Yucatán / Mérida

El amor también debe cuestionarse: 7 de cada 10 mujeres en Yucatán han sufrido violencia

ENDIREH revela que el 70% de mujeres en Yucatán han sufrido violencia a lo largo de su vida.

En Yucatán, 7 de cada 10 mujeres han vivido violencia
En Yucatán, 7 de cada 10 mujeres han vivido violencia / Mishell Calderón

La realidad en el estado yucateco es que 7 de cada 10 mujeres han experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida, según datos de la ENDIREH. Esta cifra coloca en el centro la necesidad de reflexionar de manera constante sobre las dinámicas que atraviesan las relaciones humanas.

Es por ello que el análisis sobre las relaciones, los mitos del amor romántico, la identificación de la violencia y la búsqueda de círculos seguros deben ser temas presentes los 365 días del año, y no únicamente en fechas conmemorativas. Comprender cómo se construyen los vínculos es también una forma de prevención.

Un informe oficial de la Secretaría de las Mujeres aseguró que el amor debe ser libre de violencia, libre de estereotipos de género y, sobre todo, estar basado en la corresponsabilidad del cuidado, el respeto mutuo, la toma de decisiones compartida y el reconocimiento de la individualidad de cada persona.

Noticia Destacada

“¿Por qué el 8M no es un festejo?”: Preparan conferencia en Mérida rumbo al Día Internacional de la Mujer

Además, el amor sin violencia —señaló la SEMUJERES Yucatán— se construye con palabras que abrazan; funciona como una suma y no como control. No se debe pedir “permiso” para ser quien se es, ni para disfrutar de las amistades o de los propios espacios.

Signos de sospecha

Algunos signos de comportamientos sospechosos que pueden indicar una posible forma de violencia son: realizar acusaciones falsas sobre supuestos coqueteos, que la posible víctima deje de pasar tiempo con amistades o familia para dedicarlo exclusivamente a la pareja, que el posible agresor exija el envío constante de la ubicación —no por cuidado, sino por control—, o que obligue a abandonar actividades y hobbies personales.

Otras formas de identificar estas conductas son la revisión del diario, el celular, el correo electrónico o los mensajes, así como sentir temor de aceptar una invitación amistosa o laboral por miedo a la reacción de la pareja.

Sin embargo, identificarlas y señalar las conductas del otro es importante, pero también es necesario reconocer que todas las personas pueden llegar a violentar o reproducir estos comportamientos. Aprender a identificarlos en uno mismo es esencial para mejorar como persona y como pareja.

Es fundamental, aseguró la SEMUJERES, recordar que todas y todos tienen derecho a mantener amistades, realizar hobbies o actividades recreativas, pasar tiempo a solas, convivir con familiares, usar las prendas que brinden comodidad y gusto, y vivir una vida libre de violencia.

Mitos y daños

Existen mitos que fomentan el control, la violencia, la dependencia y la codependencia. Entre ellos se encuentran “el amor como sacrificio femenino”, “la media naranja”, “los celos como prueba de amor” y la idea de que “el amor lo perdona todo y es eterno”.

El mito del amor como sacrificio femenino sostiene que amar implica tolerar cualquier dificultad, sufrimiento o maltrato bajo la creencia de que el amor todo lo puede. Refuerza la idea de entrega incondicional de las mujeres y convierte el autocuidado, el establecimiento de límites o el tiempo a solas en actos percibidos como egoísmo. Esto puede llevar a naturalizar la sobrecarga emocional y las relaciones desiguales.

Noticia Destacada

Especialista alerta sobre “red flags” de violencia en relaciones durante San Valentín

Otro concepto es el “mankeeping”, acuñado en 2024 por Angelica Ferrara y Dylan P. Vergara, de la Universidad de Stanford, que describe el sobretrabajo emocional, mental y práctico que muchas mujeres realizan para sostener la vida de sus parejas hombres. Ellas asumen roles de terapeutas, asistentes personales u organizadoras, gestionando emociones y responsabilidades, lo que puede derivar en agotamiento.

Por su parte, el mito de la media naranja plantea que cada persona está destinada a otra que la complete. Esta idea promueve la creencia de que la felicidad depende de que alguien más llegue a ofrecerla, y refuerza roles tradicionales donde una persona asume el rol proveedor y la otra el de cuidado, internalizando que su valor depende de cómo complementa a la pareja.

El mito de los celos como prueba de amor también es peligroso. Según la Secretaría de las Mujeres, presenta los celos como señal de compromiso o interés, justificándolos como intensidad afectiva o preocupación. Este imaginario se refuerza en medios y cultura popular, donde el control y la posesión son representados como amor verdadero.

Finalmente, la idea de que el amor lo perdona todo y es infinito sostiene que debe superar cualquier obstáculo sin cuestionar los daños. Este mito puede fomentar la tolerancia al maltrato, la resignación ante desacuerdos y la creencia de que el dolor es parte necesaria del vínculo, invisibilizando desigualdades estructurales y emocionales.

El amor como práctica y no destino

Según la SEMUJERES, identificar estas creencias y comprender de dónde provienen permite transformarlas en la práctica cotidiana de un amor que se construye, que libera y que posibilita relaciones conscientes basadas en justicia, autonomía y corresponsabilidad

Existen cinco puntos que sostienen una vinculación sana: corresponsabilidad emocional, acuerdos, consentimiento, igualdad y práctica real

La corresponsabilidad emocional implica una relación democrática en el trabajo afectivo, donde ambas partes asumen el cuidado del vínculo, la resolución de desacuerdos y el sostén emocional

Los acuerdos permiten dejar de reproducir automáticamente roles culturales y sociales aprendidos, para construir desde la conciencia decisiones relacionadas con el tiempo, el espacio, las expectativas y los recursos

El consentimiento no se limita al ámbito sexual; abarca todas las áreas de la vida. Implica respetar límites, reconocer que las personas son seres individuales y completos, y aceptar que el “no” también es una posibilidad legítima dentro de la relación.

La igualdad se construye en la cotidianidad, al distribuir de manera justa el tiempo, la escucha, los cuidados y las responsabilidades, evitando dinámicas de dominación y apostando por un vínculo que sume y libere.

Finalmente, la SEMUJERES aseguró que el amor es una práctica y no una creencia. Se transforma a partir del cuestionamiento, las acciones y la conciencia, entendiendo que ningún derecho debe sacrificarse en nombre del afecto y que el amor propio es el primer y verdadero amor de todas las personas.