Una artista trans de la ciudad condenó una realidad que aún pesa en las calles: la violencia diaria, exclusión y temor de existir. En el contexto del anuncio de la Marcha del Orgullo LGBT+ 2026, que se realizará el sábado 6 de junio en el Malecón Tajamar, su testimonio da rostro a una lucha que rebasa cualquier festejo.
Se dedica al transformismo y a espectáculos de imitación en Cancún y Mérida. Su labor, afirma, le ha permitido constatar cómo persiste la discriminación, incluso en entornos que aparentan apertura. “He sufrido agresiones, sí. Muchas veces son verbales. Saber que están cerca de ti y te dicen cosas… en la calle, en el empleo, en cualquier sitio te los puedes encontrar”, relató.
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La violencia no siempre deja marcas físicas, pero sí heridas profundas. Ofensas, mofas, rechazo y miradas cargadas forman parte de una agresión normalizada que muchas personas trans enfrentan a diario. Incluso en su ámbito profesional ha experimentado exclusión.
Sostuvo que este problema no es exclusivo de Cancún o Mérida, sino una condición global. “No es que una ciudad sea más libre que otra. Creo que esto es global. Aún falta mucha información”, señaló.
Al preguntarle qué exigiría a las autoridades, no habló de privilegios, sino de equidad. “Que nos traten igual. Sin importar si mi identificación dice hombre o mujer. Todos pagamos impuestos, todos cumplimos como ciudadanos. Eso es lo esencial”.
Su voz adquiere fuerza en un contexto alarmante. En Quintana Roo, el colectivo “Siempre Unidas” documentó 50 feminicidios durante el 2025, aunque la Fiscalía estatal solo reconoció 16. Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), hasta febrero del 2026 se registró un feminicidio y cinco homicidios de mujeres.
Cuando se trata de mujeres trans, la violencia queda aún más invisibilizada. En Quintana Roo no existe la tipificación del transfeminicidio y muchos casos se clasifican como homicidios dolosos o quedan fuera de estadísticas con perspectiva de género. Esa omisión institucional también mata.
Hasta abril de 2026, solo seis estados de México han tipificado el transfeminicidio como delito autónomo o dentro de sus códigos penales. En entidades como Quintana Roo, esta figura jurídica aún no existe, por lo que los asesinatos de mujeres trans suelen investigarse como homicidios o, en pocos casos, como feminicidios.