ROUND DE SOMBRA: En el cuadrilátero de la administración pública ya se instaló una competencia que sacará chispas, pero no es la que todos imaginan. Olvídense, por un momento, de la carrera por la alcaldía de Mérida; el duelo actual es entre el titular de Economía estatal, Milo Barrera, y su homólogo municipal, Mauricio Díaz.
Ambos funcionarios han iniciado un round de sombra utilizando las Ferias del Empleo como ring. La consigna parece ser: “¿Quién coloca más gente?” o, mejor dicho, “¿quién sale mejor en la foto?” Mientras uno despliega la maquinaria estatal, el otro responde con la fuerza municipal. Por ahora es una competencia de gestión, pero en política sabemos que hoy son vacantes y mañana... son boletas.
EL DOMINGO DE EL CHELITO. Este fi n de semana, todas las miradas estarán puestas en el programa Mérida Elige, que se llevará a cabo en la capital yucateca. Tras bambalinas, quien mueve los hilos y supervisa cada detalle es El Chelito Carrillo.
Pero no se confundan: dicen los que saben que este despliegue no es solo por amor al servicio público; Carrillo está echando toda la carne al asador para que en el PAN fi nalmente volteen a verlo. Su apuesta es clara: demostrar capacidad de movilización y organización para que lo tomen en cuenta seriamente como candidato a diputado local. ¿Logrará que su partido le dé el “sí” o se quedará solo en el desfi le dominical?
EL SUEÑO DEL GORDO. Se asegura que la guerra sucia que azota al Palacio de Gobierno tiene nombre y apellido: Jorge Carlos Ramírez Marín. Las malas lenguas comentan que el Gordo no da paso sin huarache y que, detrás de los ataques, hay una ambición muy específica.
Sabedor de que el camino tradicional está cuesta arriba, parece que su apuesta es al interinato. Dicen que es su única y última carta para despachar desde la silla principal del estado
LA SEMANA PASADA, en lo que algunos ya califi can como un movimiento inusual —por no decir prematuro—, comenzaron a circular en teléfonos de políticos, funcionarios y exfuncionarios de distintos partidos los resultados de una supuesta encuesta atribuida a Mitofsky sobre preferencias electorales en Mérida.
Estamos todavía lejos del proceso electoral de 2027, lo que de entrada levantó más de una ceja entre quienes la recibieron. Pero no fue lo único. Las cifras, poco detalladas y con una presentación que varios consideraron atípica para una casa encuestadora de ese nivel, llevaron a muchos a pensar que se trataba de un documento apócrifo.
Sin embargo, al hacer una verificación más cuidadosa, la sorpresa fue mayor: la encuesta sí aparecía publicada en la página ofi cial de la firma. Es decir, no era falsa… aunque eso no necesariamente disipó las dudas.
Los números, por decir lo menos, resultaron difíciles de interpretar. En preferencia por partido, el PAN aparecía con 22.5%, el PRI con 6.3%, Morena con 29.3%, el Verde con 1.1% y el Partido del Trabajo con 0.8%. Hasta ahí, un escenario fragmentado. Pero al pasar al apartado de posibles alianzas, los datos daban un giro peculiar: PRI y PAN juntos alcanzarían 30.3%, mientras que Morena, PT y Verde sumarían 34.5%.
El problema es que, al contrastar ambas mediciones, los números simplemente no terminan de cuadrar, ni en lógica política ni en términos metodológicos, lo que encendió aún más las sospechas entre quienes suelen leer entre líneas este tipo de ejercicios.
En el apartado de candidatos, la encuesta guarda un silencio absoluto sobre aspirantes del PAN, PRI u otras fuerzas. Ningún nombre, ningún careo, ningún escenario. Solo Morena. Y dentro de Morena, un protagonista central: Rommel Pacheco, quien aparece con una ventaja de 36 puntos, muy por encima de Jessica Saidén con 8.6, Ermilo Barrera con 7, Benito Domínguez con 4 y Óscar Brito prácticamente sin registro.
La pregunta comenzó a circular de inmediato en los pasillos políticos: si se trata de una medición en Mérida, ¿por qué solo aparecen perfi les de un solo partido? Y más aún, ¿por qué no se especifi ca que se trata de un ejercicio encargado por esa fuerza política?
Las respuestas, como suele suceder en estos casos, no están en el documento, sino en los teléfonos. Tras algunas consultas discretas, empezó a tomar forma otra versión: más que una encuesta encargada, habría sido una encuesta “dirigida” desde la Ciudad de México, con intereses muy claros detrás.
