“Lo que se conoce, se ama”, afirmó la actriz Katenka Ángeles, quien ha recorrido con su cuerpo y su voz la vida de Felipa Poot, la mujer maya que desafió las injusticias de su tiempo y cuya historia volvió a resonar en la tierra que la vio nacer.
Gracias al Otoño Cultural de la Secretaría de la Cultura y las Artes de Yucatán (Sedeculta), la obra Felipa Poot, un relámpago en la oscuridad, dirigida por Raquel Araujo y producida por Teatro La Rendija, se presentó el pasado lunes 26 de octubre en el Colegio de Bachilleres de Yucatán (Cobay) de Kinchil, en un encuentro entre la memoria histórica y las nuevas generaciones.
Luchadora social, maestra y madre, Felipa Poot defendió los derechos de su comunidad en una época marcada por profundas desigualdades. Su historia, durante mucho tiempo poco conocida, cobra nueva vida en esta propuesta escénica que también representó a Yucatán en el Festival de Monólogos Teatro a Una Sola Voz, con funciones en el Norte del país.
Para Katenka, presentar la obra en el municipio natal de Felipa era un sueño largamente acariciado.
“Para mí es un orgullo. Siempre ha sido algo súper significativo abordar esta obra, y el hecho de estar acá, en el territorio que fue parte de Felipa, es muy valioso. Teníamos esta ilusión, este sueño desde hace muchísimo tiempo”, compartió.
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La función ante estudiantes del Cobay permitió acercar a los jóvenes a una figura fundamental de la historia yucateca y recordarles que las luchas por la justicia no pertenecen solamente al pasado.
“Vivimos tiempos complejos. La lucha de Felipa continúa con la lucha por el agua, los recursos y el territorio; siguen las luchas sociales y la necesidad de crear un mundo más justo, equitativo, generoso y bondadoso para la población y las nuevas generaciones”, expresó.
“Una mujer más allá del monumento”
La obra no pretende convertir a Felipa Poot en una heroína distante, sino explorar su humanidad a través de una construcción teatral que
combina la investigación histórica con la imaginación de sus creadoras.
“Esta obra habla de la vida de Felipa, pero mucho de lo que vemos forma parte de la ficción. Fuimos construyendo y llenando nuestro imaginario con situaciones que creemos que pudieron haber pasado en su vida y que nos significan mucho”, explicó Katenka.
La propuesta también establece un diálogo entre las circunstancias que vivió Felipa y las experiencias de las mujeres de hoy.
“Traer su vida al mundo actual también habla de las mujeres que lo habitamos y de las mujeres que escribimos o coescribimos la obra. Estamos hablando de nuestras propias luchas, de nuestra situación y de nuestra existencia como mujeres en esta época”, señaló.
Desde esta perspectiva, Felipa aparece como una mujer de carne y hueso, con convicciones, afectos, penas y contradicciones.
“Fue una luchadora social, pero también fue una madre, una persona que tenía conflictos, penas y una vida. Abrazamos todo eso y esperamos que el espectador imagine, por su cuenta, quién fue Felipa Poot”, añadió.
La iniciativa de llevar su historia al teatro surgió de la directora Raquel Araujo, quien se interesó en la figura de Felipa durante la investigación de otro proyecto relacionado con las mujeres. A partir de entonces, reunió al equipo creativo que dio forma a este montaje.
Interpretar a la protagonista desde la infancia hasta la adultez ha representado para Katenka un reto físico y actoral que reúne años de aprendizaje, exploración corporal y trabajo vocal. Pero también ha sido una experiencia de reconocimiento de sus propias raíces.
“Creo que la historia de Felipa tiene que ver con mis antepasados. Mucha gente de Yucatán, como en mi caso, somos mestizas y tenemos muchas raíces en nuestro árbol genealógico, pero siempre tenemos acá nuestra sangre maya”, reflexionó.
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Orgullo y dignidad
¿Qué le diría Felipa Poot a quienes todavía enfrentan discriminación por hablar la lengua maya, por el color de su piel o por vivir en municipios del interior del estado?
Katenka imagina que les pediría hacerse escuchar y defender con orgullo su identidad.
“Que hablen, que se muestren con mucho orgullo y dignidad, como lo es la gente de nuestro país y nuestras personas con identidad maya, con ese nivel de orgullo y de amor hacia lo que son”, expresó.
Para la actriz, conocer a Felipa es también acercarse a la historia de Yucatán y reconocer las raíces que dan identidad. De ahí la importancia de que las instituciones culturales respalden a las compañías independientes y faciliten que sus producciones lleguen a los municipios.
“Es muy valioso. Muchas veces esto no sería posible sin la ayuda y el apoyo institucional. El ámbito teatral tiene mucho que ver con las ganas de estar y de hacer, pero también se requieren infraestructura, equipo y personal. Qué bueno que existan estas posibilidades y que podamos llegar a los diferentes municipios de Yucatán”, consideró.
La presentación en Kinchil, impulsada por la Sedeculta como parte del Otoño Cultural, muestra cómo el acceso al teatro contribuye a preservar la memoria colectiva y despertar el interés de los jóvenes por personajes que forman parte de su historia.
De Yucatán al escenario nacional
Felipa Poot, un relámpago en la oscuridad también ha encontrado públicos fuera del estado, al ser seleccionada para el XXI Festival de Monólogos Teatro a Una Sola Voz, circuito nacional que llevó la producción a escenarios del Norte del país a mediados de este 2026.
Después de su paso por el circuito nacional y de una temporada en Mérida, la obra suma alrededor de 25 representaciones, cada una con la oportunidad de acercar a nuevos espectadores a la vida de esta mujer.
Como un relámpago que atraviesa la oscuridad, Felipa Poot volvió a iluminar su tierra y a recordarle a las nuevas generaciones que hay historias que merecen ser contadas para que nunca vuelvan al silencio.