Aunque los departamentos del fraccionamiento Corales podrían colapsar en cualquier momento debido a los daños estructurales que presentan, habitantes decidieron organizarse para restaurarlos, al ser el único patrimonio que poseen.
Los edificios de Corales, en la Supermanzana 77, registran graves afectaciones tras más de 30 años de su edificación. Recientemente, el desprendimiento de fachadas, voladizos y secciones de paredes evidenció el drástico deterioro de las viviendas, lo que impulsó a los residentes a tomar medidas ante el riesgo de un derrumbe.
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En un esfuerzo por salvar su propiedad, familias de la calle 2 sur iniciaron la reconstrucción total de las escaleras de su inmueble. La inversión asciende a 150 mil pesos, monto repartido entre los 20 hogares que habitan el edificio para costear materiales como grava, cemento, varilla y mano de obra.
Ante los constantes desprendimientos de marcos de ventanas y pedazos de concreto, los colonos alertaron a la Estación de Bomberos. Posteriormente, personal de Protección Civil acudió para notificar "recomendaciones urgentes de seguridad y mantenimiento estructural" en los más de 100 edificios que integran el complejo.
Sin embargo, la rehabilitación enfrenta un obstáculo social: la presencia de invasores. Se desconoce un censo preciso, pero los propietarios genuinos señalan que estas personas son las más renuentes a cooperar económicamente, a pesar de que la situación es considerada de vida o muerte por la comunidad.
Los daños son visibles desde la fachada y no representan una problemática reciente. Emilio, residente desde el año 2000, relató que desde hace décadas se percibían fallas en el sistema de construcción, el cual consistió en planchas de concreto prefabricadas que hoy muestran severos estragos.
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"Al interior de los departamentos cada quien es responsable, pero los exteriores se ven devastados porque no todos están dispuestos a cooperar. En mi edificio tuvimos que hacer consenso para costear las escaleras nuevas, pues son el único acceso que tenemos", explicó el vecino.
Casos como el de Karumy ilustran el alto costo de vivir en la zona; ella ha invertido hasta 70 mil pesos en sanar techos, impermeabilizar y reparar áreas dañadas en el exterior de su vivienda, además de los 7 mil pesos aportados para las áreas comunes. El objetivo es prolongar la vida útil de su hogar para que su hija crezca en un entorno seguro.
En contraste, los conflictos persisten con quienes ocupan departamentos de forma irregular. Los vecinos señalan que los inmuebles con mayor grado de deterioro, donde la varilla está expuesta y faltan trozos completos de muro, coinciden con los espacios habitados por personas que no asumen la responsabilidad del mantenimiento, lo que mantiene bajo riesgo a toda la comunidad de la Supermanzana 77.