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Opinión

Todo es Personal en Yucatán

LA LLEGADA DE Rafael Marín Mollinedo a Yucatán como nuevo delegado de Gobernación no sólo confirma el reacomodo dentro de Morena… también abre una pregunta incómoda: ¿qué pasará con el actual delegado, Andrés Peralta? Porque en política nadie llega sin que alguien tenga que moverse.

Marín no es un perfil menor. Es cercano al círculo de AMLO y su arribo al estado no tiene lógica administrativa, sino claramente política. Su presencia responde a una estrategia mayor en el Sureste, con la mirada puesta –dicen– más allá de Yucatán.

Pero ese movimiento deja una pieza suelta. Andrés Peralta, hasta ahora operador de Gobernación en la entidad, no es un actor irrelevante. Ha construido relaciones, ha tejido acuerdos y, sobre todo, ha sido parte de la estructura territorial que sostiene al Gobierno federal en el estado.

Por eso, su salida no puede ser abrupta ni desordenada. Peralta necesitará “acomodo”, una salida que le permita mantener vigencia y no quedar fuera del tablero. Porque en estos tiempos, quedar fuera del tablero es desaparecer.

La pregunta no es si se irá… sino a dónde. Y en esa respuesta se medirá también el nivel de operación política de quienes están tomando las decisiones. Porque los relevos no sólo se tratan de poner piezas nuevas, sino de no romper las que ya estaban funcionando. En Morena lo saben: los movimientos fi nos son los que evitan fracturas, aunque no siempre lo logran.

El exjefe de Aduanas ha sido mencionado en distintos momentos como aspirante a la gubernatura de Quintana Roo, por lo que su presencia en la región tiene peso y se interpreta como parte de una estrategia que comienza a tomar forma desde ahora.

Su principal operador sería su primo Nicolás Mollinedo, personaje bien conocido en los círculos políticos por haber sido asistente cercano de Andrés Manuel López Obrador desde sus tiempos como jefe de Gobierno de la Ciudad de México. Mollinedo lleva años radicando en Yucatán, donde ha construido relaciones y mantiene presencia constante. Se menciona que dentro de este entramado podría aparecer también el nombre de Manolín Carrillo Espinosa, exdelegado del Infonavit y cercano a la familia Mollinedo desde hace muchos años.

ESTA SEMANA, PANCHITO Torres salió a redes sociales a causa de los focos rojos que se encendieron por los problemas de abasto de agua potable en Ciudad Caucel. Primero, Panchito desglosó argumentos urbanos, tales como el crecimiento explosivo del poniente meridano, e incluso argumentó que ahora más gente vive en menos casas, dando a entender que habría problemas de hacinamiento.

Nuestras fuentes nos recuerdan que fue a su paso como director de Obras Públicas, con Ivonne Ortega, cuando fraccionadores de la CMIC construyeron nuevas casas en Ciudad Caucel, amplias etapas de vivienda de interés social.

Pero lo peor fue sugerir que cada casa tenga lo que llamó “agua de reserva” (es decir, que compren una cisterna y una bomba para que no falte agua, porque seguramente seguirá faltando). Dicen que estas explicaciones que ha dado el funcionario estatal no son las que más han enfurecido a la gente de Ciudad Caucel, sino que la realidad es que se trata de temas técnicos que no alcanza a resolver.

Los expertos nos dicen que un cárcamo no es un asunto complicado: recibe agua, la bombea y debe mantener equilibrio entre lo que entra y lo que sale. Si entra más de lo que se extrae, rebosa. Pero en Caucel, el cárcamo 3 se apagó y nadie lo advirtió, mientras el sistema siguió enviándole agua, y el resultado fue que rebosó y los motores se dañaron por la inundación.

Para eso sirven las válvulas o equipos de monitoreo: para mantener el equilibrio de las aguas entre cárcamos. Nuestras fuentes, expertas en el tema, nos insinúan que Panchito aprovecha estas “fallas espontáneas” para pedir más recursos, y entonces es cuando vienen los desajustes entre la efi ciencia operativa y la inversión en equipamiento y capacitación.

