Aunque la discriminación no siempre se manifiesta de manera abierta, en Campeche sigue presente en forma de omisiones institucionales, falta de acompañamiento y ausencia de espacios seguros para que infancias y juventudes diversas puedan desarrollarse plenamente.
Así lo expuso Esmeralda Alonzo Aguilar, mujer trans, quien recordó episodios de violencia escolar que marcaron su adolescencia. Relató que, a los 15 años, una maestra la llevó a la dirección y sin su consentimiento le cortó las uñas y parte del cabello. “Fue una violencia horrible, pero en ese entonces era normal. El problema eras tú, no quien te violentaba”, expresó.
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Su testimonio refleja cómo la LGBTIfobia ha evolucionado hacia formas más sutiles: no siempre hay agresiones directas, pero sí ausencia de apoyo, personal capacitado y mecanismos de denuncia efectivos. La falta de psicólogos, pedagogos y trabajadores sociales en los entornos escolares sigue siendo una constante.
Tras abandonar la escuela en Campeche, Alonzo se mudó a Mérida, donde encontró un entorno más abierto y pudo expresarse con mayor libertad. Para ella, la diferencia evidencia que el problema no es la diversidad, sino los contextos que limitan o permiten su desarrollo.
Advirtió que la falta de espacios seguros continúa afectando a nuevas generaciones, derivando en depresión, deserción escolar e incluso suicidio. “Son gritos de ayuda que no sabemos identificar”, señaló, al subrayar la necesidad de atender la salud de manera integral.
Finalmente, llamó a las instituciones a traducir las leyes en acciones concretas y a las familias a priorizar el acompañamiento y la empatía. “El amor debe estar por encima de cualquier prejuicio. Al final, siempre volvemos a casa”, concluyó.
En respuesta, la Secretaría de Educación del Estado (Seduc) informó que no se tienen reportes de casos relacionados con este tipo de situaciones en escuelas de nivel primaria y secundaria durante 2025 ni en lo que va de 2026.