Con la calma de quien sabe exactamente lo que hace, Jannik Sinner se coronó este domingo como campeón del BNP Paribas Open de Indian Wells, venciendo al ruso Daniil Medvedev con parciales de 7-6(6) y 7-6(4) en una final que reflejó la superioridad absoluta del italiano sobre la pista dura. No fue un triunfo más: fue el cierre de un ciclo, la última pieza de un rompecabezas que llevaba años incompleto.
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"Fue un torneo difícil. Sabía que este era el único torneo importante sobre pista dura que no había ganado, así que estoy muy contento con mi desempeño", reconoció Sinner tras alzar el trofeo, dejando claro que Indian Wells representaba una cuenta pendiente que finalmente saldó de la mejor manera posible.
El de San Cándido, Italia, llegó al desierto californiano con un inicio de temporada algo discreto para sus propios estándares, pero una vez en la pista no dejó margen de duda: no cedió ni un solo set en todo el torneo, dos semanas de dominio implacable frente a todos sus rivales. En la final, sus números fueron contundentes: 28 golpes ganadores, 10 aces y un perfecto ocho de ocho puntos en la red.
Con este título, el cuatro veces campeón de Grand Slam completó la colección completa de los torneos más importantes en pista dura: Australian Open, US Open, Finales ATP y los seis Masters 1000 en superficie dura. Al lograrlo, se convirtió en apenas el tercer jugador en la historia en alcanzar esa hazaña, uniéndose a dos leyendas absolutas: Novak Djokovic y Roger Federer.
Pero los récords no terminaron ahí. Desde 1990, año en que comenzaron a disputarse los Masters 1000, nadie había ganado dos títulos consecutivos de esta categoría sin perder un set. Sinner lo hizo, reescribiendo los libros de estadística del tenis mundial con una naturalidad que asusta.
"Ver a Daniil jugar a este nivel es importante para el tenis. Siento que cuando juega a su mejor nivel es muy difícil de vencer, como vimos hoy, pero estoy muy contento", señaló con la deportividad que lo caracteriza.
La jornada tuvo además un sabor especial para Italia. El mismo día que Sinner levantaba su trofeo en el desierto, el joven piloto de Fórmula 1 Kimi Antonelli, de apenas 19 años, se impuso en el Gran Premio de China. El tenista no pasó por alto la coincidencia: "Ha sido un día especial para Italia porque soy un gran aficionado a la Fórmula 1. Que un italiano tan joven como Kimi esté trayendo a Italia de vuelta a la cima es increíble. Gracias, Kimi".