La fe se desbordó esta mañana en el Santuario Diocesano Mariano de Nuestra Señora de Guadalupe, donde cientos de campechanos llegaron de rodillas, vestidos de “Lupitas” y “Juan Dieguitos”, cargando flores, rosarios e imágenes coloridas para mostrar su devoción a la Virgen que cumplió 494 años de su aparición en el Cerro del Tepeyac, y que este año atrajo a más de 30 mil peregrinos de diversos estados del sureste del país, cinco mil más que el año pasado.
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Desde temprano, el atrio se llenó de veladoras encendidas, de olor a flores frescas y del murmullo emocionado de familias completas que llegaron para agradecer o pedir un milagro. La fe fue la gran protagonista: un río interminable de devotos avanzó de rodillas sobre el piso frío, mientras otros, caracterizados como la Virgen y San Juan Diego, sostenían con orgullo el ayate y las pequeñas réplicas de la Morenita.
En la homilía, el sacerdote recordó que la Virgen de Guadalupe brinda auxilio y consuelo, y que este aniversario invita a reconciliarse y “a permitir que su amor derrame paz y tranquilidad sobre nuestra tierra”. Sus palabras hicieron llorar a más de uno; en cada rostro se leía una historia, una petición o un agradecimiento.
Afuera, en el parque del barrio tradicional, tres peregrinos de Hecelchakán compartieron la fuerza que los mueve cada año:
- Uriel Jesús, quien llegó en bicicleta tras recorrer Champotón, confesó que lo impulsa la salud de su madre: “Ella tiene artritis, pero últimamente ha estado mejor… gracias a Dios”. Cuatro años lleva cumpliendo su promesa, dos de ellos a pedalazos.
- Josué Balan, con 33 días fuera de casa, narró un recorrido que inició en Tepeaca, Puebla, pasó por el Santuario del Niño Doctor y culminó en la Basílica: “Pedimos por la familia, por los que sufren. La fe y el amor hacia las personas nos empujan a seguir”. Diez años lleva peregrinando.
- Manuel Franco, también de Hecelchakán, cumple 12 años siguiendo la tradición familiar. Este 2025 viajó hasta Villahermosa y agradece un milagro muy personal: sobrevivió a una cirugía de corazón en Estados Unidos hace 17 años. “Gracias a la Virgencita salí bien, por eso cada año vuelvo”.
La celebración cerró entre cantos, aplausos y vítores de “¡Viva la Virgen de Guadalupe!”, que se mezclaron en un ambiente profundamente guadalupano. Los últimos peregrinos de Yucatán y comunidades de Campeche emprendieron el regreso, algunos en motocicletas, otros en bicicletas, todos con sus pesadas imágenes, pero con la misma certeza: la Morenita del Tepeyac no abandona, siempre sale al encuentro.
Porque en Campeche, la fe guadalupana no solo se profesa: se camina, se celebra y se vive.
JGH