Quintana Roo

A 21 años de “Wilma”, rescatistas y ciudadanos recuerdan la devastación en Quintana Roo

El derribo de árboles y postes, las calles anegadas y las evacuaciones marcaron la emergencia que enfrentaron los cuerpos de rescate y las familias durante el paso del huracán.

El corazón turístico resultó con postes y palmeras caídas; además de severos daños en el bulevar y los centros de hospedaje
El corazón turístico resultó con postes y palmeras caídas; además de severos daños en el bulevar y los centros de hospedaje / Especial

El estruendo de los árboles al desplomarse, los postes derribados, las calles convertidas en ríos y las ráfagas que azotaban las viviendas durante horas permanecen en la memoria de quienes enfrentaron el Huracán “Wilma”. A 21 años de su paso por Quintana Roo, el 21 de octubre del 2005 sigue presente en los recuerdos de rescatistas, policías, paramédicos, servidores públicos y ciudadanos, quienes evocan aquellos momentos como si hubieran ocurrido ayer.

Miguel Kim Martínez recordó que, durante la contingencia, cuando se desempeñaba como encargado del área jurídica de Seguridad Pública, los directores de distintas dependencias del Ayuntamiento permanecían acuartelados en la Policía Municipal. Desde ese lugar coordinaron la atención de quienes requerían ayuda, entre ellos turistas que estaban resguardados en la Casa de la Cultura, aunque no recordó el nombre del hotel del que procedían.

Como anécdota, relató que, cuando él y el chofer descendieron de la patrulla, un enorme árbol de zapote cayó sobre la unidad, justo en la zona de la cabina. También describió el impacto de las inundaciones, avenidas anegadas y estructuras de establecimientos comerciales arrancadas por el viento. 

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Salvan a personas entre árboles y cables caídos

Aquileo Cervantes Álvarez, integrante del Cuerpo de Bomberos de Cancún, tenía apenas cuatro años en la corporación cuando el huracán azotó el norte de Quintana Roo. Recordó que la ciudad quedó prácticamente intransitable. Postes de electricidad, cables y árboles derribados impedían el paso de las unidades, por lo que los elementos tuvieron que continuar muchas de sus labores a pie.

En aquel entonces, la corporación contaba con cerca de 100 integrantes, quienes cumplían jornadas de 24 horas de servicio por 24 de descanso. Además de participar en las evacuaciones de la zona hotelera, atendían los incidentes registrados en distintos puntos de la ciudad. El personal se distribuyó de acuerdo con las bases operativas disponibles; sin embargo, la magnitud de los daños hizo necesario mantener la coordinación con otras dependencias y brigadas de los tres órdenes de Gobierno.

La contingencia no concluyó cuando perdió intensidad el viento. Después comenzaron las labores para despejar caminos, auxiliar a quienes habían perdido sus hogares, retirar árboles y escombros, así como restablecer los servicios básicos.

Durante el paso del ojo del meteoro, algunos habitantes salieron de sus casas y quedaron impactados ante el desolador panorama / Especial

El traslado de dos niños quemados

En Playa del Carmen, Amílcar Galaviz, actual director de la Cruz Roja en Cancún, vivió el paso de “Wilma” desde otra trinchera: la atención hospitalaria. En ese momento se encontraba en la delegación en Playa del Carmen. Entre los servicios que recordó destacó el de una vivienda donde explotó un tanque de gas, lo que provocó quemaduras graves a dos menores. La severidad de las lesiones hizo necesario llevarlos a un hospital para recibir atención especializada, pese a que el huracán azotaba con fuerza la región.

Relató que contaban con una ambulancia tipo 9, montada sobre un chasis de tráiler, con la que trasladaron a los pequeños al hospital general. Horas más tarde, debido a su estado de salud, decidieron llevarlos a Cancún. Para realizar el recorrido recurrieron al apoyo de la Marina, que participó con un vehículo anfibio.

El operativo quedó grabado en su memoria por el peligro que representaba desplazarse bajo condiciones meteorológicas adversas. Explicó que fue un servicio especialmente difícil, pues ocurrió cuando el fenómeno alcanzaba su mayor intensidad y, debido a la corta edad de las víctimas, optaron por salir a auxiliarlas.

Residentes encontraron navíos hundidos y apilados unos sobre otros / Especial

Un paraíso destrozado

En Cozumel, Aída, habitante de la isla, recordó que su familia aseguró la casa con tablas de madera antes de la llegada del ciclón. Cuando las ráfagas comenzaron a intensificarse, se interrumpió el suministro eléctrico y el aire se filtraba por las protecciones colocadas en las ventanas.

