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Opinión

El uranio de la discordia

“En el 2002, Alireza Jafarzadeh, un disidente iraní, comentarista de medios radicado en Estados Unidos, reveló la existencia de sitios para el enriquecimiento de uranio”.

El uranio de la discordia
El uranio de la discordia

En 1957, bajo el régimen de sha Reza Pahlavi y con el apoyo de Estados Unidos, Irán fue el primer país de Oriente Medio y del Tercer Mundo en contar con un programa nuclear viable. Entonces se propuso construir unas 20 centrales nucleares. Setenta años después sólo cuenta con una. En el 1960, adquirió un reactor nuclear para la Universidad de Teherán, el primero en la región. En su programa nuclear, los iraníes que, originalmente invocaron la cuestión energética, han dado prioridad a las investigaciones y al procesamiento del uranio. En el 1968, Irán firmó el Tratado de no Proliferación Nuclear (TNP), con lo cual adquirió obligaciones que ha honrado, especialmente no fabricar ni poseer armas nucleares; no obstante, en torno a sus gestiones para enriquecer uranio, cosa que el Tratado de no Proliferación no prohíbe, libra un contencioso de más de 50 años. Tras el derrocamiento del sha tuvo lugar la ruptura de Irán con Estados Unidos e Israel y luego prácticamente con todo Occidente, cesando la cooperación nuclear, lo cual, unido a cierta indiferencia de las nuevas autoridades por esa cuestión, ralentizó el programa nuclear detenido por la guerra con Irak (1980-1988).

No fue hasta el 2011 que la única central atómica de Irán comenzó a generar electricidad.   Durante un largo período, dadas las amenazas de Estados Unidos e Israel, Irán optó por realizar en secreto, incluso soterradas y con extrema protección, algunas de sus actividades nucleares. El secretismo, si bien puede ofrecer algunas seguridades, impidió mantener al tanto a la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), creada precisamente para el control de las gestiones industriales y de otro tipo asociadas al uranio. Unido a ello, Irán desarrolló un programa de misiles que, como se sabe, pueden ser de doble propósito, porque todo depende de la ojiva que se le acople que puede ser convencional o nuclear. Debido a que entre Israel e Irán medían unos 2 mil 300 kilómetros (por aire), cuando Irán fue capaz de fabricar misiles aptos para volar a altas velocidades y de alcanzar tales distancias, Israel se percató del fin de su hegemonía y de la impunidad. El riesgo de ser blanco nuclear le hizo entrar en pánico.    

En el 2002, Alireza Jafarzadeh, un disidente iraní, comentarista de medios radicado en Estados Unidos, reveló la existencia de sitios para el enriquecimiento de uranio. En el 2004, Irán anunció la suspensión del programa de enriquecimiento, pero poco después, en el 2005, tras la elección de Mahmud Ahmadinejad, lo reanudó, lo cual provocó una crisis política que dio lugar a una cascada de sanciones y al aislamiento de Irán.

La OIEA no sólo aplicó a Irán los controles estándar, sino que le exigió explicaciones sobre las importaciones de uranio, su utilización en acciones de enriquecimiento, así como experimentos asociados con la separación de plutonio. Irán fue acusado de violaciones del TNP. En el 2004, tras presiones de la Unión Europea, Irán volvió a suspender el programa de enriquecimiento de uranio, lo cual reanudó en el 2005, motivo por el cual la OIEA llevó el programa nuclear del estado persa ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Así se generó otra crisis con los Estados Unidos y Europa que incluyó sanciones, especulándose incluso con acciones militares. La república islámica fue acusada de perseguir la creación de armas nucleares. Con excesos retóricos y algunas acciones, el Gobierno encabezado por el radical Mahmud Ahmadinejad, echó leña al fuego. Curiosamente, la CIA descartó que el programa nuclear de Irán pudiera permitir la fabricación de bombas atómicas.  En el 2011, cuando Israel anunció que operaría militarmente contra las instalaciones nucleares de Irán, la OIEA se sumó al revelar que aquel país había avanzado en las acciones para fabricar bombas atómicas. El entonces secretario de Defensa de Estados Unidos, Leon Panetta, aseguró que, en el 2012, Irán podría estar en posesión de armas nucleares, lo cual dio lugar a nuevas sanciones, incluido el embargo petrolero. Irán amenazó con cerrar el Estrecho de Ormuz.

