La draga lleva meses cavando en silencio bajo el agua turquesa del Golfo de México. Desde la costa de Progreso apenas se ve: una mole de acero que sorbe el fondo marino y lo convierte en tierra firme. Lo que emerge no es sólo arena: es la apuesta más ambiciosa de Yucatán en décadas para cambiar su destino económico.
El 24 de marzo del 2026, la Administración del Sistema Portuario Nacional (Asipona) de Progreso ingresó ante la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) para construir una segunda plataforma portuaria –la llamada Plataforma Sur– de aproximadamente 40 hectáreas ganadas al mar.
El expediente, que ahora aguarda dictamen, representa la Fase 2 de una transformación que ya está en marcha: la más profunda reconversión del puerto de Progreso en su historia moderna.
Un siglo de rezago en un solo proyecto
Para entender la magnitud de lo que se propone, hay que mirar hacia atrás. Durante décadas, el puerto de Progreso operó como la salida natural de Yucatán al mundo: primero con henequén, luego con miel, pescado y manufacturas. Pero la infraestructura envejeció mientras otros puertos del Golfo se modernizaban.
En 1999, la cuarta etapa de ampliación llevó la profundidad del canal de 7.5 a 12 metros, un avance significativo para su época. Hoy, esa profundidad ya no alcanza para los buques de nueva generación que dominan el comercio marítimo global.
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El nuevo proyecto –impulsado como parte del plan estatal Renacimiento Maya del gobernador Joaquín Díaz Mena– plantea una intervención de escala sin precedente: dragar más de 57 hectáreas de fondo marino para alcanzar una profundidad operativa de 12.5 metros en las dársenas y hasta 13.3 metros en el canal de navegación, que además pasaría de 150 a 180 metros de ancho.
El material extraído –piedra caliza y sedimentos– se reutilizaría mediante relleno hidráulico para formar la nueva plataforma. En total, entre obras en tierra, mar y disposición de materiales, la intervención sumaría cerca de 98 hectáreas.
12,225 mdp: la inversión que nadie esperaba
La cifra original del proyecto era ya histórica: 7 mil 900 millones de pesos con financiamiento federal (73%), estatal (20%) y privado (7%). Pero tras la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Yucatán, el monto escaló a 12 mil 225 millones de pesos.
El gobierno federal, a través de la Secretaría de Marina (Semar), asumió la coordinación técnica del proyecto. La meta: terminar la primera etapa antes del 2028 y posicionar a Progreso como uno de los seis puertos estratégicos del país.
Los números avanzan. Al arranque del 2026, la primera etapa del proyecto reportaba un 74% de avance, con la draga Fernando de Magallanes operando de forma continua en el área marítima.
La concesionaria danesa APM Terminals –que opera la terminal de contenedores– ya prepara inversiones propias por tres mil millones de pesos adicionales para modernizar sus instalaciones y atender el incremento de carga que se anticipa. El mensaje del sector privado es claro: el gran puerto del Sureste es aquí.
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La Plataforma Sur: el salto que pide permiso
Mientras la Fase 1 avanza bajo el agua, la Fase 2 espera en un escritorio de la Semarnat. La Plataforma Sur –el corazón del nuevo expediente ambiental– diseñada para albergar terminales especializadas en granel mineral, gas licuado, petróleo y contenedores, abriría a Progreso a un segmento del comercio marítimo que hoy le está vedado por limitaciones físicas.
La aprobación, sin embargo, no está garantizada. La Semarnat deberá evaluar el impacto sobre el ecosistema marino y costero de la región, que incluye zonas de pesca artesanal, corredores de vida marina y actividades turísticas costeras.
El proyecto más transformador del puerto de Progreso en décadas también es su desafío ambiental más complejo.