“Se escuchaba horrible el viento que traspasaba las tablas de madera que puso mi papá. Recuerdo escuchar el crujir de los árboles y de los postes de luz”, relató. La fuerza de las corrientes también introdujo arena en el interior del inmueble. Cuando llegó el ojo del huracán, la aparente calma les permitió salir y observar las condiciones en que había quedado su entorno. El panorama era desolador: troncos y postes derribados, cables tendidos sobre las calles y caminos prácticamente intransitables.

Al acudir a un muelle, la familia encontró embarcaciones amontonadas y destrozadas, una escena que evidenciaba la intensidad con la que “Wilma” había azotado.

La arena alcanzó tal nivel que estuvo a punto de cubrir los sanitarios / Especial

Iván Magadán también enfrentó el fenómeno desde Cozumel, donde trabajaba cuando comenzó a dimensionar la magnitud de la amenaza para Quintana Roo. Su primera preocupación fue comunicarse con sus familiares en Cancún para advertirles sobre la fuerza del meteoro y pedirles que tomaran precauciones. Les dijo que se cuidaran y prepararan, pues el ciclón se aproximaba con gran intensidad. También les aseguró que él se encontraba en un sitio seguro, aunque la distancia no disminuía su inquietud por lo que pudiera sucederles a sus seres queridos.

El paso del fenómeno por Cozumel fue uno de los episodios más críticos de la emergencia. De acuerdo con el reporte del Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, el ojo de “Wilma” cruzó la isla el 21 de octubre del 2005, cuando todavía mantenía la categoría cuatro.

En Cancún, el comerciante Wilhem Espadas aseguró que permanecieron en casa, confiados en haber tomado las precauciones necesarias, pero sin imaginar la magnitud de los daños que estaban por ocurrir.

En aquellos años, la preparación ante los ciclones aún no estaba tan arraigada como ahora entre la población. El temor a los saqueos también influyó en la resistencia de algunas familias a abandonar sus hogares, incluso cuando las autoridades recomendaban acudir a los refugios. Alberto Aguilar, rescatista conocido como “Topo”, recordó que desde la tarde del 21 de octubre del 2005 permanecía en su casa, en Villas del Caribe, acompañado de su esposa y su hijo, aunque se mantenía atento a cualquier llamado de auxilio. Explicó que entonces había poca conciencia sobre la prevención y muchas personas acudían a las tiendas a realizar compras de última hora, incluso de artículos innecesarios.

Los refugios alojaron a turistas y gente local durante más de tres días / Especial

A más de dos décadas de distancia, Aguilar considera que la población ha modificado sus hábitos y existe mayor conciencia sobre las medidas que deben adoptarse ante la amenaza de un ciclón.

César Viades, expolicía administrativo, también recordó que la prolongada permanencia de “Wilma” sobre la Península agravó sus efectos. Durante la contingencia, sus superiores de Seguridad Pública le permitieron acudir a casa para proteger a sus seres queridos; sin embargo, cuando terminó de colocar las protecciones, las condiciones meteorológicas ya le impedían salir.

Señaló que uno de los aspectos que más recuerda es el tiempo que el meteoro permaneció sobre la región, durante tres días, con intensidad de categoría tres, así como los destrozos que ocasionó y el esguince que sufrió al desplazarse entre los escombros. Su experiencia refleja que, después del impacto inicial, la emergencia continuó para quienes debían transitar entre restos de construcciones, árboles y estructuras dañadas.

El agente Sergio Tafolla recordó la angustia de no saber cómo se encontraba su familia mientras cumplía con sus responsabilidades. Explicó que permanecieron separados durante varios días y que no tuvo noticias de sus seres queridos hasta aproximadamente una semana después, debido a que él y sus compañeros estaban acuartelados. Apenas les permitían regresar a sus hogares para bañarse y cambiarse de ropa antes de reincorporarse a las labores de auxilio.

No faltó quien aprovechó el caos para cometer saqueos en comercios / Especial

La falta de electricidad, agua potable, alimentos y medicamentos agravó las condiciones de la población. Como integrante de la Policía, Tafolla participó en el desalojo de habitantes de colonias inundadas, además de colaborar en la limpieza de avenidas y de la zona hotelera. Recordó que tuvieron que evacuar a personas con el equipo y las patrullas disponibles. También intervino en el retiro de palmeras, anuncios publicitarios, arena y otros residuos del bulevar Kukulcán, luego de que el mar rebasara sus límites y ocasionara importantes afectaciones.