Por esa época se realizó un encuentro en Bagdad, Iraq, de representantes de Irán con una delegación conjunta de Estados Unidos, China, Rusia, Gran Bretaña, Francia, la Unión Europea y Alemania, donde presionaron a Teherán para que suspendiera el enriquecimiento de uranio al 20% y transfiriera al extranjero los 140 kilos que ya había elaborado. Irán no cedió y no se llegó a acuerdo alguno. Entre tanto, continuaron intensas negociaciones con Irán y, en el 2013, se informó que los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, entre los cuales figuran China y Rusia, aliados de Irán, habían alcanzado acuerdos por los cuales Irán se comprometía a congelar su programa de enriquecimiento de uranio. En el 2015, el Grupo 5+1 e Irán acordaron disminuir el enriquecimiento de uranio a cambio del fin de las sanciones. El presidente de Irán aseguró que su país respetaría lo acordado. Israel rechazó el acuerdo.

En julio de aquel año, el Grupo 5+1 e Irán firmaron en Viena, el Plan Integral de Acción Conjunta o Acuerdo 5+1. Así las cosas, insatisfecho con el convenio alcanzado, unilateralmente, contra el criterio de las otras partes, en mayo del 2018 el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, renegó del acuerdo y se dio baja. El resto de la historia es conocido. Liberado de toda responsabilidad, en secreto y bajo tierra, sin rendir cuentas, Irán continuó su actividad nuclear. Con múltiples argumentos, falsos unos, cierto otros y exagerados muchos, las tensiones se incrementaron hasta que, en junio del 2025, sobre Irán se desataron los demonios cuando, con todo su poderío, Estados Unidos e Israel iniciaron interminables rondas de bombardeos.

Aunque Irán resistió, y probó que Israel y las bases de Estados Unidos en la región no eran invulnerables, no pudo evitar que la muerte y la destrucción diezmaran al país. La guinda del pastel fue el bombardeo de una escuadrilla formada por seis aviones B-2 Spirit que, transportando cada uno más de 50 mil libras de bombas anti bunker GBU de 13 mil libras, las armas no atómicas más letales de los Estados Unidos, bombardearon los principales sitios nucleares de Irán. Al ataque se sumaron submarinos atómicos que lanzaron unos 30 misiles Tomahawk.

Estados Unidos cantó victoria y dio por eliminadas las reservas de uranio enriquecido y las tecnologías con ese propósito existentes en las instalaciones soterradas de Fordow, Natanz e Isfahán, lo cual obviamente no resultó cierto, razón por la que, bajo nuevas amenazas y agresiones renovadas, el mando norteamericano reclama la entrega del uranio enriquecido que, al parecer, sigue en poder de Irán. Así las cosas, la única polémica que conozco respecto al uranio tiene lugar desde hace casi 50 años entre Irán, los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, Israel y la Unión Europea que se oponen a que Irán disponga de capacidades para enriquecer uranio, cosa que, según afirman, lo acercan a la posibilidad de construir bombas atómicas.

Lo cierto es que, tras décadas de tensiones y agresiones, pérdidas de vidas y dilapidación de riquezas, nada se ha resuelto y la paz que el pueblo iraní merece y necesita está más lejos que nunca y nada garantiza que las negociaciones que hoy tienen lugar aporten una solución definitiva. Ello se debe a que no ha sido suprimida la causa o el pretexto que origina las tensiones que no es exactamente el programa nuclear iraní, sino el enriquecimiento de uranio, al cual, hasta los límites autorizados, Irán tiene derecho. Evitar la proliferación nuclear es una causa por la cual vale la pena omitir aspiraciones que no son trascendentales. Aprovechar las negociaciones en curso para solucionar la mayoría de las diferencias es la acción políticamente más rentable que pueden realizar los países envueltos en largos conflictos. Nada favorece más los intereses nacionales y refuerza la soberanía que la distensión y la paz.