Hoctún ha sido reconocida a nivel regional y nacional por la destreza textil de sus mujeres, quienes han convertido la elaboración de blusas, hipiles y ternos tradicionales mediante la técnica del punto de cruz, en maya se dice xmanikté, en una de las principales fuentes de ingreso para la economía familiar.
De acuerdo con datos del INEGI la manufactura artesanal en el interior de la entidad aporta cerca del 35 por ciento de los ingresos en los hogares rurales, funcionando como una herramienta de contención frente a la emigración laboral.
Sin embargo, en las últimas décadas, este arte que tradicionalmente se transmitía de madres a hijas ha comenzado a romper las barreras de género en San José Oriente, donde un grupo creciente de hombres y jóvenes ha tomado la aguja y el bastidor para transformar un patrón cultural rígido en una manifestación de orgullo, empleo digno y soberanía creativa.
La confección del xmanikté exige una precisión matemática y una resistencia biomecánica considerable. Un terno completo de gala para una mestiza yucateca requiere entre tres y ocho meses de trabajo continuo y puede llegar a sumar más de 100 mil puntadas individuales sobre la malla de cuadrillé.
Noticia Destacada
Abrirán tres Universidades para el Bienestar en Tzucacab, Chikindzonot y Colonia Yucatán; alcanzarán a más de 100 mil habitantes
En los mercados artesanales de Mérida o en los comercios especializados de Cancún, un terno bordado íntegramente a mano por artesanos de Hoctún alcanza un valor comercial que oscila entre los 8 mil y los 25 mil pesos, dependiendo de la densidad del dibujo y la complejidad de las combinaciones cromáticas.
Estudios del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) señalan que la inclusión activa de varones en la cadena de valor de la indumentaria artesanal ha permitido a las familias de San José Oriente incrementar hasta en un 20 por ciento su liquidez mensual, mitigando los efectos de la contracción en el empleo agrícola tradicional producido por las severas sequías que afectan al Centro del estado. Este fenómeno sociológico demuestra que el bordado ya no es percibido únicamente como una labor doméstica de traspatio, sino como una profesión técnica y artística respetada en la región.
Uno de los testimonios más reveladores de esta transformación en la comisaría de San José Oriente es el del joven artesano Jheremi May, quien desde la infancia decidió abrazar el oficio de los hilos desafiando los prejuicios comunitarios sobre los roles de género.
“Hay momentos que definen nuestro destino sin que nos demos cuenta. Para mí ese momento ocurrió cuando tenía apenas ocho años en mi querido San José Oriente, Hoctún. Recuerdo perfectamente las tardes en casa; mi madre, como es costumbre en mi humilde hogar, dedicaba sus horas libres a bordar. Cuando ella se levantaba para atender otros pendientes, dejaba su bastidor y sus hilos descansando justo debajo de su hamaca. La curiosidad fue mi primera maestra; me acercaba sigilosamente, observando aquellos hilos de colores y la malla que poco a poco cobraba vida. Un día, sin decir nada, tomé la aguja. Con mis manos pequeñas y algo de nervios, intenté imitar sus movimientos. Lo que empezó como un juego de niños se convirtió en un descubrimiento asombroso: mis manos podían crear belleza”, relató el joven creador.
La experiencia de Jheremi May refleja el proceso de aprendizaje empírico que caracteriza a la infancia en los pueblos del Mayab rural, donde la observación directa de las artes de la casa sustituye a las escuelas formales de diseño.
Noticia Destacada
Proceso electoral de 2027 inicia este 10 de septiembre y más de 121 mil yucatecos deben renovar su INE para ejercer su voto
“Fue en ese rincón de la casa, entre el vaivén de la hamaca y el silencio de la tarde, donde nació mi pasión por el punto de cruz. Desde aquel entonces no he soltado la aguja. Lo que comenzó como un secreto bajo la hamaca hoy es mi orgullo, mi profesión y mi forma de decirle al mundo que el arte del bordado no tiene género, sólo requiere corazón y paciencia. Hoy, cada puntada que doy es un homenaje a ese niño de ocho años que se atrevió a soñar con hilos”, manifiestó el bordador, quien además ha extendido la comercialización de sus prendas a través de canales digitales y del número de atención y encargos 9993891697, permitiendo que compradores de diversos estados valoren y adquieran la indumentaria elaborada en Hoctún.
La presencia de hombres en la producción textil de San José Oriente también ha comenzado a llamar la atención de sociólogos y economistas del desarrollo regional. Un informe de la Secretaría del Bienestar indica que la participación masculina en la manufactura textil en municipios como Hoctún, Huhí y Teabo ha crecido un 15 por ciento en el último quinquenio, impulsada por el uso de tecnologías de comunicación para la venta directa al consumidor y la disminución del intermediarismo que antes castigaba el pago de la mano de obra.
Los jóvenes ya no ven al bastidor como ajeno, sino como una herramienta de trabajo que les permite financiar sus estudios, evitando la ruptura del tejido familiar por la migración forzada hacia la franja turística de Quintana Roo.