Para Luis Soto, fotógrafo con más de tres décadas de trayectoria, uno de los recuerdos más intensos fue la disyuntiva entre cumplir con sus responsabilidades laborales y comprobar que su familia estuviera a salvo. En aquel entonces trabajaba en el Ayuntamiento de Benito Juárez, durante la administración del alcalde Francisco Alor Quesada. Relató que alrededor de la medianoche acudió a su casa para verificar que sus seres queridos estuvieran bien, pues también estaba preocupado por ellos. Permaneció allí hasta aproximadamente las cinco o seis de la mañana, cuando disminuyó la parte más intensa del fenómeno y después salió a cumplir con su trabajo.

Al regresar a las calles encontró una ciudad irreconocible. Recordó que no estaba acostumbrado a ver Cancún sin árboles y con todo tirado, una imagen que calificó como impactante. Durante los recorridos con elementos de la Marina, presenció los daños y las labores para rescatar a personas atrapadas en sus viviendas. Entre las escenas que más lo marcaron estuvo el auxilio a adultos mayores que no podían desplazarse por sus propios medios.

Después del impacto de “Wilma”, cuadrillas de la Comisión Federal de Electricidad trabajaron para restablecer el suministro eléctrico / POR ESTO!

Entre los servidores públicos que participaron en la recuperación estuvo Francisco Amaro Betancourt, quien entonces formaba parte del Instituto de Fomento a la Vivienda y Regularización de la Propiedad y tenía responsabilidades en la zona norte de Quintana Roo. Su labor consistió en mantener comunicación con las familias beneficiarias de programas habitacionales y, después del huracán, participar en el levantamiento de los daños para gestionar apoyos destinados a reconstruir los inmuebles afectados.

 Una vez superada la contingencia, comenzaron las reuniones y los recorridos para determinar las necesidades de la población. Sin embargo, él también atravesaba un problema de salud, pues acababa de someterse a una operación que requirió una colostomía.

Uno de los programas que recordó fue Pie de Casa, implementado por los Gobiernos federal y estatal para apoyar a las familias afectadas. Según su estimación, en Benito Juárez se otorgaron poco más de 7 mil ayudas, aunque aclaró que no conservaba la cifra exacta.

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Recuperación contrarreloj

El desbordamiento de la laguna Bojórquez anegó parte del corredor turístico. Algunos hoteles y negocios sufrieron afectaciones considerables, mientras que el antiguo hospital general registró desperfectos que obligaron a trasladar pacientes a áreas seguras o a otros nosocomios.

Restablecer los servicios básicos representó otro de los grandes desafíos. Cuadrillas de la Comisión Federal de Electricidad llegaron desde otras regiones del país para trabajar día y noche en la recuperación del suministro. Entretanto, los vecinos se organizaron para vigilar sus colonias durante la noche, ante los rumores sobre la fuga de reos y el temor a nuevos robos. En algunos sectores encendieron fogatas para iluminar las calles, lo que ocasionó que el humo se dispersara por la ciudad

Los saqueos también afectaron a comercios. La presencia de elementos del Ejército y de fuerzas federales resultó necesaria para reforzar la seguridad en plazas y tiendas de autoservicio. La actividad turística tardó varias semanas en reactivarse. Aunque los servicios, las carreteras y los aeropuertos comenzaron a operar progresivamente, la zona hotelera y los centros nocturnos permanecieron parcialmente a oscuras durante un periodo prolongado.

Las labores de recuperación incluyeron el levantamiento de daños en viviendas afectadas para gestionar apoyos destinados a las familias que perdieron parte de su patrimonio / Especial

Hoteles y restaurantes pudieron reabrir después de reparar los desperfectos y tramitar sus seguros, mientras que algunos pequeños negocios tuvieron que recurrir a préstamos para recuperarse; otros, en cambio, no lograron superar las pérdidas.

El aniversario del huracán encuentra a Quintana Roo nuevamente en plena temporada de ciclones del Atlántico, que concluye oficialmente el 30 de noviembre, aunque la actividad meteorológica del 2026 se ha mantenido por debajo de los parámetros habituales.

Hasta ayer, el Centro Nacional de Huracanes reportaba que no había ciclones tropicales activos en el Atlántico. Sin embargo, el balance de la temporada incluía nueve tormentas con nombre y un ciclón, “Isaias”, que alcanzó la categoría mayor.