¿Qué hará cuando inicie la temida temporada de apagones?, nos preguntan.

CIUDAD CAUCEL SE ha convertido en un dolor de cabeza para el llamado neopanismo yucateco, pues se trata de un sector del electorado al que ningún partido le está hablando, simple y sencillamente porque contiene secciones en las que casi 8 de cada 10 habitantes no nacieron en Yucatán. En el mapa electoral hay preocupación en el panismo para colocar a un perfi l que se identifi que con este tipo de ciudadanía; sin embargo, todavía no se barajan nombres para solucionar el problema de un sector que a veces se mira como si fuera una extensión del Norte de Mérida o como si se administrara como una clientela cautiva.

Ya empiezan a sonar nombres y manos levantadas: Kirbey Herrera Chab, nos dicen algunos, podría ser, pero el problema es que, desde su ostracismo tras intentar ir por la dirigencia del Comité Directivo Municipal, no le ha redituado en bonos políticos. Mientras tanto, la margarita se sigue deshojando y nadie sabe qué hacer con este sector donde no viven votantes tradicionales, sino propietarios recién llegados, gente que llegó con crédito en mano, huyendo de ciudades donde la inseguridad o el desorden ya eran parte de la rutina. No vienen a ver qué pasa. Vienen a que no les vuelva a pasar… y todavía no tienen quien les hable de lo que les interesa. ¿Quién será el ungido? Nos dicen que la auscultación ya inició y que Kirbey Herrera, defi nitivamente, no será el indicado.

Y, hablando de panistas en problemas, todo parece indicar que Roberto Tzuc, quien trabajara en la administración de Renán Barrera en Servilimpia, está totalmente descontrolado y, en sus redes sociales, advierte una y otra vez sobre traiciones, intrigas y decepciones, pero sobretodo sobre revelar verdades que muchos no conocen. Las publicaciones han sido tan intensas que finalmente derivaron en una confusión, pues empezaron a circular versiones de que había fallecido, situación que el propio militante aclaró en sus redes al expresar: “Anoche, creo que por equivocación, muchos pensaron que morí por un mensaje en las redes. Gracias por su cariño y respeto, porque no han parado los mensajes”.

Y es que el tema de las irregularidades en Servilimpia ha puesto a remojar algunas barbas, pero también ha revivido el fantasma de Santiago Alamilla. En el PAN, nos dicen, nunca han sido muy hábiles para deslindarse de panistas involucrados en situaciones complicadas o difíciles de explicar, y más cuando afectan intereses y callos muy sensibles de pisar… La novela, nos dicen, todavía falta por contarse y todo apunta a que será narrada desde el Palacio de Gobierno, con micrófonos y cámaras incluidos… ¿Será?

QUIEN TUVO SU “Jueves de Resurrección” en Yucatán fue Rafael Hernández Kotasek, actual director general del Instituto de Movilidad del Estado de Quintana Roo, pues se le esperaba en vivo y a todo color para presentar su ponencia “El transporte como reto en las fi nanzas públicas de los estados”, en el tercer foro de “Proyectos para la movilidad sustentable”, organizado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y la Secretaría de Administración y Finanzas del Gobierno del Estado de Yucatán, junto con otros especialistas del ramo. Pero, al parecer, nos cuentan los invitados, fi nalmente no llegó y la expectativa de ver al principal impulsor del sistema Va y Ven en Yucatán se quedó para otro día.

En contraste, quien sí se presentó para hablar de un caso de éxito fue Crescencio Mac Haas, director general de Planeación y Finanzas de la Agencia de Transporte de Yucatán, con su ponencia “Retos y oportunidades del sistema Va y Ven en Mérida, estado de Yucatán. Un caso de estudio”. ¿Pues no que era una “herencia maldita”? Tal vez por eso llamó más la atención la ausencia del propio Jacinto Sosa Novelo, director general de la ATY, en este importante foro.

