De ser reconocidos durante décadas como una comunidad dedicada al trabajo agrícola y al desarrollo del campo, los menonitas pasaron a ocupar los principales titulares en Campeche por las controversias relacionadas con la deforestación de la Selva Maya, las denuncias por el presunto uso de plaguicidas que afectan a las abejas, los señalamientos por daños a vestigios arqueológicos y los conflictos derivados de la expansión de la frontera agrícola. Aunque su presencia se extiende por varios estados del país y de la Península de Yucatán, es en territorio campechano donde el debate ambiental y social ha cobrado mayor fuerza.
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Apicultor de Hopelchén acusa a menonitas de devastar la selva y provocar la muerte de sus abejas
¿Quiénes son los menonitas?
Los menonitas son una comunidad cristiana anabautista fundada en el siglo XVI por el reformador neerlandés Menno Simons, de quien toman su nombre. Surgieron en los Países Bajos durante la Reforma Protestante y, debido a la persecución religiosa, emigraron hacia Prusia, Rusia y posteriormente Canadá.
En 1922, el Gobierno de México permitió el establecimiento de las primeras colonias menonitas en Chihuahua, atraído por sus conocimientos agrícolas y su capacidad para desarrollar zonas rurales. Con el paso del tiempo se expandieron a Durango, Zacatecas, Tamaulipas, San Luis Potosí y, décadas después, al sureste del país.
¿Por qué eligieron Campeche?
La llegada de los menonitas a Campeche comenzó principalmente entre las décadas de 1980 y 1990, cuando adquirieron tierras para desarrollar agricultura mecanizada.
El Estado ofrecía grandes extensiones de terreno, disponibilidad de agua y condiciones favorables para el cultivo de maíz, sorgo, soya y otros productos agrícolas.
Actualmente, Campeche concentra la mayor población menonita de la Península de Yucatán.
Sus principales colonias se localizan en municipios como Hopelchén, donde existe la mayor concentración, Calakmul y Champotón.
Comunidades como Nuevo Progreso, Ich Ek, Yohaltún, Bolonchén de Rejón, Dzibalchén y Xmejía, entre otras, forman parte de estos asentamientos.
También existen asentamientos en otros estados peninsulares. En Quintana Roo, principalmente en los municipios de Bacalar, José María Morelos y Othón P. Blanco, mientras que en Yucatán mantienen colonias en municipios como Tizimín, Chemax, Panabá, Valladolid y algunas comunidades del sur del estado.
Sin embargo, ninguna de estas entidades concentra tantos asentamientos ni registra una controversia ambiental tan intensa como Campeche.
Del desarrollo agrícola a la polémica
Durante varios años, los menonitas fueron considerados un ejemplo de productividad agrícola debido al uso de maquinaria moderna y técnicas intensivas de cultivo.
No obstante, conforme crecieron las superficies destinadas a la agricultura también comenzaron las denuncias por la pérdida acelerada de selva.
Diversas investigaciones de la Semarnat, la Profepa, organizaciones ambientales y especialistas han documentado desmontes ilegales y cambios de uso de suelo en algunos predios vinculados con colonias menonitas, principalmente en Hopelchén y Calakmul.
Incluso, en años recientes la Semarnat promovió acuerdos con representantes de la comunidad para frenar la deforestación y transitar hacia modelos de producción más sostenibles.
La controversia continúa en 2026
Lejos de disminuir, el debate ambiental continúa.
Durante 2026, colectivos mayas, organizaciones ambientalistas y productores volvieron a denunciar la expansión agrícola sobre áreas de selva y el uso intensivo de agroquímicos.
Uno de los casos más recientes fue el del apicultor José del Carmen Chí Chí, de la comunidad de San Francisco Suc Tuc, en Hopelchén, quien denunció la muerte de 32 colmenas y atribuyó las pérdidas a la desaparición del monte y al presunto uso de plaguicidas en terrenos agrícolas cercanos.
Las organizaciones mayas sostienen que la deforestación reduce las áreas de floración para las abejas, disminuye la producción de miel y afecta una de las actividades económicas más importantes de Campeche.
Sin embargo, hasta ahora no existe una resolución judicial que determine de manera general que toda la comunidad menonita sea responsable de la mortandad de abejas, por lo que las denuncias continúan bajo investigación y deben analizarse caso por caso.
El conflicto con la Selva Maya
Especialistas consideran que la principal preocupación no radica únicamente en la tala de árboles, sino en la fragmentación del ecosistema.
La Selva Maya, compartida por México, Guatemala y Belice, alberga cientos de especies de flora y fauna, además de ser fundamental para la captación de agua y la regulación del clima en la Península de Yucatán.
Diversas organizaciones advierten que la pérdida de cobertura forestal amenaza la biodiversidad y pone en riesgo actividades tradicionales como la apicultura.
Vestigios mayas bajo amenaza
Otro de los episodios que colocó a Campeche en la atención nacional ocurrió cuando arqueólogos denunciaron que maquinaria utilizada para abrir nuevas áreas agrícolas habría destruido plataformas, montículos y estructuras prehispánicas.
Investigadores señalaron que algunos de estos monumentos alcanzaban hasta 15 metros de altura y fueron removidos para nivelar terrenos destinados al cultivo.
Las denuncias derivaron en investigaciones para determinar posibles afectaciones al patrimonio arqueológico.
¿Todos los menonitas están involucrados?
Especialistas y autoridades coinciden en que no sería correcto responsabilizar a toda la comunidad menonita.
Las investigaciones ambientales, arqueológicas y administrativas se centran en predios, propietarios o colonias específicas, mientras que miles de familias desarrollan sus actividades agrícolas dentro del marco legal.
Por ello, las responsabilidades deben establecerse de manera individual y conforme avancen las investigaciones.
Un debate que seguirá creciendo
Actualmente, la presencia de los menonitas en Campeche representa mucho más que una historia de migración o desarrollo agrícola.
El tema involucra la conservación de la Selva Maya, la protección del patrimonio arqueológico, el futuro de la apicultura, el uso de agroquímicos, el ordenamiento territorial y los derechos de las comunidades mayas.
Por ello, Campeche se ha convertido en el principal escenario de uno de los conflictos socioambientales más importantes del sureste mexicano, un debate que continúa vigente en 2026 y cuyo desenlace dependerá de las investigaciones ambientales, las resoluciones judiciales y la capacidad de conciliar el desarrollo agrícola con la conservación del patrimonio natural y cultural del estado.