La reciente presentación de la nueva directiva de la Coparmex Mérida pudo ser un evento de protocolo y diálogo; sin embargo, Yucatán se caracteriza por ser el lugar donde se inician muchos debates políticos nacionales. La mesa estaba servida, ya que el directivo nacional, Juan José Sierra Álvarez, llegó con un discurso encendido lanzando dardos tanto a problemáticas locales como a situaciones que ocupan la agenda nacional. El cierre de su intervención sobre la reforma electoral presentada por la presidenta Claudia Sheinbaum no dejó dudas de su postura: "Lo hemos dicho muchas veces desde Coparmex: la mejor reforma electoral es que no haya reforma electoral".
Afirmar que el sistema electoral actual es perfecto es, por decir lo menos, ignorar la realidad de este país. Si bien la postura de la Coparmex como contrapeso al gobierno es conocida, la cerrazón absoluta a cualquier cambio denota una lejanía peligrosa con la evolución política de Mexico. La reforma propuesta por la presidenta Sheinbaum podrá tener aristas discutibles –como la eterna pugna por los plurinominales–, pero contiene puntos de coincidencia que incluso el sector privado debería analizar.
Tiempos de radio y televisión: El hartazgo ciudadano ante la propaganda vacía es real. Reducir el bombardeo de spots no sólo beneficia la salud mental del electorado, sino que libera espacios para un sector de comunicaciones que busca eficiencia, no saturación. Nadie quiere ver más anuncios rancios, llenos de promesas vacías y cero propuestas. Nadie.
La burocracia dorada: En un México que exige austeridad, defender presupuestos ofensivos y privilegios de los institutos electorales es una batalla perdida de antemano. A nadie le gusta ver cómo se dilapidan más de 672 millones de pesos por errores técnicos y sospechas de corrupción, como sucedió con las boletas de la elección judicial.
La pertinencia local: Con calendarios electorales unificados, la existencia de aparatos estatales hipertrofiados requiere, por puro sentido común, una revisión de costos y funciones. Cada peso desperdiciado en burocracia electoral es un peso que no se invierte en infraestructura o seguridad, pilares que sí le importan al empresario real. Seguimos siendo la democracia más cara del mundo; un sinsentido en un país con retos tan urgentes como el nuestro.
Frente a la estridencia empresarial, la respuesta del gobernador Joaquín Díaz Mena fue una lección de pragmatismo y lealtad política. Sin necesidad de aspavientos, "Huacho" hizo lo que un líder en su posición debe hacer: cerrar filas. A nadie le gusta que le critiquen la cocina en su propia casa. Primero defendió su propuesta de gobierno, exponiendo puntualmente cómo se gestionan problemáticas en Yucatán, como el abasto de energía, y luego, con propiedad y punto por punto, dejó claros los principales méritos de la propuesta de reforma electoral. Su apoyo a la Presidenta fue un acto de cohesión sistémica: se atajó el golpe y se demostró que, en Morena, la unidad es la base del sistema.
Veredicto: Al responder y clarificar con serenidad, el Gobernador demostró que la política se hace con temple. Mientras la iniciativa privada siga atrincherada en la defensa de un pasado costoso, el gobierno seguirá ganando la narrativa del sentido común. Al final del día, la pregunta para Coparmex no es si debe haber una reforma, sino qué tipo de país quieren construir cuando el actual sistema electoral ya no le cuadra en sus cuentas al ciudadano de a pie.
* Abogado y asesor político