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Opinión

Necesitamos más posgrados y menos intuiciones

“Además del rigor conceptual, el posgrado funciona como un acelerador de networking de alto nivel al reunir a profesionales interdisciplinarios, detonando alianzas clave y proyectos de innovación”.

Necesitamos más posgrados  y menos intuiciones
Necesitamos más posgrados y menos intuiciones

En México, el posgrado es un privilegio estadístico: sólo entre el 1.5% y el 2% de la población adulta en edad de trabajar cuenta con maes tría o especialidad, y menos del 0.2% alcanza el doctorado. Este déficit expone la reducida masa crítica con la que el país intenta competir en una economía orien tada a la innovación.

Frente a esta realidad, urge desmitificar la idea de que la expe riencia laboral supera a las aulas. Mientras la intuición resuelve la táctica diaria, la formación avan zada expande el intelecto, aporta visión estratégica y entrena la capacidad de cuestionar premisas e innovar procesos a largo plazo.

Ana Gabriela Cejudo, presidenta de Grupo Nicxa y referente empresarial en el Sureste, ejem plifi ca este valor. En las Marketing Talks de la Universidad Anáhuac Mayab, enfatizó que estudiar de forma continua no es una opción, sino una exigencia directiva.

La formación ejecutiva otorga herra mientas analíticas para identificar oportunidades donde otros ven incertidumbre, demostrando que el liderazgo no se improvisa: se cultiva en el aula para transformar la realidad corporativa.

Además del rigor conceptual, el posgrado funciona como un acelerador de networking de alto nivel al reunir a profesionales interdisciplinarios, detonando alianzas clave y proyectos de innovación.

Sus estudiantes actúan como agentes de transferencia inme diata: aplican por la mañana lo aprendido por la noche, elevando los estándares de sus organiza ciones y cuestionando el “siempre se ha hecho así” en favor de decisiones basadas en evidencia.

Finalmente, cursar una maestría o doctorado implica una doble responsabilidad: la excelencia técnica para entregar re sultados y el compromiso ético de ser un modelo humano. Como bien señala Barack Obama en Notre Dame, la alta formación académica debe ele var la calidad del debate público.

En un país que requiere superar dogmas simplistas, los posgraduados llevan sobre sus hom bros la misión de fundamentar soluciones en el rigor científico y liderar con el ejemplo dentro y fuera de sus organizaciones.

Por ello, la invitación a es tudiar y seguir preparándose trasciende el benefi cio personal; es una apuesta directa por la movilidad social y el desarrollo del país. Datos de la Unesco y la OCDE confirman que México invierte menos del 0.4% de su PIB en investigación y desarrollo, dejando la responsabilidad de la innovación en manos de esa re ducida masa académica.

Al cursar un posgrado, cada estudiante no sólo eleva el están dar intelectual de su núcleo fami liar al convertirse en un referen te de superación, sino también aporta al país el capital humano crítico capaz de transformar pro blemáticas comunitarias en solu ciones sostenibles.

Estudiar un posgrado es, en última instancia, la decisión individual de mayor legado social: la herramienta definitiva para romper el techo de la improvisación y edificar el México próspero que las futuras generaciones merecen.