En la ciudad de Cancún se estima que tres de cada 10 habitantes residen en alguna de las 213 colonias irregulares, sin certeza jurídica, infraestructura pública ni servicios básicos. En total, se calcula que alrededor de 350 mil personas viven en estas condiciones, informó el regidor Samuel Mollinedo.
Familias han esperado hasta 28 años para que este proceso avance, como es el caso de Alicia Ortega, quien habita en la colonia El Pedregal.
Aunque la autoridad municipal asegura que actualmente se encuentran en proceso de regularización 20 asentamientos, sin precisar cuáles, habitantes de zonas como El Pedregal, Tres Reyes y El Milagro, con más de dos décadas de ocupación, afirmaron desconocer si serán incluidos en el programa.
Además, señalaron que los ejidatarios de Alfredo V. Bonfil, a quienes adquirieron los terrenos, deben presentar la documentación necesaria para continuar con el trámite.
La familia Alcántara, originaria de Tabasco y establecida en Tres Reyes desde hace 20 años, aseguró que, pese a las limitaciones, se sienten conformes en ese entorno. “Tenemos un lote de 10 metros de frente por 30 de fondo, hay vegetación y no nos sentimos encerrados como en las viviendas del Arco Norte”, comentaron.
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Miles de hogares en estos asentamientos, ya integrados a la mancha urbana e incluso ubicados entre dos de las principales vialidades de Cancún, como la avenida José López Portillo y Las Torres, presentan carencias de agua potable, drenaje, electricidad, alumbrado, recolección de residuos, pavimentación, seguridad, nomenclatura, servicios médicos y transporte, entre otros.
Para la autoridad municipal, las causas de este fenómeno son diversas; sin embargo, una de las principales fue el crecimiento poblacional de hasta 18% anual que experimentó Cancún debido a su éxito turístico, lo que derivó en una población actual cercana al millón de habitantes, cuando la planeación original era para 250 mil personas.
Otros factores incluyen la falta de estabilidad laboral en el sector hotelero y turístico, donde predominan contratos temporales que no siempre se renuevan en temporada baja y que, en muchos casos, carecen de prestaciones.
“Nadie puede asumir un compromiso económico si no sabe si seguirá empleado”, expresó el Regidor.
A ello se sumó el llamado turismo electoral, práctica recurrente en administraciones de décadas anteriores, mediante la cual se trasladaba a personas con estructuras partidistas desde estados como Chiapas, Oaxaca, Tabasco o Campeche para tramitar credenciales locales y votar por el partido en el poder, a cambio de facilidades para establecer asentamientos irregulares.
De acuerdo con el censo municipal, actualmente existen cerca de 90 mil lotes irregulares que generan contaminación por la ausencia de drenaje y recolección de residuos, principalmente en las zonas de Alfredo V. Bonfil y Rancho Viejo. Incluso, no existía un registro único: el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) estimaba 90 colonias, mientras que la Comisión Federal de Electricidad contabilizaba 130.
A través del Instituto de Regularización para el Bienestar Patrimonial se atienden 115 asentamientos dentro del universo de 213, lo que equivale aproximadamente a 10 mil 500 lotes en proceso.
Samuel Mollinedo señaló que, mientras se trabaja en la atención de desarrollos ya establecidos, el Ayuntamiento y el Gobierno del Estado mantienen operativos de vigilancia para frenar la aparición de nuevos asentamientos sin ordenamiento.
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Testimonio
Una madre soltera de cuatro menores, a quien se le ha cambiado el nombre por Elizabeth para resguardar su seguridad, relató las dificultades y carencias que enfrenta para vivir en una zona irregular al norte de la ciudad. Pagó alrededor de 17 mil pesos por un lote del cual solo posee un documento informal con medidas, precio, número de parcela y otros datos, lo único que respalda su posesión.
Se convirtió en madre a los 15 años y llegó a Cancún hace ocho años con lo indispensable y sus hijos aún pequeños. Su expareja no convive con ella, pero le brinda un apoyo económico que considera suficiente, mientras ella complementa el ingreso con la cría de gallinas para venta y autoconsumo. El agua la obtiene de un pozo, el sanitario es una letrina rudimentaria y apenas logró construir un cuarto de material donde habita con sus hijos, quienes asisten a la escuela tras múltiples esfuerzos personales.
“Con mucho trabajo pude levantar esta vivienda. El terreno fue económico, pero no tengo seguridad legal sobre la propiedad. Aun así, es mejor que lo que tenía antes en Tabasco, donde vivía en casa del padre de mis hijos y pasábamos muchas carencias. Surgió la oportunidad de venir a esta ciudad, que aún conozco poco, pero no tuvimos otra alternativa”, relató.
En una etapa previa trabajó como vendedora ambulante de artesanías, pero debido a problemas de salud de su madre, originaria de Chiapas, tuvo que regresar a su comunidad. En ese periodo quedó nuevamente a cargo de sus cuatro hijos. Con las ganancias obtenidas y otros oficios menores, logró reunir lo necesario para construir una vivienda de material, ya que anteriormente habitaba una estructura precaria hecha de tablas, láminas y otros elementos improvisados.
Su hijo mayor, de ocho años, asiste a la primaria, mientras que los más pequeños están en preescolar y el menor permanece bajo su cuidado. Para subsistir, recurren al autoconsumo mediante la cría de aves de corral y el cultivo de algunas hortalizas como chiles y verduras.
El agua proviene de un pozo y, según afirmó, es apta para consumo, pues conoce los riesgos de la contaminación al haber padecido disentería en su infancia en Chiapas.
“Dios me dio manos y fuerzas para salir adelante y entendí que si quería progresar dependía de mí. Todo lo que hago es por mis hijos; el mayor a veces me ayuda con los animales para luego venderlos. Mi madre nos apoyaba, pero tuvo que regresar al pueblo y me dijo que volvería pronto, eso espero, porque antes vendíamos comida y eso ayudaba mucho”, compartió.
Elizabeth desea que sus hijos accedan a oportunidades que ella no tuvo. Aunque recuerda sus orígenes y el camino recorrido se siente satisfecha por los avances logrados.
Afirmó que su hijo ya lee y se expresa mejor que ella, algo a lo que no tuvo acceso en su comunidad natal.
Reconoció que la vida en colonias irregulares es difícil, donde se vive al día y en su percepción muchas veces no son tomados en cuenta por las autoridades ni considerados plenamente dentro de los apoyos institucionales.