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Opinión

Y si es Alicia Bárcena?

“Visto el panorama, la posibilidad de nuevas candidaturas sigue abierta. Entonces surge una pregunta desde México: ¿Y si es Alicia Bárcena? No sería un nombre improvisado”.

Y si es Alicia Bárcena?
Y si es Alicia Bárcena?

La carrera por suceder a António Guterres al frente de Naciones Unidas acaba de entrar en ese territorio donde la diplomacia deja de ser una competencia de nombres y comienza a convertirse en una búsqueda de consensos.

La candidata que apoyaba México, Michelle Bachelet, se retiró. Rebeca Grynspan, de Costa Rica, encabeza por ahora las votaciones informales del Consejo de Seguridad, seguida por Carolyn Rodrigues-Birkett, de Guyana. Pero ninguna ha conseguido todavía despejar el camino: en el tercer sondeo Grynspan obtuvo nueve votos de aliento y cinco de rechazo, mientras Rodrigues-Birkett consiguió ocho y seis, respectivamente. Visto el panorama, la posibilidad de nuevas candidaturas sigue abierta. Entonces surge una pregunta desde México: ¿Y si es Alicia Bárcena? No sería un nombre improvisado.

La propia presidenta mexicana Claudia Sheinbaum reveló en febrero que su gobierno había considerado proponerla para la Secretaría General. Finalmente México decidió respaldar, junto con Brasil y Chile, a Michelle Bachelet, mientras Bárcena permanecía en el gabinete mexicano para asumir además responsabilidades de planeación estratégica. “Alicia es extraordinaria”, dijo entonces Sheinbaum al explicar aquella decisión.

Pero hoy el panorama es otro porque Bachelet ya no está en la contienda. Y el tablero volvió a moverse. Vale entonces revisar el currículum de Bárcena, porque pocos perfiles latinoamericanos reúnen tantas de las experiencias que hoy se necesita para encabezar los destinos de Naciones Unidas.

Durante casi catorce años, de 2008 a 2022, Alicia Bárcena encabezó la CEPAL, una de las instituciones fundamentales para comprender la desigualdad, el desarrollo, la pobreza y los desafíos económicos de América Latina y el Caribe. Pero antes había conocido Naciones Unidas desde dentro: fue secretaria general adjunta de Gestión y jefa y subjefa de gabinete del entonces secretario general Kofi Annan. También trabajó en programas vinculados con el PNUD y el PNUMA.

Después vino la experiencia de representar directamente a un Estado. Fue embajadora de México en Chile, secretaria de Relaciones Exteriores entre junio de 2023 y septiembre de 2024 y actualmente encabeza la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales. Es decir, ha pasado por el desarrollo económico, la diplomacia, la administración de Naciones Unidas y uno de los grandes asuntos globales de nuestro tiempo: la crisis ambiental.

Hay además un activo menos visible en los currículums, pero decisivo en la diplomacia: el acceso. Después de décadas en la primera línea internacional, Bárcena ha construido una red de interlocución que rebasa América Latina. Se mueve con naturalidad entre jefes de Estado y cancilleres, organismos multilaterales, empresarios, académicos y organizaciones de la sociedad civil. Puede conversar con líderes latinoamericanos, europeos o de otras regiones, pero también con quienes toman decisiones en los grandes centros económicos y financieros. En un mundo cada vez más fragmentado, esa capacidad de entrar en distintos círculos, generar confianza y tender puentes puede importar tanto como conocer las instituciones.

No es menor otro detalle. Hace apenas unos meses, al hablar precisamente sobre el futuro de Naciones Unidas, Bárcena planteó la necesidad de una profunda reforma administrativa y de recuperar la capacidad política de la organización para promover el diálogo y la paz. No hablaba desde afuera: conoce sus pasillos, su burocracia y también sus posibilidades.

La sucesión, sin embargo, no se decide únicamente por currículum.

El secretario general es nombrado por la Asamblea General a recomendación del Consejo de Seguridad. Y allí están los cinco miembros permanentes —Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido— con capacidad de bloquear una candidatura. (Naciones Unidas⁠)

Ese es precisamente el gran problema de esta elección. No basta encontrar a la persona con mayor experiencia. Hay que encontrar a alguien capaz de atravesar el laberinto de intereses de las grandes potencias en uno de los momentos de mayor confrontación internacional de las últimas décadas.

Además, América Latina y el Caribe reclaman su turno. La región no ocupa la Secretaría General desde el peruano Javier Pérez de Cuéllar, cuyo mandato terminó en 1991. Y en ocho décadas de existencia de Naciones Unidas, ninguna mujer ha ocupado el máximo cargo de la organización. (Las Naciones Unidas en Colombia⁠)

Alicia Bárcena reúne ambas condiciones. Pero su principal argumento no debería ser ser latinoamericana ni ser mujer.

Debería ser su experiencia.

Hoy no es candidata. México tampoco ha anunciado que vaya a proponerla. Y quizá eso sea precisamente lo interesante de este momento: cuando las candidaturas existentes encuentran resistencias y comienza a hablarse de la aparición de nuevos nombres, la pregunta vuelve a tener sentido.

Hace unos meses México decidió que Alicia Bárcena era demasiado necesaria en casa para enviarla a Naciones Unidas.

Después de la salida de Bachelet, quizá valga la pena hacerse la pregunta al revés:

¿y si ahora fuera Naciones Unidas la que necesitara a Alicia Bárcena?