La ONU es una de las obras de ingeniería política más útiles y perfectas jamás realizada, lo cual se explica no sólo por el talento de sus creadores, sino porque constituyó una necesidad histórica. De hecho, fue la respuesta al auge del fascismo que condujo la Segunda Guerra Mundial. El cometido esencial de la ONU es el mantenimiento de la paz, principalmente entre las potencias, sostén del orden político creado para la posguerra, objetivo cumplido a pesar de las tensiones de la Guerra Fría, la carrera de armamentos y diversas crisis internacionales.
En el 2022, la moratoria cesó debido a las complicaciones de la situación política en Ucrania que, con el apoyo de Europa y los Estados Unidos, se interesó por ingresar en la Unión Europea y la OTAN, lo cual significaba no sólo la expansión de la organización bélica, sino su aproximación a las fronteras de Rusia que consideró la maniobra como un peligro existencial. El extraordinario entuerto conllevó a que se desatara una guerra que involucra a cuatro de las cinco potencias nucleares, miembros permanentes del Consejo de Seguridad, además de los 32 países de la OTAN, no sólo ha perturbado la paz en Europa, sino que ha dañado profundamente el sistema de seguridad colectiva y puesto en crisis a la ONU que, en esas condiciones, apenas puede funcionar.
Al redactar la Carta de la ONU, los Cinco Grandes de entonces, los mismos de hoy: Estados Unidos, Unión Soviética (Rusia), Gran Bretaña, Francia y China, establecieron reglas; unas fueron incluidas en la Carta otras formaron parte de consensos. Uno es que el secretario general no podrá ser de un país miembro permanente del Consejo de Seguridad y la elección se rotará por continentes.
Desde su fundación, en el 1945, la ONU ha tenido nueve secretarios generales. El primero fue Trygve Lie, noruego, al que siguieron: Dag Hammarskjold, sueco; U Thant, birmano; Kurt Waldheim, austriaco; Javier Pérez de Cuéllar, peruano; Butros Butros Ghali, egipcio; Kofi Annan, ghanés; Ban Ki-moon, surcoreano, y Antonio Guterres, portugués, actualmente en ejercicio. De los nueve secretarios generales, cuatro han sido europeos, uno latinoamericano, dos asiáticos y dos africanos; como se aprecia, Europa ha estado sobre representada, lo contrario de América Latina y el Caribe.
Dado que el mandato del actual secretario general expira en diciembre del 2026, en breve habrá elecciones para designar a su sustituto, que será el décimo secretario general. Hasta el momento, formalmente se han inscrito seis candidatos:
1.- Michelle Bachelet, chilena, médica, de 74 años, socialista, reprimida por la dictadura de Pinochet, dos veces presidenta de Chile. Cursó estudios de Estrategia militar. Fue Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos. Secretaria General adjunta de la ONU y directora de ONU Mujeres. Según trascendidos, cuenta con el apoyo de los gobiernos de Brasil, México y Colombia, pero no es apoyada por el presidente de su país José Antonio Kast.
2.- Rafael Grossi, argentino, 65 años, egresado de la Universidad Católica Argentina con maestría en Relaciones Internacionales y un doctorado en Historia, Política Internacional y Ciencias Políticas. Presidió el Grupo de Expertos Gubernamentales de las Naciones Unidas sobre el Registro Internacional de Armas; asesor de la ONU en materia de desarme. Exembajador de Argentina en Austria. Actualmente dirige la Agencia Internacional de la Energía Atómica. Desde ese cargo ha lidiado con los problemas de la proliferación y amenazas nucleares asociados a conflictos que involucran a Estados Unidos, Corea del Norte, Irán, Rusia y Ucrania. Cuenta con el apoyo de Argentina, Estados Unidos, Italia y Paraguay.
3.- María Fernanda Espinosa, ecuatoriana, 61 años, nacida en España. Antropóloga, master en Ciencias Sociales, diplomática, lingüista, poeta, ensayista. Fue ministra de Relaciones Exteriores y Defensa Nacional de Ecuador. Presidió la Asamblea General de la ONU. Cree que la organización debe “reformarse, transformarse o morir”. Propone trabajar más estrechamente con las organizaciones regionales y apoyarse en Europa y Estados Unidos.
4.- Rebeca Grynspan, costarricense, 70 años; exvicepresidenta de Costa Rica. Economista y política. Graduada en universidades de su país y el Reino Unido. Secretaria general adjunta de la ONU y de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo. Exsecretaria general Iberoamericana. Aspira a una ONU más audaz y con una mayor representación de África y América Latina en el Consejo de Seguridad.
5.- Macky Sall, senegalés. 54 años. Ingeniero. Parlamentario y expresidente y exprimer ministro de Senegal. Debido a conflictos políticos y judiciales en su país, inicialmente el actual Gobierno no respaldó su candidatura, posición que según trascendidos ha modificado.
6.- Carolin Rodríguez Birkett, guyanesa. 52 años. De origen indígena con estudios sobre Economía en Canadá. Exministra de Relaciones Exteriores y de Asuntos Indígenas de Guyana, actualmente representa a su país ante la ONU. Partidaria de reforzar el multilateralismo, mejorar la eficacia y la capacidad de respuesta de la organización y promover una gobernanza global inclusiva. Todos los aspirantes disponen de experiencias, méritos y capacidades para el cargo; todo depende de los apoyos con que cuenten; en primer lugar, el de sus países y de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, así como de sus posibilidades para allegar votos en la Asamblea General. Cualquiera que resulte electo tendrá ante sí la difícil tarea de intentar alcanzar la paz en los conflictos en curso en Europa y Oriente Medio y reconstruir la ONU, especialmente el Consejo de Seguridad; tratando de mediar en los conflictos de Palestina y Cuba, los más antiguos del mundo y cuya asimetría hacen necesaria la asistencia externa.