Yucatán

Juana Keb: 85 años de historia trabajo por el sabor auténtico de la pepita yucateca

Con 85 años y un molino manual, Juana Keb preserva una tradición que da vida a la cocina yucateca.

Juana Keb elabora en su vivienda un ingrediente delicioso e infaltable en la gastronomía yucateca
Juana Keb elabora en su vivienda un ingrediente delicioso e infaltable en la gastronomía yucateca / Iván May

Hay herencias que se acaban muy rápido cuando no se saben administrar, pero la que recibió Juana Keb, antigua habitante de Huhí, no sólo se mantiene, sino que ya se transmite a las nuevas generaciones de su familia: la molienda de la semilla de calabaza, mejor conocida como pepita en la gastronomía yucateca.

En el cobijo de su terraza, frente a la pequeña máquina de moler, esta mujer de 85 años elabora historia, tradición y el sustento de tres generaciones que ven en ella un testimonio de amor al trabajo.

El aroma de la pepita tostada inunda el ambiente mientras Juana opera con destreza el molino manual, algo que aprendió antes de cumplir los 10 años.

Hoy, su producto es indispensable en las mesa, especialmente en la temporada de Cuaresma, cuando este ingrediente se convierte en el protagonista de guisos como los papadzules, el brazo de reina y el emblemático sikil pak.

Noticia Destacada

¿Cansado de comer pescado los viernes de Cuaresma? Platillos campechanos que puedes preparar

A pesar de su edad, la vitalidad de Juana desafía el tiempo, pues cada semana procesa entre 3 y 5 kg de la semilla, transformándola en dos presentaciones muy solicitadas: la pepita molida simple y la preparada especialmente para pipián. Con sus bolsitas de 100 gramos, cuyos precios  oscilan entre los 25 y 40 pesos, emprende viajes hacia comunidades vecinas como Homún, Cuzamá, Sotuta y Hocabá para distribuir su producto.

“No vendo mucho, generalmente son pedidos que llevo para entregar, porque no sólo es moler la pepita, debo comprarla y seleccionar las mejores para tostarlas al comal sobre leña”, explicó.

Su llegada es muy esperada por quienes buscan el sabor auténtico que sólo la molienda artesanal brinda para elaborar polcanes, pipián o simplemente para disfrutar con una tortilla hecha a mano.

Sin embargo, su mirada se torna melancólica al recordar que su oficio fue una herencia bendecida por las mujeres de su linaje.

“Desde que era muy chiquita mi mamá y mi abuela me inculcaron el trabajo y me gustó moler; tal vez tenía 10 años o menos”, dijo.

Noticia Destacada

Tres comidas con caldo que debes evitar cocinar durante los días de calor extremo en Yucatán

Ese legado hoy tiene un nuevo propósito, pues Juana es el pilar económico de su hogar, su nieta y bisnieta, quienes la ayudan en el embolsado y preparación y  ven en ella la raíz del árbol familiar.

Para la comunidad de Huhí, ver a Juana trabajar es ver un fragmento de la identidad yucateca que se resiste a desaparecer frente a los nuevos procesos industriales.

Ella expresó sentirse orgullosa de su oficio y de saber que las enseñanzas de su madre y abuela continúan presentes y ya trascienden.

En Cuaresma, cuando los sabores de la tierra cobran mayor relevancia, la figura de Juana Keb se agiganta en las cocinas.

Es el recordatorio de que la gastronomía de Yucatán no sólo vive en los grandes restaurantes, sino en las manos cansadas, pero firmes, de mujeres que, a sus más de ocho décadas, siguen alimentando el alma de sus pueblos.