LA SEMANA PASADA corrió como pólvora e hicimos saber en esta columna un episodio que difícilmente pudo mantenerse en secreto: gritos, portazos y un ambiente tenso que se dejó escuchar por todos los pasillos de Cultur. Hoy ya no hay duda sobre el protagonista de aquel escándalo.

Se trata de Johny Alberto López Pérez, exjefe de módulos, quien –según versiones ya confi rmadas– habría tenido la osadía de tocar puertas más arriba. En específi co, acudió directamente con el Gobernador para exponer una situación que, asegura, se había vuelto insostenible: jornadas extenuantes, trabajo “día y noche” y una remuneración muy por debajo de la de sus superiores.

El gesto no cayó nada bien. Dicen que el director de Cultur montó en cólera al enterarse de este “salto de cadena” y que, en ese mismo momento, habría intentado concretar su despido. Sin embargo, la orden no prosperó de inmediato. Desde arriba se frenó la decisión. Pero donde no entra la puerta, entra la ventana.

Poco después comenzó a tejerse una versión más conveniente: la supuesta presencia de partículas de una sustancia prohibida en el vehículo asignado al funcionario. Un señalamiento grave, sí, pero también – según el propio afectado– completamente fabricado. Un “cuatro”, como se dice en el argot político, armado con la intención de construir el pretexto que no habían logrado justifi car por la vía administrativa. Y esta vez sí, el desenlace fue el esperado por quienes empujaban su salida.

Hoy, López Pérez ya no forma parte de la estructura y, lejos de quedarse callado, prepara lo que podría convertirse en un nuevo frente incómodo: una queja ante derechos humanos y, posiblemente, una denuncia formal. Pero si alguien pensó que aquel episodio era un caso aislado, se equivoca. En Cultur, los movimientos no solo continúan… se intensifi can. Y ahora, ya no son ajustes menores: las decisiones están alcanzando directamente a las cabezas.

El nombre que más ha resonado en los pasillos es el de José Montalvo Góngora, hasta hace poco director de Gestión y Evaluación de Proyectos. Su salida ha levantado más de una ceja, no sólo por el cargo que ocupaba, sino por los respaldos que lo rodeaban: cercano a Clemente Escalante y con buena relación en el círculo del gobernador Joaquín Díaz Mena. Aun así, nada de eso habría sido sufi ciente.

Quienes lo conocen insisten en que su desempeño era sólido, incluso destacado, lo que vuelve su despido aún más difícil de explicar… al menos en la versión ofi cial. Pero no es el único caso que genera ruido.

También ha causado sorpresa la salida de Rodrigo Valencia Arana, un viejo operador político que durante años se movió en el Comité Ejecutivo Estatal del PRI y fue considerado incondicional de Panchito Torres. Su presencia en Cultur ya era, de por sí, una incógnita para muchos, sobre todo porque nunca quedó claro por qué terminó ahí y no con Panchito en la Japay.

Su salida, sin embargo, viene acompañada de versiones más delicadas. Se habla de múltiples quejas por parte de mujeres que señalaban conductas incómodas y reiteradas. El tema, dicen, llegó hasta la ofi cina del director, lo que habría precipitado su baja. Una historia que, de confi rmarse, explicaría un cese que en otros tiempos quizá habría pasado desapercibido.

Y, por si algo faltaba para avivar el murmullo interno, en medio de esta efervescencia que sacude a Cultur, surge un detalle que no ha pasado desapercibido entre el personal: resulta que la recién llegada directora de Administración, Antonia Basulto, con apenas unos días en el cargo, decidió hacer maletas y tomar un descanso aprovechando el periodo de Semana Santa y Pascua.

Una pausa que, en cualquier otro contexto, podría parecer normal… pero no en medio de la tormenta. Porque mientras en los pasillos se acumulan despidos, versiones cruzadas y tensiones crecientes, la ausencia de quien debería estar afi nando números, ordenando la casa y conteniendo la operación administrativa ha generado más de un comentario, y no precisamente positivo.

Porque en Viernes Santo, tu pasado también resucita…Todo es Personal.