dramática en el malecón tradicional, la zona más frecuentada por los turistas y de donde dependen más de mil trabajadores directos.

En septiembre de 2025 la erosión alcanzó el malecón internacional. En marzo de 2026, el impacto económico ya es palpable: menos visitantes, estancias más cortas, caída de ingresos.

El amparo indirecto 1919/2025, promovido por defensores ambientales ante un juzgado federal, documenta irregularidades graves en el proyecto: la Manifestación de Impacto Ambiental autorizada cubre sólo 40 hectáreas, pero la obra real abarca 80, sin evaluación adicional. Los promoventes argumentan violaciones a la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (Lgeepa) y al Acuerdo de Escazú. Propietarios de predios costeros evalúan demandar al Estado mexicano por responsabilidad patrimonial.

Un litoral devorado en cuatro décadas

Los números hablan por sí solos. Entre 1980 y 2019, el litoral yucateco perdió en promedio 19 metros de playa a lo largo de toda la costa. El investigador Jorge Euán, quien ha documentado el fenómeno desde hace décadas, ha detectado retrocesos de hasta seis metros por año en zonas de alto riesgo como Chelem, Chuburná y Chicxulub. En Telchac Puerto, imágenes satelitales muestran retrocesos de hasta 100 metros tierra adentro en algunos puntos.

Tras el paso del huracán Milton en octubre de 2024 –que aunque no tocó tierra en Yucatán alteró profundamente las corrientes marinas del Golfo– y por efecto del fenómeno local conocido como “chikin ic”, se estima que Progreso perdió hasta 20 metros adicionales de playa en apenas semanas. La delegación de Semarnat en Yucatán reconoció en enero de 2026 que el problema no se limita a Progreso: “No podemos particularizar Progreso, Telchac o Dzilam. No. Es toda la costa”, declaró el delegado Guillermo Humberto Porras Quevedo.

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El 27 por ciento de la franja costera yucateca tiene viviendas construidas a menos de 10 metros del mar, según datos de la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios (AMPI). Ese mismo desarrollo inmobiliario acelerado –con condominios que eliminaron dunas y arrasaron manglares– destruyó las barreras naturales que durante siglos protegieron la playa del embate del oleaje.

En Chicxulub Puerto, donde la playa cerca del muelle prácticamente ha desaparecido, sólo quedan enormes piedras filosas que representan un peligro constante para los bañistas.

Remedios que no curan

Frente al avance del mar, autoridades municipales y estatales han respondido con medidas de emergencia que los especialistas califican como paliativos. En diciembre del 2025 y en los primeros meses del 2026, trabajadores de una empresa constructora colocaron bolsas gigantes de arena en el malecón de Progreso. En octubre del 2025 el Ayuntamiento instaló geotubos –grandes cilindros de geotextil rellenos de arena– desde la Playa Incluyente hasta las letras turísticas del malecón.

El problema, dicen los investigadores, es que estas obras no atacan la causa. El oceanógrafo Christian Appendini, ex coordinador de la Unidad Académica Sisal del Instituto de Ingeniería de la UNAM, señala que las estructuras de contención improvisadas interrumpen el tránsito natural del sedimento y generan acumulación en un punto mientras erosionan las playas adyacentes.

“Los visitantes verán playa por un tiempo, pero cuando regresen meses después, la arena ya no estará”, advierte. Un monitoreo realizado por la UNAM entre Progreso y Telchac comprobó que espolones construidos para retener arena en una zona acabaron arrasando playas vecinas.

En los primeros 16 kilómetros al Oriente del muelle de Progreso se han identificado más de 400 estructuras de “protección costera” construidas por particulares sin ningún fundamento de ingeniería: espolones de madera, rocas apiladas, muros de concreto, geotubos artesanales. Cada una de ellas, según los expertos, transfiere el problema a los predios de los vecinos.

La secretaria de Desarrollo Sustentable de Yucatán, Neyra Silva Rosado, ha señalado que la mayoría son irregulares y violan el reglamento ambiental de playas, pero su retiro ha sido lento y poco efectivo. En el 2023, el presupuesto destinado a acciones específicas contra la erosión costera en Yucatán fue de apenas 674 mil pesos, menos del 12 por ciento de lo que los expertos consideran necesario para un programa mínimamente efectivo.

El gobierno estatal ha gastado alrededor de 50 millones de pesos en trabajos de conservación y relleno en los últimos años, sin que los resultados sean duraderos. La única solución mencionada por todos los expertos consultados –un sistema de bypass o trasvase artificial de sedimentos que replique el flujo natural interrumpido por el muelle– requiere una inversión millonaria y una voluntad política que hasta ahora no se ha concretado.

El ecosistema también pierde

La erosión no sólo borra playas: borra ecosistemas. En Chelem Puerto, durante el 2025, se documentaron al menos dos casos de tortugas marinas que salieron a desovar y regresaron al mar sin cumplir su ciclo reproductivo: la arena compacta, mezclada con escombros, hace imposible anidar. En Progreso, las tortugas sólo logran excavar 10 centímetros o menos antes de rendirse. En Chicxulub, las lanchas de pescadores quedan expuestas al oleaje porque ya no existe arco de playa donde resguardarlas; en temporada de nortes, muchas embarcaciones sufren daños o quedan inutilizables.

Las dunas –que actúan como reservorio natural de arena y primera línea de defensa contra los ciclones– han desaparecido en la mayor parte del litoral entre Progreso y sus comisarías. Los manglares, que absorben el impacto del oleaje y son vivero de decenas de especies marinas, han sido talados para dar paso a fraccionamientos. Ambas barreras naturales, una vez eliminadas, tardan décadas en recuperarse.

El cambio climático convierte un problema grave en uno potencialmente irreversible. Proyecciones de la NASA y la ONU estiman que el nivel del mar podría aumentar cerca de un metro hacia el 2100. Para el litoral yucateco –plano, sin acantilados, con pendientes mínimas– ese aumento tendría consecuencias devastadoras.