Gobierno de Yucatán afina los últimos detalles de un diagnóstico técnico sobre la erosión costera que afecta su litoral, con especial énfasis en el Malecón de Progreso. El estudio –encargado a una consultoría especializada e iniciado a finales del 2025– está por concluir y será determinante para diseñar una estrategia de recuperación de playas basada en evidencia científica, informó la titular de la Secretaría de Desarrollo Sustentable (SDS), Neyra Silva Rosado.
La funcionaria reconoció que el fenómeno no se circunscribe a puntos aislados: abarca una amplia franja costera cuya extensión complica la medición exacta en esta etapa del análisis. El Malecón de Progreso concentra la atención por la pérdida de playa visible que ha motivado solicitudes de intervención urgente por parte de vecinos.
Larga historia devorando el litoral
Los números son contundentes: entre 1980 y 2019, el litoral yucateco perdió en promedio 19 metros de playa. El investigador Jorge Euán, quien ha documentado el fenómeno por décadas, ha registrado retrocesos de hasta seis metros por año en zonas de alto riesgo como Chelem, Chuburná y Chicxulub. En Telchac Puerto, imágenes satelitales revelan que algunos puntos han retrocedido hasta 100 metros tierra adentro.
El fenómeno no es exclusivo de Yucatán. A escala global, se estima que entre el 24 y el 32 por ciento de las playas del mundo sufre erosión activa, según datos del Observatorio Europeo de Costas. En el Golfo de México, la combinación de subsidencia del suelo –hundimiento natural o inducido por extracción de agua–, el aumento del nivel del mar y la reducción del aporte de sedimentos fluviales crea condiciones especialmente agresivas para los litorales planos como el yucateco.
Noticia Destacada
Hallan 200 metros de redes y desechos en el manglar de la laguna Nichupté
El nivel medio del mar en el Golfo de México ha aumentado entre 2 y 4 milímetros por año en las últimas décadas, una tendencia que se proyecta se acelere hacia el 2050, según el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC). Para una costa tan plana como la de Yucatán –donde la elevación promedio sobre el nivel del mar no supera los 5 metros en amplias franjas–, cada centímetro de incremento marino se traduce en metros de playa perdidos.
Huracanes y fenómenos locales: la tormenta perfecta
El paso del huracán Milton en octubre del 2024 —que, aunque no tocó tierra en Yucatán, alteró profundamente las corrientes marinas del Golfo— agravó el panorama. Combinado con el fenómeno local conocido como “chikin ic” —vientos del norte que generan oleaje intenso y arrastran sedimentos—, se estima que Progreso perdió hasta 20 metros adicionales de playa en cuestión de semanas. En conjunto, ambos fenómenos ilustran cómo los eventos climáticos extremos no sólo causan daños puntuales, sino que aceleran procesos de degradación que ya estaban en marcha.
Los científicos advierten que la temporada de huracanes en el Atlántico se ha intensificado en las últimas décadas. El Caribe y el Golfo de México registraron en el 2024 una de las temporadas más activas en 30 años, con 11 huracanes nombrados de categoría 1 o superior. Cada evento de ese tipo, aunque no impacte directamente la costa yucateca, reorganiza las corrientes de deriva litoral que transportan y depositan sedimentos.
El peso de las decisiones humanas
Esta no es una catástrofe natural repentina. Es el resultado acumulado de al menos cuatro décadas de decisiones –algunas tomadas por el Estado, otras por particulares– que interrumpieron la dinámica natural de uno de los litorales más planos y vulnerables de México.
El 27 por ciento de la franja costera yucateca tiene viviendas construidas a menos de 10 metros del mar, según datos de la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios (AMPI). El desarrollo inmobiliario acelerado, con condominios que eliminaron dunas y arrasaron manglares, destruyó las barreras naturales que durante siglos protegieron las playas del embate del oleaje.
Yucatán ha perdido más del 60 por ciento de su cobertura de manglar respecto a niveles históricos, de acuerdo con estimaciones de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio). El manglar no es solo un ecosistema: actúa como un amortiguador de energía del oleaje y como trampa de sedimentos que alimenta la playa. Sin él, la costa queda expuesta directamente a la erosión.
En Chicxulub Puerto, donde la playa cerca del muelle prácticamente ha desaparecido, sólo quedan enormes rocas filosas que representan un peligro constante para quienes se acercan al mar. Lo que alguna vez fue un espacio de recreación para familias es hoy una zona de riesgo.
Consecuencias más allá de la arena
La pérdida de playa no es un problema estético. En términos económicos, el turismo de sol y playa representa una de las principales fuentes de ingresos para los municipios costeros de Yucatán. La degradación del litoral amenaza directamente la viabilidad de este sector. Estudios del Banco Mundial estiman que la erosión costera puede reducir hasta un 25 por ciento el valor económico de zonas turísticas en un período de 30 años si no se toman medidas correctivas.
Noticia Destacada
Puerto Morelos: anulan permisos de proyecto inmobiliario en zona protegida de manglares
Desde el punto de vista ecológico, los sedimentos arrastrados alteran el equilibrio de cuerpos de agua costeros, favorecen la proliferación de algas nocivas y reducen la biodiversidad marina. En el caso de Yucatán, la conectividad entre la zona costera y los cenotes y sistemas de agua subterránea añade una dimensión adicional de vulnerabilidad: lo que ocurre en la playa afecta inevitablemente la cuenca hidrológica interior.
La respuesta institucional y sus límites
Yucatán coordina acciones con Campeche y Quintana Roo –estados con afectaciones similares– en un esquema de colaboración regional que será presentado ante la Comisión Regional de Cambio Climático para definir respuestas conjuntas. Es un avance necesario, aunque los especialistas señalan que las soluciones de largo plazo requieren intervenciones estructurales: restricciones reales al desarrollo en zona costera, restauración masiva de manglares y dunas, y en algunos casos, relleno artificial de playas con materiales compatibles.
El diagnóstico en curso representa una oportunidad para que Yucatán actúe con base en ciencia antes de que el margen de maniobra se reduzca aún más. La pregunta que queda abierta es si los resultados derivarán en políticas con la escala y la urgencia que el litoral exige, o si se convertirán en un documento más en el archivo institucional mientras la playa sigue desapareciendo.