SI DE DESLICES políticos se trata, quien —según nos cuentan— estaría a punto de recibir un nada sutil jalón de orejas desde niveles superiores es Efraín Aguilar, actual subdirector de Catastro del Ayuntamiento de Mérida. La razón: una publicación en la que él mismo se coloca, sin mayor rubor, como posible precandidato a la alcaldía de Mérida… pero por el PAN. Muchos expresaron abiertamente su molestia y burla. Y es que, más allá de las aspiraciones personales —legítimas o no—, lo que incomodó fue la desproporción del gesto.
Porque, nos dicen, no se trató de una mención aislada o de terceros, sino de una narrativa impulsada desde sus propios espacios, acompañada incluso de comentarios —curiosamente entusiastas— que lo perfi laban como alcalde ideal. “Te verías muy bien”, le escribían… y él, lejos de marcar distancia, respondía con agradecimientos. Un verdadero mal chiste.
P O R D O N D E LAS COSAS parecen escalar del terreno político al personal —con tintes de ajuste de cuentas— es en el frente que abre David Alpizar Carrillo, exsecretario de Fomento Económico y exrector de la UTM, contra el hoy senador Rolando Zapata Bello. El vehículo elegido es un libro titulado Nada es coincidencia, ya disponible en Amazon, donde —según adelanta— se propone contar una versión muy distinta a la que durante años se mantuvo en privado.
En sus propias palabras, se trata de una obra en la que promete revelar episodios de traición, distanciamiento y uso político dentro del círculo cercano de Zapata Bello. Habla de un trato que califi ca como injusto, de decisiones que habrían fracturado relaciones personales y de una dinámica en la que —asegura— varios colaboradores fueron utilizados en función de intereses personales. Pero no se queda ahí. También revive episodios de su paso por la Universidad Tecnológica Metropolitana, donde sostiene que el entonces gobernador no veía con buenos ojos su nombramiento y que fue la intervención de Raúl Godoy Montañez la que terminó inclinando la balanza a su favor.
En el mismo relato, el libro alcanza a otro frente político: el del siguiente grupo en el poder. Alpizar Carrillo señala directamente a Mauricio Vila Dosal, a quien acusa de haberlo removido de su cargo de manera arbitraria, sin responder —según afirma— a los recursos legales que emprendió posteriormente, incluyendo una demanda por despido injustifi cado. Habrá que leerlo.
Y HABLANDO DE versiones que no terminan de convencer, quien armó todo un episodio —dicen algunos, cuidadosamente producido— fue Renán Barrera Concha, tras su aparición en el aeropuerto de Mérida, donde aseguró que venía llegando de un viaje familiar por Semana Santa y Pascua. Ahí, frente a cámaras, negó de manera categórica cualquier tipo de acercamiento o conversación con Morena, justifi cando su ausencia en la escena local precisamente por ese viaje.
El problema es que, en los mismos círculos donde suelen conocerse los movimientos antes de hacerse públicos, la versión que circula es distinta. Porque, nos aseguran, los contactos sí existieron… y no solo eso: habrían sido impulsados desde su propio lado. Eso sí, con una recepción más bien fría dentro de Morena, donde —según estas versiones— no todos ven con buenos ojos ese tipo de acercamientos.
Más allá del mensaje político, los videos terminaron proyectando otra imagen: la de un actor político que mantiene un ritmo constante de viajes, con gastos que —dicen algunos— no son menores. De ahí que resurja una pregunta que ha aparecido en más de una ocasión: el origen de esos recursos y una percepción de riqueza que, para sus críticos, sigue sin explicarse del todo.
DONDE TAMBIÉN se encendieron los ánimos —y no precisamente por el contenido del debate— fue durante la reciente discusión de la reforma electoral en el Congreso del Estado de Yucatán. Ahí, nos dicen, quien terminó por convertirse en el centro de las críticas fue el diputado Roger Torres Peniche, mejor conocido como Papá Toro, cuyo comportamiento durante la sesión dejó más de una inconformidad entre legisladores de Morena… y también de otras fuerzas políticas.
Según relatan quienes estuvieron presentes, el tono fue subiendo más de lo habitual: interrupciones constantes, gritos y una actitud que varios calificaron como innecesariamente confrontativa. Pero el punto que terminó por incomodar incluso a aliados circunstanciales fue cuando, en medio del debate, lanzó comentarios en contra de la presidenta Claudia Sheinbaum, algo que no cayó nada bien en distintos frentes.
El episodio no se quedó en la anécdota legislativa. Porque, en corto, ya comienza a comentarse que este tipo de actitudes podría tener un costo político más amplio. No solo frente a Morena, donde evidentemente se cerraron puertas, sino incluso dentro de su propio partido, el PAN, donde algunos empiezan a verlo como un perfil difícil de integrar en acuerdos o negociaciones. Por qué los símbolos no gobiernan, pero revelan cómo se quiere gobernar… Todo es Personal.